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Opinión

Una pelea inesperada: Axel Kicillof y la Casa Rosada se enfrentan por la Copa América

OPINIÓN | El poder político bonaerense cuestiona que el gobierno nacional permita jugar el torneo en el país. El informe de Cafiero que desató la pelea. Un episodio más en la interna del Frente de Todos.

La Copa América se puede jugar en la Argentina. El torneo no es un riesgo epidemiológico en plena pandemia, si es que se aplican con rigor los protocolos sanitarios externos que la Casa Rosada coordinó aplicar con la Confederación Sudamericana de Fútbol (CONMEBOL), la organizadora del campeonato internacional de selecciones del continente. Así lo informó el jefe de Gabinete de Ministros de la Nación, Santiago Cafiero, citando además a la misma posición que explicitó en público la ministra de Salud también del Gabinete Nacional, Carla Vizzotti. Incluso lo ratificó el propio presidente Alberto Fernández.

Hay resistencia política a la decisión del Gobierno Nacional de permitir jugar esa Copa en el país. Y no proviene desde la oposición al Frente de Todos. Sino que nace en el propio Frente de Todos. Está dinámica se está repitiendo con mayor frecuencia sobre diferentes acciones ejecutivas impulsadas por la Casa Rosada.

Las voces críticas con mayor peso político que suelen cuestionar a los funcionarios del Gobierno Nacional son, sobre todo, los integrantes del Gabinete de la gobernación de Buenos Aires, al mando de Axel Kicillof.

El ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollán, pidió que la Copa América se suspenda por varias semanas para que pueda disputarse en la Argentina sin riesgos de contagios de Covid-19. Lo mismo expresó su viceministro, Nicolás Kreplak.

El ministro de Seguridad de la Provincia, Sergio Berni, también criticó la decisión que impulsó el propio presidente Alberto Fernández sobre este torneo de fútbol tan emblemático: el funcionario se quejó porque debe usar a parte de la Policía de Buenos Aires para custodiar partidos de fútbol que son “negocios de tres o cuatro empresarios”.

No es la primera ni será la última en la que ministros de la gestión bonaerense hacen públicas sus diferencias sobre políticas de la Presidencia de la Nación. Se trata de una rareza más de la particular conformación de la coalición de gobierno.

Kicillof y Gollán pidieron postergar el inicio de la Copa América en la Argentina por la segunda ola de contagios covid. (Foto de Juan BARRETO / AFP).

El propio Kicillof se involucró de modo personal para expresar su posición diferenciada sobre medidas económicas que generaron un escándalo dentro del Gobierno. Fue cuando el ministro de Economía, Martin Guzmán, intentó despedir al subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo, algo que finalmente no ocurrió. El plan de Guzmán incluía además aumentar las tarifas de la luz con un porcentaje de dos dígitos porcentuales, además, aplicando dos subas para usuarios que no estén en condiciones económicas frágiles. Tampoco eso pasó.

Fue la vicepresidenta Cristina Fernández la que dio apoyo a Basualdo para que no renuncie a pesar de la orden en contrario que le había transmitido su jefe, el titular de Hacienda. A eso se sumó el anuncio de que solo habría una sola suba para el servicio de luz eléctrica del 9 por ciento en todo el 2021.

Kicillof se involucró en esa lucha de poder que desgastó a Guzmán. El gobernador hizo declaraciones radiales en las que apoyó a Basualdo y además defendió el único aumento anual que habría en el servicio de energía eléctrica que utilizan los hogares de la Ciudad de Buenos Aires y la Provincia.

Kicillof habló de estos temas más como integrante díscolo del Gobierno Nacional que como mandatario bonaerense. Primero defendió a Basualdo, que había sido funcionario durante su gestión como ministro de Economía K. Y después agregó, siguiendo la línea de gestión planteada por la vice y no la habría dispuesto el Presidente: “Entiendo que ya se estableció un aumento del 9% y esa discusión está saldada”, declaró con información, sabiendo que Guzmán pensaba distinto. Y remató: “Generar aumentos mayores es muy difícil”.

Internas K

Antes de hacer esas declaraciones públicas había hablado con Fernández (Cristina), confirmó TN gracias a fuentes oficiales inobjetables.

El cuestionamiento sobre diversos programas de gestión nacional por parte de los funcionarios bonaerenses se transformó en algo tan habitual que en la Casa Rosada consideran que la mejor opción para no escalar una crisis interna en el Frente de Todos lo mejor es mantener silencio.

Ocurre que la diferenciación que explicitan los “bonaerenses” por sobre la de los “nacionales” casi diaria. El Presidente es quien lidera esa estrategia, salvo excepciones.

La más clara es el apoyo que desde la Casa Rosada impusieron para sostener a la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, un objetivo de críticas numerosas, y con episodios de cruces de declaraciones subidas de tono, lideradas por su par bonaerense, Berni.

Berni critica siempre que puede a Frederic, casi rebelándose al liderazgo del Presidente. Fernández (Alberto) no tolera esos “ataques” de Berni a su ministra. Pero no logró que Kicillof se involucre en el tema para pedirle a subordinado que frente su avance negativo por sobre Frederic. Incluso habló del tema con Fernández (Cristina), contaron fuentes de su entorno de mayor confianza. Berni sigue allí.

Internas K

Fuentes del oficialismo, siempre pidiendo anonimato para hablar con TN, no ocultan que Kicillof y sus funcionarios “rebeldes” de la Casa Rosada cumplen ese rol por influencia de la vicepresidenta Fernández.

Más ejemplos de esta curioso funcionamiento en el oficialismo: Kicillof, Gollán, Kreplak y Berni le pidieron varias veces a la Casa Rosada que impusiera un confinamiento estricto una vez que se desató la segunda ola del Covid-19.

No lograron que esa presión tuviera éxito, pero sí el Gobierno cedió sobre este punto cuando aplicó el confinamiento de nueve días que terminará el domingo 30 de mayo, y que volverá al menos por dos días en el fin de semana del 5 y 6 de junio.

El aislamiento que tanto le reclamaron a Fernández (Alberto) finalmente llegó. ¿Qué está pasando en el Frente de Todos? ¿Por qué funcionarios de Buenos Aires, e incluso su gobernador, se “animan” a involucrarse en las medidas que anuncia o estudia aplicar la Casa Rosada?

Es una osadía que en las gestiones presidenciales de los Kirchner hubiesen tenido consecuencias imposibles de mensurar debido a que ese vínculo de resistencia de quien fue el gobernador bonaerense durante aquellos años, Daniel Scioli, jamás se animó a impulsar, al menos en público.

Incluso Scioli fue muy criticad o tanto por Néstor Kirchner y también por su sucesora, su esposa Cristina Fernández, en algunas ocasiones en las que interpretaron a declaraciones de Scioli como mensajes de diferenciación de sus medidas o posiciones políticas.

Esas supuestas “rebeldías” de Scioli nunca fueron explícitas como las de Kicillof y sus funcionarios en la actualidad. Aun así, el entonces gobernador de Buenos Aires era “castigado” por los K de modo brutal. Incluso con reprimiendas públicas.

Algo cambió en el nuevo peronismo en su vuelta al poder. “Somos una familia disfuncional y así trabajamos”, definió, no sin ironía, un funcionario nacional con despacho en el sector presidencial de la Casa Rosada respecto a la “rebeldía” de los “bonaerenses”.

Interna K

La influencia de Kicillof es cada vez mayor en la imposición de políticas que toma en rigor la Nación. Sobre todo en las que respectan a la economía.

Fuentes del oficialismo indicaron que el nuevo cepo a las exportaciones de la carne es un plan que el gobernador bonaerense le sugirió a la vicepresidenta Fernández que debía aplicarse para bajar el precio de ese alimento de total relevancia para la nutrición y la tradición gastronómica de la Argentina.

Quien decidió en los hechos que vuelva el cepo a la exportación de las carnes fue la secretario de Comercio Interior, Paula Español, ex subordinada de Kicillof en sus épocas de titular del Palacio de Hacienda.

Mientras en la Casa Rosada desde el ministerio de la Producción, de Matías Kulfas, hace malabares para intentar minimizar ese cepo para intentar calmar a los productores agrarios dedicados al negocio vacuno que iniciaron un paro de comercialización de sus productos.

Una vez más, fue un importante funcionario bonaerense el que defendió ese cepo al agro. Y también criticó la falta de un plan para bajar la inflación. Llueven “cascotes” verbales desde Buenos Aires hacia Guzmán.

Quien en este punto hizo de vocero “rebelde” de Buenos Aires apuntando al Poder Ejecutivo Nacional fue el ministro de Producción, Ciencia e Innovación bonaerense, Augusto Costa.

El economista elogió que la aplicación del cepo a la exportación de carnes así: “Es una medida temporaria y razonable para ordenar el mercado”, explicó, como si él fuera el secretario de Comercio Interior Nacional. Y siguió: “El cepo a la carne significa recuperar una herramienta de administración del comercio que se perdió durante el macrismo para que el país pueda exportar y generar divisas a la que vez que garantice el abastecimiento del consumo interno”.

¿A quién está defendiendo Costa con esos dichos? El cepo a las exportaciones de carnes se aplicaba durante su gestión como Secretario de Comercio Interior, entre el 2014 y el 2015.

Entrevistado por Página/12, Costa se animó a sugerirle al Gobierno Nacional algunas posibles soluciones para frenar la inflación, una de los problemas económicos que más aquejan a la sociedad y que la Casa Rosada intenta disminuir aun sin éxito. Dijo Costa que, según su visión, el principal “desafío económico” de la Argentina es “lograr ordenar los precios”.

El funcionario “bonaerense” explicó que la pelea contra la inflación tiene “un reconocimiento” desde “el gobierno nacional y provincial” permite “desarrollar políticas para cuidar el bolsillo”. Es una declaración muy gráfica de la ascendencia de Buenos Aires sobre la NaciónAires.

¿Por qué los funcionarios bonaerenses declaran que gracias a su trabajo en conjunto con la Rosada se logran “desarrollar políticas para cuidar el bolsillo”? ¿Y el resto de los funcionarios económicos de otras provincias no tienen la misma participación sobre debate de las políticas públicas tan relevantes como el método que debería aplicarse para mitigar la inflación?

Interna K

Aunque no de modo directo, Costa lo dejó en claro: no. Los “bonaerenses” impulsan o sugieren medidas que toma el Gobierno solo en alianza con Kicillof y su equipo por sobre otros especialistas del PJ oficialista.

Otra de las incursiones de Kicillof en una medida de gran trascendencia que debe tomar la Presidencia, y que además involucra en modo directo a varias provincias es la nueva concesión estatal que debe concretarse sobre la llamada “Hidrovía”, es decir, el control de la navegación del Río Paraná desde Paraguay y durante todo su largo camino hacia el mar, es decir, hacia el mundo.

Ese corredor fluvial es trascendental para el comercio de granos o de cualquier otra exportación que parta de los puertos, sobre todo, de Santa Fe.

Para el ministro de Transporte nacional, Alexis Guerrera, la nueva concesión de la Hidrovía debe tener un fuerte control y mayor participación del Estado en esa logística muy compleja. Pero la decisión gubernamental es que parte de las operaciones que debe mantener el dragado del Paraná y cobrar y controlar a los barcos que pasa por esas aguas deberán ser otorgadas por canon a empresas privadas debido a la enorme inversión y la alta tecnología que es necesario desplegar para que la Hidrovía sea lo más eficiente posible. Es la primera vez que desde el Estado se intentará controlar más a ese negocio fabuloso, al menos en lo anunciado de modo oficial.

Kicillof tiene otra opinión al respecto. El15 de mayo pasado explicó que, según él, en la Hidrovía debe haber control “total y absoluto del Estado”. De nuevo: Provincia se mete con decisiones de Nación.

Más que una rareza, está dinámica de discusión pública sobre políticas de Estado con visiones diferentes en el Frente de Todos es una nueva “normalidad”.

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