Varias familias buscan a sobrevivientes que fueron encontrados con vida y trasladados a centros de salud. Denuncian dificultades para reconstruir qué ocurrió con ellos en medio del colapso provocado por la tragedia.
Durante 20 horas, Cristina Margarita Ramos estuvo atrapada entre los restos del edificio donde vivía en La Guaira. Cuando los rescatistas consiguieron llegar hasta ella, estaba consciente. Hablaba, respondía preguntas y hasta encontró fuerzas para bromear con quienes intentaban liberarla.
“Usted lo que está es bonita, y esas uñas me encantan”, le dijo uno de los hombres al observar sus manos entre los escombros. La conversación fue grabada en un video y Ramos, de 71 años, pasó a ser conocida en Venezuela como “la señora de las uñas bonitas”.
Su rescate es uno de los símbolos de esperanza que dejó el doble terremoto del 24 de junio. Sin embargo, lo que ocurrió después expuso otro drama que atraviesa a las familias venezolanas: personas que sobrevivieron al derrumbe, fueron evacuadas y luego dejaron de aparecer en los registros de hospitales y centros de asistencia.
Ramos fue sacada con vida y trasladada en una ambulancia privada hasta el Hospital Naval Dr. Raúl Perdomo Hurtado, en Catia La Mar. Su hija contó que el médico que viajó con ella aseguró que estuvo consciente durante el trayecto y que incluso conversaron sobre sus problemas de salud. A partir de su llegada al centro médico, su familia le perdió el rastro.

Sus hijos, que viven en Estados Unidos, viajaron a Venezuela y comenzó una búsqueda que se extendió durante semanas por hospitales, refugios y morgues improvisadas. Sus familiares finalmente reconocieron su imagen entre fotografías de personas fallecidas. El cuerpo pudo ser localizado, pero quedó una pregunta que todavía exige una respuesta: qué ocurrió entre el momento en que entró con vida al hospital y su muerte.
El caso de “la señora de las uñas bonitas” adquirió una enorme repercusión, pero otras familias denunciaron situaciones similares después del terremoto.
Una investigación del medio venezolano Runrun.es recopiló historias de sobrevivientes que desaparecieron luego de ser rescatados o trasladados a establecimientos sanitarios.
Entre ellas está Amaia Landaeta Machado, una nena de seis años. Sus familiares denunciaron que fue rescatada con vida el 24 de junio y trasladada a un puesto provisional instalado en Caraballeda. Desde allí habría sido derivada hacia un hospital de Caracas, pero su familia no logró determinar dónde estaba.
También difundieron búsquedas de otros chicos vistos por última vez en centros de asistencia antes de ser derivados en medio de la emergencia.
La organización venezolana Cecodap llegó a registrar 123 reportes relacionados con niños y adolescentes desaparecidos o no localizados después de los terremotos. Se trata de situaciones diferentes: menores que podían permanecer entre los escombros, chicos separados de sus familias durante las evacuaciones y otros que habrían sido trasladados a centros de salud sin que sus allegados consiguieran reconstruir el recorrido.
La magnitud de la catástrofe desbordó la capacidad de respuesta en las zonas más castigadas. Se montaron espacios de atención de emergencia, los heridos fueron derivados hacia distintos establecimientos y miles de personas comenzaron a buscar a familiares de los que no tenían noticias.

En ese contexto, organizaciones de derechos humanos reclamaron un registro centralizado de personas desaparecidas, además de mecanismos de identificación genética que permitan establecer la identidad de los cuerpos que todavía no fueron reconocidos.
Las dificultades alcanzaron también a las morgues. Ante la cantidad de fallecidos, habilitaron instalaciones improvisadas y las familias comenzaron a recorrer registros fotográficos en busca de sus seres queridos.
Así fue identificada Ramos. Después de semanas sin respuestas, dos familiares encontraron su foto entre las imágenes de cadáveres almacenadas en La Guaira. La reconocieron por sus rasgos, la ropa que llevaba puesta y también por sus manos.
Las mismas uñas que habían llamado la atención de los rescatistas mientras ella esperaba bajo los escombros son una de las señales que ayudaron a su familia a reconocerla.
Ahora, sus hijos quieren reconstruir las horas que faltan en la historia. Una pregunta que también persigue a otras familias después de una catástrofe que no terminó para ellas cuando sus seres queridos fueron encontrados con vida.



















































