Connect with us

Hi, what are you looking for?

Opinión

Capitanich Decreto + discurso: un combo engañapichanga

Después de presentar la presencialidad como una clase magistral sobre gestión de la pandemia y políticas educativas, el gobernador Jorge Capitanich quedó en un brete cuando el Presidente de la Nación: Alberto Fernández, decretó su suspensión por considerarlas abono para el contagio de coronavirus en plena segunda ola.

Dijo que lo hacía pensando en la salud de todos los argentinos. Pero el decreto de “el más federal de los porteños”, sólo rige en el Área Metropolitana de Buenos Aires. El porqué es clarito: el gobernador bonaerense Axel Kicillof venía derecho a suspender las clases por su cuenta, lo que lo ubicaría por debajo del jefe de Gobierno porteño: el opositor Horacio Rodríguez Larreta, que defiende la presencialidad a capa y espada.

Nadie le atribuye la iniciativa, pero el Presidente tomó el lugar del crédito kirchnerista Kicillof, cerró el grueso de las escuelas en la provincia de Buenos Aires y, para que la pelea sea pareja, también cerró todas las de la CABA.

Del lado oficialista de la grieta se comieron el amague y rápidamente encendieron los motores para acusar a la oposición de atentar contra la salud de la gente e intentar tapar el ruidazo del discurso de Alberto forreando a los trabajadores de sistema sanitario y otros errores no forzados para desentenderse de su responsabilidad en la pandemia.

Pidió encarecidamente que los gobernadores se encolumnaran en esta cruzada por el bien de sus comprovincianos, pero nadie lo siguió.

Capitanich prometió el respaldo del Norte Grande pero sus pares ya habían tomado distancia cuando mandó el mensajito al grupo. Todos habían rechazado la idea, incluso él, aunque no dio la cara.

Adulón, declaró: “Respaldamos las decisiones del Presidente”, y punto y seguido desdijo: “Creemos que cada provincia debe tomar sus medidas en el marco de su autonomía”. Ergo: le prometieron a Fernández un respaldo que le dieron a Rodríguez Larreta en nombre de la autonomía de las provincias. Lo dejaron solo.

3 días le llevó a Capitanich buscar una manera políticamente correcta de pararse en la vereda de enfrente, pero no la encontró. Y sin más remedio que caer con las manos vacías, firmó el decreto 857/21 que no decreta nada; es una copia textual del 792/21 en rige desde el 9 hasta el 30.

Dijo que adhiere al DNU presidencial, pero, como diría él: “la vedad es” que lo contradice en todo, empezando por lo central: la continuidad de las clases presenciales.

Alberto las suspendió alertado por los 150 casos cada 100 mil habitantes. Hay 23 ciudades chaqueñas en esa situación, desde la más grande hasta algunas muy pequeñas, pero Capitanich utilizó la misma excusa para seguir adelante, invocando una resolución del Consejo Federal de Educación al que el DNU le había cerrado la puerta de las escuelas en la cara, con ministro Trotta y todo.

El Gobernador sólo agregó a su nuevo decreto un capítulo de ciencia ficción: Cuando haya casos positivos en 3 burbujas simultáneamente, se suspenderán las clases por 5 días.

En la vida real, descubrirá que al primer caso no necesitará decreto para suspender las clases, que las escuelas no son hospitales, que los docentes no son médicos, que los contactos estrechos de una sola comunidad educativa superan la capacidad de testeo de la provincia, que no tiene sentido cerrar la escuela para limpiar y desinfectar porque no hay con quién ni con qué, etcétera.

Traducido: un engañapichanga. El decreto 857 es un calco del 792. El decreto 792 dicta clases presenciales, y el 857 también.

El decreto 792 impone la “alarma sanitaria” de 22 a 6, y el 857 también.

El 792 limita al 50 por ciento la capacidad de templos, cines, gimnasios, restaurantes, bares, y el 857 también.

El 792 prohíbe circular entre las 22 y las 8, y el 857 también.

El 792 prohíbe todos los eventos en espacios cerrados y limita a 20 personas los eventos al aire libre, y el 857 también.

El 792 exige permiso de circulación y el 857 también.

El 792 reduce el horario del servicio de transporte público, y el 857 también.

El 792 fija e horario comercial de 8 a 21 y el 857 también.

Para salvar su ropa, el Gobernador pasó de pronunciar miles de palabras sin sentido a atribuirles a las palabras el sentido contrario. Su discurso aclaratorio de más de 40 minutos sólo generó confusión.

Síntetizando: Todo sigue igual. El decreto 792 y el 857 son iguales. Los 2 dicen blablablá. Uno no se cumple, y el otro tampoco.

Por Darío Zarco | HDPN

Advertisement
Advertisement

También te puede interesar

POLICIALES

El particular intento de asalto ocurrió en el partido de Moreno y fue registrado por las cámaras de seguridad. Un cómplice del delincuente logró...

InfoMOTOR

El mes pasado se transfirieron 128.481 vehículos en la Argentina.

Sociedad

OPINIÓN. Columnista invitado (*) | La respuesta está en las propias instrucciones de uso: no puede hacerlo una persona en su casa, ni otro...

CORRUPCION

En medio del volcánico escenario en que quedó la relación del Gobierno y la Corte Suprema tras el fallo que avaló la presencialidad en las escuelas en la...