Connect with us

Hi, what are you looking for?

Politica

Kosteki y Santillán: el crimen de Estado que cambió la historia

Se cumplen 19 años de la masacre de Avellaneda, que obligó al presidente Eduardo Duhalde a anticipar su salida del gobierno y reconfiguró la relación de los movimientos piqueteros con el poder político.

El comisario inspector Alfredo Franchiotti está fuera de sí. Un hilo de sangre le mancha el cuello. Recibió un golpe en medio del tumulto del choque entre la multitud de piqueteros que intentan subir al puente Pueyrredón y los policías empeñados en evitarlo. Su chofer y ayudante, el cabo primero Alejandro Acosta lo insta a subir a su vehículo para llevarlo a atenderse al hospital cercano. Franchiotti se niega y le ordena (según declaró aquél en el juicio): “Vení, a estos negros de mierda hay que matarlos a todos”. Los dos portan escopetas calibre 12.70, con cartuchos letales.

Es el 26 de junio de 2002. Eduardo Duhalde, presidente desde hace cinco meses y diez días está en alerta. Las cifras de desocupación y pobreza son las más altas de la historia. Todas las vertientes del espacio piquetero decidieron cortar cinco accesos a la Capital (los puentes Pueyrredón, Alsina y de La Noria; el cruce de Rivadavia y la avenida General Paz, y la ruta Panamericana), en apoyo del reclamo de un millón de puestos de trabajo y la duplicación del salario mínimo y de los montos de los planes de asistencia.

El puente Pueyrredón, en Avellaneda, escenario de muchas protestas piqueteras.
El puente Pueyrredón, en Avellaneda, escenario de muchas protestas piqueteras.

Participarían por miles los militantes del Polo Obrero, el Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón, la agrupación Teresa Rodriguez, Barrios de Pie y el Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados, entre otras organizaciones, algunas de las cuales proponían llegar a la Plaza de Mayo. Se abstuvieron la Federación de Tierra y Vivienda (FdTV), de Luís D´Elía, y la Corriente Clasista y Combativa, liderada por Juan Carlos Alderete, que negociaban con Duhalde.

El gobierno satura de policías y fuerzas de seguridad (por primera vez actúan en forma conjunta la Policía Federal, la Prefectura Naval, la Gendarmería y la policía bonaerense) los lugares por donde espera a las columnas más numerosas, que son las provenientes del Oeste y el Sur del Gran Buenos Aires: la avenida Rivadavia en el cruce con general Paz, y el Puente Pueyrredón. En Liniers habría paz, en Avellaneda batalla. Palos y piedras contra gases y balas.

Planes y palos

Son las 12. Un cordón policial con personal uniformado y de civil queda entremedio de un grupo de la Coordinadora Aníbal Verón, que está justo en la bajada del puente y otro que llega marchando por la avenida Mitre. Piqueteros y fuerzas de seguridad quedan cara a cara, y pronto comienzan empujones y golpes, seguidos de disparos de balas de goma y granadas de gases lacrimógenos. Muchos de los manifestantes tienen las caras cubiertas y portan palos y objetos contundentes que utilizan en los enfrentamientos mientras llueven las piedras sobre los policías. Se produce un desbande.

La represión policial rechaza a las columnas piqueteras, que se repliegan desordenadamente por las avenidas Mitre e Hipólito Yrigoyen. Franchiotti ordena la persecución. Se siente legitimado por la posición asumida por el gobierno, que preparó con sus declaraciones previas el terreno para la “mano dura” planteando el “riesgo institucional” de la movilización.

“Buscan desestabilizar al gobierno”, había declarado Alfredo Atanasoff, jefe de Gabinete. “Amenazan con el derrocamiento de los poderes constituidos”, había advertido por su parte Jorge Matzkin, ministro del Interior. Mientras el canciller, Carlos Ruckauf no descartaba la intervención de las Fuerzas Armadas si las de seguridad resultaban desbordadas.

La política de Duhalde hacia los piqueteros alternaba “planes y palos” (el 4 de abril había lanzado el plan social Jefes y Jefas de Hogar para un millón doscientos mil desocupados, que recibirían un subsidio de 150 pesos a cambio de la realización de tareas comunitarias y de capacitación). Ante la unificación “en la acción” de los piqueteros, un informe de la Secretaría de Inteligencia recomendó al Poder Ejecutivo “actuar con la mayor firmeza”.

Persuadidos de que es “la hora de los palos”, Franchiotti y Acosta se ponen al frente del personal de Infantería de la policía bonaerense en la persecución por la avenida Hipólito Yrigoyen de los grupos que ya habían desistido del intento de copar el puente. Ya no es represión, sino cacería.

Apenas recorridos veinte metros desde el cruce con Mitre disparan a matar sobre los manifestantes que huían y a los que tenían de espaldas, a su merced. Los proyectiles impactan en Aurora Cividio, Marcial Bareiro y Sebastián Conti que caen ensangrentados (al final de la jornada los heridos llegarían a cien, treinta y tres de ellos alcanzados por balas de plomo, y serían ciento cincuenta los detenidos).

Balas para Kosteki y Santillán

Cien metros más adelante, en el cruce de Yrigoyen con la calle Colón, Franchiotti y Acosta vuelven a disparar sus escopetas con munición de plomo hacia la muchedumbre en desbandada. Esta vez los proyectiles alcanzan a Miguel Ángel Paniagua, Raúl Escobar Ferrari y Darío Pantoja. También cae malherido Maximiliano Kosteki, al que un manifestante traslada hasta el hall de la estación de trenes de Avellaneda, ubicada a unos cien metros. Tiene tres balazos en el cuerpo.

Cebados Franchiotti y Acosta irrumpen en el hall, donde Kosteki, que yacía ensangrentado era asistido por varias personas. Entre éstas se encontraba Darío Santillán, quién alejó a los demás y continuó junto a otro joven con la atención del herido, que murió poco después.

Los policías bonaerenses Franchiotti y Acosta acaban de disparar en el hall de la estación de trenes de Avellaneda. (Foto: Reuters)
Los policías bonaerenses Franchiotti y Acosta acaban de disparar en el hall de la estación de trenes de Avellaneda. (Foto: Reuters)

Cuando los policías entran amenazantes, el joven y Santillán intentan huir. Franchiotti persigue al primero, mientras que Acosta hace lo propio con Santillán al que fusila desde menos de dos metros de distancia, con un balazo en la espalda. Santillán cae en el patio de la estación.

Ante la llegada de periodistas y testigos, Franchiotti y Acosta fingen preocuparse por su estado y lo arrastran unos metros para cargarlo en una camioneta, hasta que también fallece. En un alarde de crueldad, el oficial principal Carlos Jesús Quevedo se fotografía sonriente, aferrado a la escopeta junto al cadáver ensangrentado de Kosteki, como un cazador con su presa.

Maximiliano tenía 24 años. Darío 21. Ambos pertenecían al Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón, así llamado en homenaje al piquetero asesinado el 10 de noviembre de 2000 por la policía de Salta, en la represión de un corte de la ruta 34.

Kosteki militaba en Guernica y Santillán lo hacía en Lanús. Los jóvenes fusilados en Avellaneda alimentarían la trágica cifra de piqueteros muertos, que había inaugurado Teresa Rodríguez, cuando el 13 de abril de 1997 la policía desalojó a balazos un piquete sobre la ruta 22, en Cutral Co.

La pueblada de Cutral Co es considerada el nacimiento del movimiento piquetero, que se manifestó primero en el interior, en los cortes de ruta de protesta contra las consecuencias de desocupación y penurias económicas provocadas por las políticas de privatizaciones y ajustes del gobierno de Carlos Menem, pero adquirió consistencia cuando se reprodujo en el Gran Buenos Aires. La masacre de Avellaneda fue un punto de inflexión en el devenir de ese fenómeno social que perdura hasta el presente.

El encubrimiento

Conscientes de la desmesura del acontecimiento, Duhalde y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá, no tardaron ni un segundo en tratar de encubrir y distorsionar lo que fueron asesinatos lisos y llanos. La maniobra se resume en el concepto: “Se mataron entre ellos en medio de un plan de desestabilización nacional”. Pusieron las barbas en remojo. Estaba demasiado cerca la huida en helicóptero del presidente Fernando de la Rúa después de los treinta y dos muertos de diciembre de 2001.

La estrategia consistió en ligar a las organizaciones piqueteras con el accionar terrorista. El secuestro e incendio de un colectivo en el lugar de los hechos fue señalado como evidencia. Luego se establecería que fueron policías de civil los autores. Algunos diarios publicaron versiones de fuentes oficiales que señalaban que las organizaciones Anibal Verón y Teresa Rodríguez estaban infiltradas por integrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), entre los que se identificó a Javier Calderón.

El mural de homenaje a Kosteki y Santillán en un paredón del puente Pueyrredón.
El mural de homenaje a Kosteki y Santillán en un paredón del puente Pueyrredón.

Como parte de la maniobra Franchiotti acude al Hospital Fiorito, donde están internados los heridos. El lobo se pone la piel de cordero. El asesino trata de presentarse como la víctima y declara: “Piqueteros y agitadores venían preparados para pelear. Con armas de fuego, palos y pasamontañas. Fuimos agredidos con objetos de todo tipo, entre ellos armas de fuego. Nosotros usamos en todo momento postas (balas) de goma”.

La escena transcurre ante las cámaras de televisión. Franchiotti habla en medio de los insultos de los familiares y allegados a los heridos. Hasta que uno de éstos no soporta más tanta mentira, y le aplica dos fuertes golpes de puño que le ensangrientan el ojo izquierdo.

Es la segunda herida “de guerra” que puede exhibir el asesino. El gobierno lo convierte en “héroe”. El gobernador Solá lo felicita y explica: “Estos grupos estaban preparados para ir a la guerra y frente a esta actitud de violencia y destrucción la policía bonaerense no puede permanecer pasiva”.

La mentira tendría otra vez patas cortas. Ni Duhalde, ni Sola, ni Franchiotti tuvieron en cuenta que los asesinatos habían sido fotografiados y filmados en todos sus detalles. Cuando las evidencias aparecieron en los medios, los funcionarios se dieron vuelta como una tortilla y no dudaron en arrojar al policía a los leones.

El chivo expiatorio

Duhalde, que había criticado a los “desestabilizadores”, pasó a sostener que “la familia argentina está de luto y desgraciadamente quienes deben custodiar el orden son los que cometieron esta atroz cacería”. ¿Yo señor? ¡No, señor!. Se renovó un clásico de la política argentina. Los funcionarios nacionales y provinciales que elaboraron la estrategia frente a la amenaza piquetera, negaron toda responsabilidad con el argumento de que “fue un hecho aislado de violencia policial”.

El poder político convirtió a Franchiotti en chivo expiatorio. Debió pagar por sus crímenes y cargar con el fardo de la violencia de Estado. El 9 de enero de 2006 el Tribunal Oral 7 de Lomas de Zamora condenó a Franchiotti y Acosta a cadena perpetua por los dos homicidios agravados por alevosía (y otros siete en grado de tentativa), porque “desplegaron su quehacer en forma conjunta”, más allá de qué arma salieron las balas mortales, la que perforó el tórax de Kosteki y la que destrozó el coxis y la aorta de Santillán.

El argumento de que las pruebas gráficas fueron “manipuladas” no prosperó. En el juicio quedó establecida la correspondencia de los sucesos con las imágenes exhibidas. El testimonio de los camarógrafos y reporteros gráficos que explicaron el procedimiento de edición despejó todas las dudas. Las pruebas científicas sobre las armas y los proyectiles (Franchiotti y Acosta las habían recargado con cartuchos con postas de goma) y las declaraciones de los testigos terminan de dejarlos en evidencia. Ellos y sólo ellos fueron los asesinos de Kosteki y Santillán.

Otros cuatro policías recibieron penas de entre tres y cuatro años por encubrimiento. No sólo no denunciaron los asesinatos, sino que colaboraron en el ocultamiento de pruebas, recogiendo junto a Franchiotti y Acosta las vainas servidas que probaban que los proyectiles disparados eran letales. El fallo fue ratificado por la Corte Suprema bonaerense el 3 de diciembre de 2014. Ese año el juez Ariel Lijo resolvió archivar la causa que investigaba las responsabilidades políticas de los gobiernos nacional y provincial en los asesinatos.

El precio político

La querella señalaba a Duhalde y Solá, así como a Atanasoff, a Matzkin, al ex ministro de Justicia, Jorge Vanossi; al ex secretario de Seguridad Interior, Juan José Álvarez; al ex secretario general de la Presidencia, Aníbal Fernández, y al ex jefe de la Secretaría de Inteligencia, el ya fallecido Carlos Soria.

La estación de trenes de Avellaneda fue rebautizada con los nombres de Kosteki y Santillán. (Foto TN)
La estación de trenes de Avellaneda fue rebautizada con los nombres de Kosteki y Santillán. (Foto TN)

La causa fue reabierta posteriormente, pero no avanzó y todos siguen impunes. Para indignación de los familiares de las víctimas, a seis años de las condenas Franchiotti y Acosta fueron beneficiados con el privilegio del traslado a un penal de régimen abierto, que permite salidas de hasta 12 horas diarias.

Si bien se salvó del reproche penal, en cambio Duhalde no pudo evadir las consecuencias políticas de la masacre. Seis días después de los asesinatos de Kosteki y Santillán, el 2 de julio anunció el adelantamiento para marzo de 2003 de las elecciones que estaban previstas para diciembre de ese año.

Casi dos décadas después de la masacre, los piquetes forman parte del paisaje cotidiano y despiertan más rechazo que solidaridad entre los ciudadanos. Los gobiernos sucesivos no lograron erradicarlos con la represión (los asesinatos de Kosteki y Santillán no fueron los últimos) ni tampoco con soluciones socioeconómicas efectivas de fondo que nunca aparecieron. La desocupación, y los planes sociales como paliativos se perpetuaron en la Argentina.

Los piquetes nacieron como manifestaciones de protesta y para visibilizar el reclamo de solución de los problemas socioeconómicos gravísimos. Con el tiempo, los dirigentes de algunas importantes agrupaciones piqueteras se integraron a los gobiernos kirchneristas, y se convirtieron en parte del problema. Las soluciones nunca llegaron.

Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement

También te puede interesar

Politica

El gobierno quedó enredado en los piolines de una política exterior que quiso ser amiga de la dictadura y que ahora necesita dólares y...

Politica

"Para los brasileños es un tema muy importante y prioritario, el interés es mutuo", afirmó el secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur luego...

Municipio

El viernes 19, sábado 20 y domingo 21 de agosto, en el Domo del Centenario, se realizará el “Tangazo”, certamen preliminar del Mundial de...

Tecnología

Pese a no contar con mejoras sustanciales, la actualización tendrá algunas características esperadas por los usuarios, como mejoras en el Modo Dormir, acceso rápido...

Advertisement