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Sociedad

Huerta en casa: cómo elegir el sitio ideal

Cada huerta es única, moldeada por factores climáticos, geográficos y biológicos. Diseñarla a la medida de quienes van a cuidarla, ayudará a disfrutar de la experiencia.

En la huerta en casa, los canteros de cultivo deberían tener de 90 centímetros a 1,20 metros de ancho. Los 30 centímetros que separan el valor más angosto del más ancho son la diferencia entre disfrutar las tareas de mantenimiento o tener un fuerte dolor lumbar. La determinación de esta medida ideal está en función de la altura y el largo de los brazos de quienes cuidarán la huerta.

Decidir la medida apropiada

La primera regla es: llegar cómodamente al centro del cantero sin gran esfuerzo. En una huerta escolar, donde los chicos son los actores principales, el ancho ideal será de 90 centímetros, el mínimo, ya que son pequeños. En una huerta familiar, va a depender de la contextura de sus cuidadores.

Esta medida es muy sencilla de calcular. En posición de cuclillas y enfrentadas, dos personas extienden el brazo derecho. El punto donde se tocan los dedos, sin sobreextender el tronco, debería ser el centro del cantero. Si uno mide 1,60 metros y el otro 1,90, será aproximadamente de un metro de ancho. Dos personas de 1,90 metros llegan sin inconveniente al centro de un cantero de 1,20 metros de ancho. Si el cantero midiera 1,20, la persona de 1,60 metros en poco tiempo de trabajo sufriría de dolores lumbares por tener que sobreexigir su postura de trabajo. Decidirse por una medida intermedia, es una forma muy equitativa y saludable de llevar este proyecto conjunto adelante.

Los caminos deben permitir la libre circulación de una carretilla, aproximadamente entre 50 y 60 centímetros. Si es una huerta escolar los caminos deberían ser más anchos, de 70 a 80 centímetros, para permitir la circulación de muchos chicos a la vez y el espacio para el docente.

Una planta de kale, una verdura nutritiva y muy baja en calorías que también pude cultivarse en una huerta hogareña.

Adaptando las herramientas

El cuidado del cuerpo se hace extensivo al uso de las herramientas. Estas son valiosas aliadas, pero mal usadas acarrean lesiones y dolores. Por esta razón, es recomendable ajustar el largo de sus cabos y el peso a nuestra altura y contextura física. No adaptar el cuerpo a los mangos y cabos estándares, sino a la inversa. Las herramientas están a nuestro servicio. Personas muy altas o bajas no pueden usar la misma herramienta con eficacia.

¿Cómo determinar la medida de los cabos más adecuada para cada uno? Estando de pie, el cabo de la pala debería llegar a la altura del ombligo y el cabo del rastrillo o la azada, a la altura de los ojos.

En relación a las macetas

Las macetas se fabrican de muchas medidas y formas. Cuando pensamos en la adaptación, hay que prestar atención a la altura de trabajo. Especialmente, si quienes cuidan las verduras son adultos mayores. La altura ideal es cercana a la cadera. Las mesas de cultivo miden entre 80 y 90 centímetros de alto. Si el huertero urbano es muy alto, unos tacos de madera en cada pata de la mesa será la solución para evitar dolores de cintura.

Lo más sano… ¡lo de temporada!

Comer lo que abunda en cada estación no sólo es lo más económico sino lo más saludable y ecológico, y la naturaleza nos provee lo que nuestro cuerpo necesita en el momento exacto. Por ejemplo: en otoño e invierno hay cebollas de verdeo, puerros, ajos, brócolis y repollos, todas verduras muy ricas en azufre que aumentan nuestras defensas y combaten virus y bacterias que pueden provocarnos enfermedades típicas de las bajas temperaturas.

Por su parte, las primaverales tienen la capacidad de ser grandes depuradoras del organismo, como los espárragos, los berros, las frutillas o los alcauciles que estimulan la liberación de las toxinas acumuladas en el invierno. Los frutos jugosos del verano como los tomates, los melones, las sandías o los pepinos nos proveerán de sales y agua indispensables para afrontar los calores estivales.

Estas verduras de temporada pasan a ser alimentos funcionales. Esto significa que, además de su aporte nutricional, contienen sustancias biológicamente activas que nos brindan salud y bienestar porque regulan las funciones corporales específicas.

Aunque desconozcamos la temporalidad de las verduras, cuando vamos a la verdulería, hay un parámetro que nos lo indicará: el precio. En junio o julio, los tomates y los ajíes se cultivan en el norte del país y tienen un largo viaje hasta los mercados de consumo. El cuidado en los invernaderos sumados al flete llevan el precio a las nubes. En cambio en enero (momento de cosecha en casi todo el país), el precio baja significativamente, en coincidencia con el momento más indicado para su consumo.

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