En Presidencia Roque Sáenz Peña la escena se repite, hay un pico de consultas, hay miedo en los barrios, circulan versiones, explotan los posteos, y recién después aparece la palabra oficial tratando de “llevar tranquilidad”. Esta vez, Salud provincial sostiene que el aumento de gastroenteritis se explica por circulación de virus estacionales (con detección de cepas virales, entre ellas rotavirus) y descarta problemas con el agua.
El dato sanitario es importante, sí. Pero hay otro dato —igual de importante— que el Estado suele subestimar: la gente no se desespera solamente por el síntoma; se desespera por el silencio. Cuando la información oficial llega tarde o llega a medias, el rumor ocupa el lugar vacío, y después no alcanza con una frase contundente para ordenar la percepción pública.
Porque decir “no hay problemas con el agua” es una afirmación fuerte. Y si es fuerte, necesita algo más que un textual; necesita evidencia pública, accesible y actualizada. No alcanza con “no tenemos análisis que indiquen…”. Lo responsable, lo moderno y lo sano institucionalmente sería publicar (o al menos exhibir con claridad): qué se muestreó, dónde, cuándo, con qué parámetros y con qué resultados. Eso baja la ansiedad social sin pedirle fe ciega a nadie.
Y acá aparece la pregunta incómoda —pero necesaria—: si la situación “está controlada”, ¿por qué se instaló tan fuerte la sospecha del agua? ¿Por qué en redes y en conversaciones cotidianas el reflejo es “seguro es el agua”? Eso no nace de la nada, nace de antecedentes, de experiencias, o de una comunicación que no se anticipa. La confianza no se decreta; se construye.
También hay un punto que merece lupa, cuando se habla de “virus estacionales” y se recomienda higiene, lavado de manos, cadena de frío y alimentos bien lavados, está bien. Pero en jornadas de calor fuerte, en barrios donde no siempre hay condiciones ideales de conservación, y con familias que no pueden “resolver” todo con recomendaciones generales, el Estado debe hacer algo más que aconsejar: debe intensificar prevención real (campañas, operativos, comunicación diaria, presencia territorial, orientación concreta).
Lo que se necesita —y esto es central— no es pelearse con la gente que duda, ni tratar de “rumorólogos” a los vecinos, se necesita un parte claro, regular y verificable, con tres cosas básicas:
Situación epidemiológica: cuántas consultas, qué franjas etarias, qué tendencia (sube/baja).
Agua: informes resumidos, puntos de muestreo, fecha de análisis, parámetros (en lenguaje comprensible).
Acción concreta; qué está haciendo Salud y qué está haciendo la empresa prestadora para reforzar controles y atención.
Mientras eso no se haga, vamos a seguir en el mismo bucle, primero la alarma social, después la desmentida, y al final el desgaste institucional.
Porque el problema no es solo la gastroenteritis. El problema es que cuando el Estado comunica tarde, la comunidad aprende a informarse por cuenta propia, y en esa autopista entran juntos: datos reales, exageraciones y mala leche. La única forma de ganar esa batalla no es retar a la gente, es ser más transparente, más rápido y más comprobable.
Desde Ciudad Termal seguimos solicitando actualizaciones claras y accesibles, y dejamos sobre la mesa preguntas que un medio serio tiene que hacer, con responsabilidad, sin acusaciones y con el foco en la información pública.
¿Por qué la información oficial no aparece antes de que el tema incendie redes?
¿Por qué los informes técnicos no se publican de forma simple y periódica?
¿Quién coordina la comunicación en crisis para que no se llegue siempre “tarde”?
Y si está todo controlado ¿cuál es el plan para que no vuelva a pasar lo mismo la semana que viene?
















































