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Economia

Natalia Motyl: “Los políticos ponen una barrera para el crecimiento económico”

La economista de Fundación Libertad y Progreso destacó en una entrevista con Infobae el fracaso de las medidas gradualistas para superar una crisis de larga data. Resaltó la relación inversa entre cantidad de Ministerios y el PBI

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El comienzo de la semana sorprendió a los mercados con la aparición primero del Banco Central como vendedor de reservas para contener la suba del tipo de cambio, claro indicio de punto de giro de la confianza de los inversiones y ahorristas; y luego la decisión repentina del gobernador de la provincia de Buenos Aires de comunicar a través de una solicitada en los diarios del no pago del próximo vencimiento de deuda por apenas USD 255 millones, equivalente a menos del 0,2% del PBI de la provincia de unos USD 160.000 millones.

Y a poco más de un mes de Gobierno aún no se conoce el plan integral de política económica para recrear la confianza y asegurar una exitosa renegociación de los vencimientos y condiciones de pago de la deuda pública, tanto con acreedores privados, como con organismos internacionales.

Peor aún, se avanzó en la reasignación de partidas presupuestarias del Tesoro Nacional, a través de la Decisión Administrativa 2, para dar sustento al nuevo Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, por un monto de $272,7 millones, de los cuales $225 millones corresponden al presupuesto salarial y carga patronal; y poco más de $50 millones para gastos de funcionamiento de la cartera a cargo de Elizabeth Gómez Alcorta.

Con ese escenario, cada vez son más los economistas que alertan por las restricciones que tendrá el Gobierno para lograr su objetivo de bajar la inflación y volver a crecer, como es el caso de Natalia Motyl, de Fundación Libertad y Progreso, quien en una columna en Infobae planteó: “Para crecer, Argentina necesita reducir la cantidad de Ministerios”, y que accedió a una entrevista para ampliar en su enfoque y proponer el camino para revertir el estancamiento ya casi secular que caracteriza a la Argentina.

– Una semana atrás publicó en Infobae una columna en la que describe la relación inversa entre la cantidad de Ministerios y el PBI, ¿cómo llegó a esa conclusión?

– Primero me basé en los dichos, muchos, desde la politiquería populista, que sostienen: “solucionemos los problemas de la Argentina creando Ministerios, en vez de tratar de hacer un plan económico. No, directamente primero crean el Ministerio y después empiezan a ver qué es lo que pueden hacer o qué es lo que no pueden hacer. Y la verdad es que una vez creados necesitan ciertos recursos para pagar sueldos, edificios y su costo de mantenimiento. Y cuando hablé con algunos de los nuevos ocupantes me dicen: “la verdad es que yo ni siquiera tengo un proyecto, estoy ahí, vengo, cumplo un horario laboral, pero no estamos haciendo nada. No estamos haciendo nada poder solucionar los problemas”.

– ¿La creación de Ministerios, la ampliación de la grilla de la burocracia estatal, rajo aparejado un aumento en el empleo público, o hubo sólo reasignación de puestos de trabajo?

– No, al revés, incrementó el empleo público. Eso explica en parte que de los últimos 30 años en la Argentina prácticamente en 26 registró déficit fiscal, con lo que la ampliación de la burocracia agravó el problema de las finanzas públicas. La historia del país revela que cuando había sólo 5 Ministerios crecía a una tasa del 3,2% anual; y cuando empezó a incrementarse a 8 se desaceleró al 1,8%, casi la mitad. Y cuando llegó Juan Domingo Perón a la presidencia y aumentó los impuestos, se mantuvo en 1,8% porque las condiciones eran bastante favorables. Pero el mayor problema, que después termina generando distorsiones en el resto de las variables macroeconómicas, es el déficit fiscal. Eso es lo que hay que solucionar, porque al intentar reducirlo con suba de impuestos se ahoga al sector privado que es el que en realidad puede generar riqueza y crear empleos genuinos.

 De los últimos 30 años en la Argentina prácticamente en 26 registró déficit fiscal, con lo que la ampliación de la burocracia agravó el problema de las finanzas públicas

– Como abogado del diablo le diría que cuando se analiza la estructura del empleo público, sobre todo a nivel nacional, pero también provincial, prácticamente 3 de cada 4 puestos de trabajo registran un crecimiento vegetativo porque está vinculado al aumento de la población: educación, sanidad, policía, justicia, principalmente, con lo cual el margen para hacer ajustes se reduce al 25%. ¿Comparte esa visión?

– No, para nada. Sabemos que uno de los principales problemas de las finanzas públicas es el sistema previsional, pero me parece que los grandes cambios deben comenzar con los ajustes más pequeños. Es cierto que hay un crecimiento vegetativo en los sectores que menciona, pero también es cierto que en vez de tratar de congelarlos o de tratar de absorber personal que se encuentra en el sector público por parte del sector privado, es decir hacia los sectores que generan valor agregado, no los están haciendo, al revés, están incrementando el problema.

Además, tampoco está siendo capacitada para el sector privado. Y si nosotros en realidad a esos jóvenes que hoy no pueden conseguir un empleo más que en la administración pública, porque no los están capacitando para el sector privado, para el día de mañana, es algo que se transmite de generación en generación, porque la actividad particular tiene un tope para sostenerse con el nivel actual de presión tributaria, y pasa a destruir empleos y crecimiento económico de largo plazo. Y con más empleo público está demostrado que no se ha podido reactivar la economía.

“Con más empleo público está demostrado que no se ha podido reactivar la economía”

– ¿Pasó un mes del nuevo Gobierno, ve alguna señal que apunte a reactivar la economía?, porque en sus objetivos resaltan: “si ordenamos las cuentas fiscales vamos a poder incentivar la producción”. ¿Comparte esa idea?

– Para nada, porque lo que veo es que está intentando hacer es un “veranito” de corto plazo. Es decir, aplicar determinadas políticas para poder mejorar el bolsillo de la gente y lograr cierto bienestar o incremento de la confianza. Esa es la idea de ellos. Pero la verdad que les va a durar muy poco. Están desperdiciando los primeros 100 días que tiene cualquier gobierno para poder hacer o llevar adelante todas las reformas estructurales que necesita la Argentina, el famoso período de enamoramiento en el que la gente deposita bastante confianza en el nuevo Presidente, porque todo nuevo gobierno tiene un margen para hacer todo lo que quiere hacer, aunque implique un costo, porque le puede echar la culpa al anterior, a la herencia.

Más allá de que es cierto que la renegociación de la deuda le marca la agenda, también lo es que está desaprovechando este momento para pensar en políticas de largo plazo, porque están tratando de llegar al equilibrio fiscal de la misma forma que intentaron los anteriores gobiernos, es decir ahogando más al sector privado.

 Están desperdiciando los primeros 100 días que tiene cualquier gobierno para poder hacer o llevar adelante todas las reformas estructurales que necesita la Argentina, el famoso período de enamoramiento en el que la gente deposita bastante confianza en el nuevo Presidente

– ¿Qué cree que debería haber hecho?

– Veo dos formas y dos caminos para intentar llegar al equilibrio fiscal, por un lado, bajar el gasto público, es decir que el que ajuste sea en el sector público; o, por el otro, como se optó, subir los impuestos. El anterior gobierno llegó casi al déficit primario cero, con cierto margen, por la vía de la suba de los impuestos. El tema es que el aumento de la presión impositiva encuentra un límite. Somos uno de los países que más impuestos pagan. Las empresas pagan un 106% de sus ganancias. Es decir, que pagan inclusive con los costos, o sea las inversiones iniciales. Y ahora ni siquiera tienen margen para seguir pagando, ya representa la mitad de nuestro trabajo. Con ese escenario ¿cómo puede crecer la economía?

– Sin embargo, los datos de recaudación global muestran que empresarios y trabajadores en su conjunto han ido pagando cada vez más, hasta alcanzar un récord en términos de PBI…

– Sí, creo que hay una cuestión también de mansedumbre, de no rebelión fiscal, pero igual hay mayor evasión. Hoy vemos que la Argentina es uno de los países latinoamericanos que más evade. Entonces ahí se manifiesta una cierta señal de rebeldía por parte de algunos argentinos en materia fiscal que ha llevado a que unos 8 millones de aportantes al Sistema de la seguridad Social financie a 22 millones de personas que cobran un cheque del Estado. Esa desproporción se va agravando y va a llegar a un punto que colapsa.

– ¿Qué dice la experiencia internacional, cómo se revierte ese proceso con gradualismo o con políticas de shock?

– Para crecer en el largo plazo, ya no en el corto plazo, se necesita capital. El capital se ahorra durante mucho tiempo. Hoy en la Argentina no tenemos ese ahorro, no tenemos ese capital. Lo tenemos que atraer del resto del mundo, y para eso se requiere emitir señales, como bajar los impuestos. Pero primero, hay que encarar una serie de reformas estructurales, que contribuyan a reducir el gasto público, para no agravar el déficit fiscal. Además, capacitar a la población para que pueda dar respuesta a las necesidades de los inversores. Hoy estamos muy atrasados en materia tecnológica, por eso nuestras empresas no pueden competir con los países del primer mundo, inclusive si trajeran sus tecnologías, porque el promedio de la gente no está preparado para poder utilizarlas.

 Hoy estamos muy atrasados en materia tecnológica, por eso nuestras empresas no pueden competir con los países del primer mundo, inclusive si trajeran sus tecnologías

Así ocurrió en Singapur, que era un país totalmente empobrecido: bajó los impuestos, y también, complementariamente, hizo una reforma educativa, para que la población no aumente los años de escolarización, que es lo que se está buscando ahora en Argentina, sino también que pueda ser absorbida en el día de mañana por el mercado laboral.

También se necesita una reforma del sistema previsional, para poder también bajar el gasto público y el déficit fiscal. El sistema de reparto no funciona en ninguna parte del mundo, esa es la verdad. Se está viendo en Brasil, en España, por eso sus gobiernos están viendo la forma de tratar de modificarlo. Jair Bolsonaro lo primero que hizo, creo que hay que poner el ejemplo de nuestros países vecinos porque casi tenemos los mismos problemas en materia económica, llevó adelante una reforma en el sistema previsional. La Argentina también, lo primero que debería hacer, la primera política, es tratar de reformar el sistema previsional de alguna forma.

“Hay que encarar una serie de reformas estructurales, que contribuyan a reducir el gasto público, para no agravar el déficit fiscal. Además, capacitar a la población para que pueda dar respuesta a las necesidades de los inversores”

– Pero nuestros legisladores no son como los brasileños y no votarían una reforma previsional. Es más, ahora están de nuevo queriendo cambiar la fórmula de ajuste de la movilidad jubilatoria a dos años de un cambio de régimen por la vía legislativa. ¿Cómo cree que podría venir ese cambio?

– Y, la verdad es que no lo veo hasta que no llegue un líder, un referente, de centroderecha, más promercado, fuerte, que tenga una personalidad fuerte, que pueda, como Bolsonaro, impulsar un cambio. Es cierto que en la Argentina, lamentablemente, tenemos dos tipos de equilibrio, por un lado el económico, que es lo deseable, que son las reformas que hay que hacer, que eso sería lo que nos permitiría lograr un crecimiento de largo plazo, y por el otro lado un equilibrio político, porque hoy, bueno, los políticos le ponen una barrera para el crecimiento económico.

Creo que si nosotros hacemos las reformas que tenemos que hacer en materia económica y llegamos al equilibrio económico los que perderán peso en la sociedad serán los políticos. Por eso a ellos no les conviene llevar adelante el cambio, porque, a diferencia de otros países, la clase dominante en nuestro país es la clase política. Esa es la realidad, son los que tienen los privilegios y son los que marcan la agenda. La Argentina no crece porque tenemos una clase política que prefiere tener sus dos coches, sus 80 asesores, antes que llevar adelante todas las reformas para que la economía en su conjunto pueda crecer.

 Si nosotros hacemos las reformas que tenemos que hacer en materia económica y llegamos al equilibrio económico los que perderán peso en la sociedad serán los políticos

– ¿Esa visión no le parece que puede ser mal interpretada en cuanto a que el régimen democrático, de partidos políticos, no es el más aconsejable para revertir la crisis argentina?

– No. Sí es cierto que pueden existir millones de problemas en materia de partidos políticos, de conformaciones políticas, pero me parece que, inclusive si miramos al resto del mundo, no tienen que ver tampoco con la ideología sino con las capacidades. Dan ganas de que haya una persona en la sociedad argentina que quiera que la Argentina progrese. Me parece que falta eso. Si emerge una figura, un partido político, que realmente lleve adelante todo eso, que quiere que la Argentina progrese, no lo parará nadie. Pero obviamente, creo que siempre es una cuestión de personalidades y de cómo uno configura ese líder la verdad. Creo que un Bolsonaro, un Trump, en la Argentina haría grandes cambios.

– Tuvimos un Mauricio Macri, que venía con esa idea de cambio, que hizo algunos avances a nivel estructural, pero, obviamente, 4 años con una economía con los problemas que arrastraba no fueron suficientes. Sin embargo, el concepto general, y lo mostró el electorado el 27 de octubre, un 50% de la población no entendió ese cambio, porque no llegó a que se tradujera en una mejora personal o sectorial, y parte del otro 48% que lo votó a Macri por miedo o rechazo a lo que viene, no porque estuviera convencido de que ese liderazgo de cambio estaba arraigado en la sociedad…

– Sí, el gobierno de Mauricio Macri hizo bastante en materia de infraestructura, y también en materia institucional. Pero el punto es que su mayor error fue que no tuvo una personalidad fuerte. Llegó al gobierno con el apoyo de la centroderecha, pero luego buscó pasarse a la centroizquierda para tratar de captar votos para las próximas elecciones. Y me parece que la Argentina necesitaba desde esa reorientación a la izquierda una reorientación mayor a la derecha. O sea, Macri en realidad no llevó a cabo las reformas que tenía que llevar, en realidad él aplicó una política gradualista que fue avalada por el Fondo Monetario Internacional, porque se propuso llegar al equilibrio fiscal incrementando los impuestos, pero no haciendo nada más porque creía que la sociedad no estaba preparada.

Pero en 2015 la percepción de la gente era que quería cambios, ya no quería seguir soportando esto de que 8 millones de aportantes sostuvieran a 22 millones que no trabajan. Si él llegaba a los primeros 100 días con todas las reformas que necesitaba, más allá de que tenía enfrentamientos en el Congreso, podría haberlo hecho por decreto, legalmente se podría porque estábamos y estamos en una situación de emergencia, creo que el recorrido de la Argentina hubiese sido diferente. Pero no llegamos a eso porque no se animó. Y también es que se rodeó de gente, de asesores, que tenían una ideología más orientada a la izquierda que a la derecha. Y cuando hay un país que está en llamas si se inclina a la izquierda y encima no proviene de los partidos políticos de la izquierda, la verdad es que le hubiese explotado todo en la cara. Esa es la realidad.

– ¿Qué dice la experiencia internacional, los que tuvieron problemas parecidos a los de la Argentina, salieron con políticas de shock o con gradualismo?

– Con políticas de shock. Si miramos el caso, por ejemplo, de Portugal que tenía el mismo problema que la Argentina, un déficit fiscal fenomenal, el que llevó a cabo las reformas fue un partido socialista, en el 2009. Lo primero que hicieron fue bajar el gasto público; congelaron los salarios de los empleados públicos; e inclusive los privilegios de las vacaciones. No optaron por medidas socialistas, como intervenir más la economía o aumentando los impuestos. Al revés, le pusieron el foco a tratar de aliviar el sector productivo que era el que necesitaba el mayor respiro para que después el país volviera a crecer. De ese modo se achicó el Estado.

Chile también siguió ese camino y hoy es uno de los países con menor pobreza; con mayor tasa de empleo; menor de inflación, el primero que ajustó fue el sector público.

Singapur, por ejemplo, tenía un Estado que intervenía en todas partes de la economía, y con muchas empresas estatales. Lo primero que hizo fue ajustar el sector público. Inclusive el milagro del sudeste asiático, los Tigres Asiáticos empezaron a crecer a partir de aplicar políticas más pro mercado. O sea, más orientadas al sector privado, no al sector público. No intentaron intervenir y ser un gran monstruo que controle cada uno de los aspectos de la economía, si no al revés, liberaron la economía y entonces de esa forma pudieron ingresar la cantidad de inversiones que impulsaron la actividad agregada.

“Los países que tuvieron problemas similares a los de la Argentina lo primero que hicieron fue bajar el gasto público; congelaron los salarios de los empleados públicos; e inclusive los privilegios de las vacaciones. No optaron por medidas socialistas, como intervenir más la economía o aumentando los impuestos”

– En la Argentina, el nuevo gobierno tomó como primeras medidas un aumento de las jubilaciones, pero solo para los sectores de muy bajos ingresos, hasta $19.607 de haber máximo, y un bono para los empleados públicos hasta un máximo de un ingreso de $60.000. Y pareciera que lo pudo pasar y no hubo ni reacciones de los jubilados ni del resto de la nómina de empleados públicos. ¿Cree que esa política de diferenciación de la política salarial del sector público se va a poder sostener?

– No, son políticas marketineras que sirven en unos meses y sirven en la post campaña, pero la verdad no es sostenible. Sí, pueden seguir intentando otra vez redistribuir el ingreso entre los mismos sectores. Pero ¿hasta qué punto?, porque los jubilados, lamentablemente, son los que más vienen afectados por todos los gobiernos de la historia argentina. La verdad es que esas políticas no mueven la aguja, nosotros lo que necesitamos es crecer. Si no crecemos no va a servir de nada que renegociemos la deuda, que sigamos ajustando a los jubilados, que sigamos redistribuyendo o estas políticas de solidaridad, o los precios cuidados, no van a servir para nada.

La Argentina no crece, estamos en recesión, y estamos casi al borde de ser uno de los países más pobres de la región luego de Venezuela. Tenemos una caída de la demanda de pesos que está tocando la puerta y en cualquier momento la inflación se acelera. Es decir, está toda la economía argentina atada con alambres. Estas políticas de sacar plata de un bolsillo para dársela a otros no moviliza nada.

 Tenemos una caída de la demanda de pesos que está tocando la puerta y en cualquier momento la inflación se acelera. Es decir, está toda la economía argentina atada con alambres. Estas políticas de sacar plata de un bolsillo para dársela a otros no moviliza nada

– ¿Qué cree que sería lo primero que tendría que hacer el Gobierno para lograr, que es un poco el objetivo que se planteó el ministro Martín Guzmán, frenar la caída de la actividad y empezar a crecer, si al mismo tiempo tiene que hacer ajustes en el sector público?

– Bueno, primero tiene que darle señales positivas a los mercados para que vuelvan a confiar en la Argentina. Y para eso, para atraer capitales, que son muy pocos en el mundo, se necesitará impulsar reformas, como bajar los impuestos para poder recaudar más, como pasó con el gobierno de Donald Trump, donde no ha bajado el gasto público, inclusive lo ha podido incrementar. Hoy la Argentina está en un punto de la curva de Laffer (Nota del Editor: Arthur Laffer representó la relación entre los ingresos fiscales y la presión impositiva) en el que el el aumento de los impuestos provoca caída de la recaudación. Por eso es vital apuntar al otro lado de la curva. Inclusive, se debería dar una señal por parte de los políticos de reducirse sus privilegios, sus salarios y la cantidad de asesores. Si todos dan una señal promercado la Argentina podrá empezar a crecer.

También tendría que reducir la cantidad de Ministerios, porque de ese modo, no sólo podría comenzar a reducir la nómina, sino también desprenderse de muchos edificios públicos y reducir el costo de mantenimiento, los cuales pasarían al sector privado.

Después encarar la reforma del sistema previsional, que modifique el sistema de reparto, para volver a un régimen de capitalización.

Y después, obviamente, propiciar una reforma educativa, porque tenemos cada vez gente más analfabeta, porque hay muchos chicos que egresan de la escuela secundaria con muchos años de escolarización pero que no pueden insertarse luego en el mercado laboral privado porque no están capacitados para lo que necesita.

También, el último paso, una apertura comercial. Es el gran error que a veces algunos tienen, decir primero abrimos la economía y luego llevamos adelante las reformas, porque las empresas argentinas no podrán competir con el resto del mundo si deben pagar impuestos estrafalarios. No hay forma de que eso suceda.

 Hay que propiciar una reforma educativa, porque tenemos cada vez gente más analfabeta, porque hay muchos chicos que egresan de la escuela secundaria con muchos años de escolarización pero que no pueden insertarse luego en el mercado laboral privado porque no están capacitados para lo que necesita

– ¿Estimaron en la Fundación Libertad y Progreso en cuánto tiempo podrían dar resultados positivos esas reformas, en términos de crecimiento de la actividad económica y mejora de los ingresos reales de los trabajadores?

– Si se encararan ese tipo de reformas en el corriente año para el 2021 la Argentina ya podría ver reactivar la economía, porque van a entrar capitales; el Gobierno va poder renegociar la deuda favorablemente; y comenzar a crear las condiciones para el crecimiento de largo plazo, y generar empleo. Obviamente esto se debe acompañar con una moneda sana; porque si se descuida la política monetaria no vamos a llegar a nada. Si el Gobierno comienza a emitir para poder financiar un gasto que hoy es estrafalario y se cae en una aceleración de la inflación fenomenal para fin de año, más allá de todas las reformas que puedas hacer eso no le va a devolver mucho, no va a poder ingresar en la senda del crecimiento. Se necesita una moneda sana para bajar la inflación.

Fotos: Adrián Escandar

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Los vuelos de cabotaje en la Argentina fueron los que más crecieron en América Latina en 2019 y el tráfico con Brasil siguió siendo el mayor de la región

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La Argentina fue el país de América Latina con mayor incremento porcentual de vuelos de cabotaje en 2019, superando en un 13% a los realizados en 2018, en tanto el tráfico aéreo con Brasil, a pesar de haber registrado una merma interanual del 7,1%, continuó siendo el principal dentro de la región, con 3,5 millones de pasajeros transportados.

Los datos de la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Transporte Aéreo (ALTA) indican que los pasajeros transportados en vuelos domésticos en la Argentina pasaron de 14,6 millones en 2018 a 16,5 millones el año pasado y si bien el crecimiento de 1,9 millón fue el mayor en la medición porcentual, el país aun se encuentra a considerable distancia de otros países de América Latina como México, que superó en 2019 por primera vez los 50 millones de pasajeros y pese a tener en ese período una tasa de crecimiento inferior a la de la Argentina, es responsable del 40% del crecimiento del tráfico de cabotaje en la región.

“El mercado doméstico fue el gran protagonista del 2019, representando el 93% del crecimiento del tráfico total del año”, resaltó ALTA en un informe en el que detalló, además, la evolución de los vuelos intrarregionales y los realizados desde y hacia países de otras partes del planeta, con una preponderancia absoluta de Estados Unidos tanto en origen como en destino de esos viajes.

Los vuelos entre la Argentina y Brasil cayeron un 7,1% interanual, pero continuaron liderando el mercado intrarregional
Los vuelos entre la Argentina y Brasil cayeron un 7,1% interanual, pero continuaron liderando el mercado intrarregional

En su último mensaje antes de dejar la Presidencia de la entidad, Luis Felipe de Oliveira destacó que el tráfico creció en 2019 por decimosexto año consecutivo, “superando los 300 millones de pasajeros transportados por las aerolíneas de la región”, más allá de los inconvenientes derivados de una actividad económica que “fue sustancialmente menor a la pronosticada” y a que “5 importantes aerolíneas salieron del mercado debido a problemas financieros”.

Los efectos de la devaluación y las restricciones cambiarias en la Argentina se hicieron notar en la evolución del tráfico intrarregional, al punto que los tres trayectos que más cayeron fueron los que unen al país con Chile (-14,9%), Perú (-14,4%) y Brasil (-7,1%).

En el caso particular de los vuelos a Chile tuvo incidencia también la convulsión político-social del país trasandino, tal como reconoce ALTA al señalar que “la industria enfrentó una ola de inestabilidad política y social en la región que afectó a grandes mercados” entre los que cita, además, a Colombia y Ecuador.

 Los vuelos 

entre la Argentina y Brasil comprendieron en 2019 a 3.419.532 pasajeros, 266.932 menos que los 3.758.464 transportados en 2018, aunque suficientes para mantener el liderazgo entre los viajes aéreos intrarregionales

Los vuelos entre la Argentina y Brasil comprendieron en 2019 a 3.419.532 pasajeros, 266.932 menos que los 3.758.464 transportados en 2018, aunque suficientes para mantener el liderazgo entre los viajes aéreos intrarregionales, superando en un 51,1% a los realizados entre Colombia y Panamá, en tanto en el tercer puesto se ubican los trayectos entre Argentina y Chile con 2.022.818 personas.

La ruta principal del mercado argentino-brasileño es Ezeiza- Guarulhos, tanto por motivos profesionales, comerciales y laborales como turísticos, aunque en este caso como punto de trasbordo hacia otros destinos de Brasil o bien de terceros países.

Pese a la predominancia argentina en los vuelos entre países latinoamericanos, la caída interanual desplazó al binomio Argentina-Chile del segundo al tercer puesto, en tanto los vuelos hacia y desde Perú cayeron de la sexta a la novena posición.

El dominio de los vuelos intrarregionales contrasta con la escasa participación de la Argentina en los vuelos domésticos -a pesar de haber sido el de mayor crecimiento porcentual- y los realizados con países de otros puntos del planeta.

Por la devaluación y las restricicones cambiarias, los vuelos entre la Argentina y Brasil, Chile y Perú cerraron 2019 con menos pasajeros que los de 2018
Por la devaluación y las restricicones cambiarias, los vuelos entre la Argentina y Brasil, Chile y Perú cerraron 2019 con menos pasajeros que los de 2018

Tanto es así que en las estadísticas de ALTA no registran siquiera una ruta de cabotaje argentina entre las primeras catorce de América Latina, en un listado liderado por Río de Janeiro – São Paulo (8.011.292 pasajeros) y Cancún- México DF (5.049.462), con distancias similares a las que separan a Buenos Aires de Mar del Plata y Mendoza, respectivamente.

En cuanto a los mercados extrarregionales, los vuelos que unieron a la Argentina con Estados Unidos se ubicaron en el noveno puesto de una lista en la que el país norteamericano concentra 10 de los 11 primeros destinos, con una única excepción de México-Canadá, en el sexto lugar.

Los viajes aéreos desde y hacia Estados Unidos involucraron a 568.064 pasajeros, apenas el 6% del mercado México-EE.UU, que con 9.481.744 personas encabezó cómodamente el listado.

La información de ALTA se da a conocer días después de que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informara que en 2019 la balanza turística había sido deficitaria en 881.500 pasajeros, un 48,7% menos que en 2018, como resultado de 3.950.000 residentes que vacacionaron fuera del país (turismo emisivo) y 3.065.200 no residentes que arribaron a la Argentina (turismo receptivo).

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La AFIP lanza la inscripción a la “Moratoria 2020” para pymes, monotributistas y trabajadores autónomos

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Desde hoy, la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) habilitará el aplicativo online para adherir a la moratoria para pequeñas y microempresas, Monotributistas, Cooperativas, Obras Sociales y Clubes de Barrio que se había anunciado en enero y que la AFIP reglamentó a fines de ese mes, cuando la titular del organismo, Mercedes Marcó del Pont, y el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, adelantaron que tendrá una quita promedio del 42% y un plazo de pago de hasta 10 años (120 cuotas).

De hecho, aquella vez, ambos funcionarios también adelantaron que los contribuyentes con deudas acumuladas hasta fin de noviembre de 2019 podrían empezar a inscribirse el lunes 17 de febrero. El plazo de inscripción, también confirmado por la AFIP, vence el 30 de abril.

En un comunicado, el organismo precisó que los interesados en regularizar sus deudas tributarias, aduaneras y de la seguridad social deberán hacerlo a través del servicio con clave fiscal “Mis Facilidades” de la AFIP.

La moratoria alcanza a monotributistas, profesionales, comerciantes, sociedades y empresas, que para adherir deberán obtener el Certificado MiPyme del ministerio de Desarrollo Productivo, un trámite que debe hacerse online en la página web de la AFIP, en “unos pocos pasos”, dice el comunicado.

El organismo aclaró que solicitar el documento “no modifica la situación fiscal de los contribuyentes, sino que los habilita para acceder a beneficios como la moratoria”.

Además, precisó que durante los primeros dos meses del año 155.167 personas jurídicas y humanas obtuvieron el certificado, lo que llevó a que el registro Mipyme tenga en la actualidad más de 724.200 inscriptos.

El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y la titular de la AFIP, Mercedes Marcó del Pont, cuando hace dos semanas anunciaron la reglamentación de la Moratoria
El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y la titular de la AFIP, Mercedes Marcó del Pont, cuando hace dos semanas anunciaron la reglamentación de la Moratoria

“La moratoria ofrece un alivio para la situación de asfixia financiera a la que condujeron las políticas económicas del gobierno anterior”, dijo Marcó del Pont.

El plan ya estaba contemplado en la ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva sancionada por el Congreso en diciembre pasado y es una herramienta “para atender la difícil situación que atraviesan las pequeñas empresas, los monotributistas y las entidades sin fines de lucro”.

Entre otros beneficios, ofrece “un tratamiento especial para las deudas acumuladas a lo largo de los últimos años como consecuencia del proceso de parálisis productiva y la imposición de condiciones prohibitivas de acceso al crédito”. También contempla “estímulos para promover el ingreso temprano al plan”. De hecho, la AFIP enfatizó ayer que “las empresas, monotributistas y entidades sin fines de lucro que se adhieran más rápido contarán con mayores beneficios” y, particularmente, que quienes adhieran en febrero y marzo (esto es, no esperen el último mes) tendrán menores pagos a cuenta y un período de espera más extenso.

Según las autoridades de la agencia recaudadora, la diferencia más importante respecto de los planes lanzados en los últimos veinte años es que la moratoria les da a las “empresas, entidades y ciudadanos asfixiados por sus deudas, un plazo de tiempo hasta mediados de julio para recuperarse y comenzar a pagar a partir de ese momento”.

Sobre el particular, Marcó del Pont enfatizó: “asumimos con los contribuyentes una posición similar a la que le solicitamos a los acreedores externos: tiempo para ordenarse y volver a crecer”.

Las principales características de la moratoria son:

– Plazo de inscripción: Del 17 de febrero al 30 de abril.

– Plazo de pago: Hasta 120 cuotas para obligaciones tributarias y aduaneras y hasta 60 cuotas para aportes y retenciones.

– Condonación: Parcial para los intereses y total para las multas.

– Tasa: 3% mensual fija por un año y a partir de ese momento, tasa variable.

– Empalme; La moratoria permite utilizar todas las devoluciones aprobadas y pendientes de pago que un contribuyente tenga a favor en AFIP, para restarlo de la deuda.

– Alcance: Se puede incluir deuda vencida hasta el 30 de noviembre de 2019 y planes de pago vigentes hasta el 23 de diciembre de 2019 o caducos.

– Beneficio inmediato: Levantamiento de embargos y suspensión de la acción penal.

– Requisito: Contar con el Certificado MiPyme que otorga el Ministerio de Desarrollo Productivo, documento que puede obtenerse hasta el 30 de abril.

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El derrotero del sistema previsional argentino y cómo impactan los nuevos cambios sobre los jubilados

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Cuando Pedro ingresó al mercado de trabajo, allá por 1985, la regla del sistema de pensiones “prometía” que si aportaba al menos 10 años y lograba acreditar 30 de servicios a los 60 años iba a gozar de una jubilación del 70% del promedio del salario de los tres mejores años dentro de los últimos 10 y que si trabajaba más años ese porcentaje sería mayor.

En 1994 las “promesas” cambiaron drásticamente. Del sistema de reparto “solidario” se pasó a uno mixto en el cual podía elegir mantenerse en el sistema público existente, que prometía un haber más bajo que el 70% -ya que se promediaba los 10 últimos años y no sólo los mejores tres- o pasar a uno sistema de capitalización individual en el cual la jubilación dependía de lo que se hubiera acumulado. Si bien ahora tendría que poder probar 30 años de aporte, lo que requería mantenerse siempre en el sector formal de la economía, y recién podría jubilarse a los 65, su jubilación sería más alta al estar administrada por una AFJP que pelearía por la mayor rentabilidad de sus fondos. Pero además sería mejor para la economía porque el nuevo sistema iría reduciendo el déficit previsional que a esa altura de la historia alcanzaba al 2,3% del PBI.

Un año más tarde, se enteró que la movilidad automática prometida para los que estaban jubilados por los sistemas de reparto había sido anulada, pero no parecía muy importante porque le faltaban muchos años para su momento del retiro.

A partir del 2002, se dio cuenta que la ausencia de movilidad no era un dato menor porque la inflación había retornado después de casi una década y ahora los ajustes eran discrecionales. Y, además, en los siguientes cuatro años los únicos ajustes que se hicieron fueron para quienes percibían la jubilación mínima.

En el año 2005 se preguntó porque estaba aportando si ahora había gente que sin haber aportado nunca iba a recibir una jubilación a través de una moratoria, y a lo largo de los años siguientes se dio cuenta que esa era mucha gente lo que dio la primera pista de la universalización del sistema. Pero esos jubilados sólo iban a recibir la jubilación mínima y probablemente haber aportado realmente haría una diferencia.

En el año 2008, de buenas a primeras, le avisaron que cambiaban otra vez las reglas del juego. Ahora se volvía al viejo sistema de reparto porque era un sistema solidario en contra de la capitalización que es individualista.

Sergio Massa y Amado Boudou, dos ex directores de la Anses:: en 2008 decidieron la reestatización del sistema
Sergio Massa y Amado Boudou, dos ex directores de la Anses:: en 2008 decidieron la reestatización del sistema

Pero por suerte, un año más tarde, a instancias de un fallo de la Corte Suprema se eliminó la discrecionalidad de la movilidad de los haberes y se fijó una regla de ajuste en base a la evolución de los salarios y la recaudación de la Seguridad Social.

En el 2017, se cambió la fórmula de ajuste por una más ligada a la inflación y menos a salarios porque los consumos de los jubilados se ajustan por inflación y no por salarios, aunque en realidad lo que pasó fue que se esperaba que los salarios subieran más que los precios y con el cambio las jubilaciones crecerían menos contribuyendo a que el déficit del sistema creciera menos en un momento en que, como consecuencia de la duplicación de los beneficiarios a través de la moratoria, el déficit del sistema alcanzaba a casi 3 puntos del PBI.

Además de eso, también se cambió la regla de actualización del salario para el cálculo del haber inicial. Hasta ese momento se ajustaba de igual forma de las jubilaciones, pero a partir de ese año se utilizaría el RIPTE (remuneración de aporte al sistema de pensiones).

Y, de incertidumbre en incertidumbre, llegó al 2020, con 35 años de aportes y la edad suficiente para retirarse creyendo que el haber que le correspondería sería ajustado de forma cercana a la evolución de los precios. Y ahí otra vuelta de tuerca cambió el panorama del sistema.

A sólo días de asumir la nueva administración mandó al Congreso la Ley de Emergencia Solidaria dentro de la cual una de las medidas afecta otra vez al sistema jubilatorio. La modificación esta vez suspende por 180 días el ajuste jubilatorio, período durante el cual los ajustes trimestrales (en principio los de los trimestres de marzo y junio) se harán, hasta definir una nueva fórmula, de forma discrecional y priorizando a los de más bajos ingresos.

 Las instituciones inestables pierden credibilidad

Lo que en un primer momento pareció apuntar a una reducción del gasto en pensiones terminó pareciendo más una redistribución de ingresos dentro del mismo sistema ya que el primer aumento discrecional se plasmó en la forma de un bono de 5000 pesos para quienes cobran la jubilación mínima (14.068 pesos) y tienen una sola prestación (jubilación o pensión). Para el resto de los beneficiarios el bono es la suma que completa su haber 19.048 pesos (jubilación mínima más los 5000).

Más de lo mismo

El aumento fijado para marzo es más de lo mismo ya que toma la forma de una suma fija de $ 1500 más un aumento de 2,3% para todos los beneficios. Y así, el haber mínimo tiene un aumento de 13,7%, porcentaje cada vez menor a medida que aumentan las jubilaciones reduciéndose a sólo el 4,4% para el tope jubilatorio.

La medida termina generando un achatamiento de la pirámide jubilatoria ya que de esta forma casi el 75% de los beneficiarios estaría cobrando el mismo haber. Mientras lo que en principio daba la idea de una reducción del gasto termina en un incremento del gasto en los meses de diciembre a febrero de 6,7% sólo en el sistema previsional (SIPA) a lo cual si se suma el mayor gasto en pensiones no contributivas y la Pensión Universal por Adulto Mayor (PUAM) termina en un gasto adicional de 45 mil millones que representa un aumento del 9,7% del total del gasto en estos conceptos.

El ajuste de marzo sí termina en un ajuste del gasto de 1,4% que no llega a compensar el incremento del trimestre anterior.

Si bien veladamente, los aumentos diferenciales, mayores para la población de menores ingresos, se justifican en el principio “solidario” del sistema de reparto, esto no es más que una re-escritura de la historia, ya que la solidaridad del sistema de reparto se refiere a la solidaridad intergeneracional -la generación que trabaja y aporta financia la pensión de la generación jubilada, mientras espera que la siguiente financie su jubilación- no a la solidaridad entre los propios jubilados que aportaron toda su vida para cubrir su propio riesgo de caída en la generación de ingresos en la etapa pasiva y no para cubrir el riesgo de quienes no han aportado.

(Telam)
(Telam)

Además, ¿cuán cierto es que quienes tienen las jubilaciones más bajas se encuentran entre la población vulnerable? La tasa de pobreza entre la población mayor es la más baja entre los distintos grupos etarios. Mientras que entre los menores de 14 años el 52,6% es pobre entre la población mayor de 65 años este porcentaje sólo se alcanza al 10,4%.

De hecho, la jubilación mínima alcanza a cubrir la canasta de pobreza con lo cual ningún jubilado debería estar en condición de pobreza, sin embargo, los ingresos totales del hogar podrían ser menores que la línea de pobreza. Calificando a los jubilados en pobres / no pobres se encuentra que el 83% del total se encuentra en hogares no pobres, mientras que si restringe a los jubilados que perciben la jubilación mínima este porcentaje se reduce al 76%. Es decir, la condición de percibir el haber mínimo jubilatorio no implica necesariamente que la población sea vulnerable.

Jugado y sin fichas

El hecho es que, tras una vida laboral de reformas previsionales, Pedro ya se encuentra jugado y sin fichas. Las reglas cambiaron reiteradas veces y a las puertas del retiro no esta claro cuales son y mucho menos cuántas veces a futuro las cambiarán.

Las instituciones inestables pierden credibilidad. Si bien Pedro ya no tiene opción el mensaje que dejan todas las reformas que se han ido implementado, en especial en los últimos 15 años es que el sistema de pensiones tiene un premio bajo al cumplimiento: existen moratorias que permiten un haber sin haber aportado nunca, existen regímenes que con aportes muy bajos otorgan un beneficio.

Pero aún habiendo aportado y obteniendo un beneficio bien diferente al que aportó poco o no aportó, a futuro existen altas chances de que la diferencia inicial se vaya achicando fuertemente. Por ejemplo, alguien que se jubiló con la jubilación máxima en el año 2001 y por lo tanto cobraba 19 veces más que la jubilación mínima en diciembre percibió poco más de 5 veces que quien percibe la mínima, la mayoría de los cuales han ingresado al sistema a través de una moratoria y por lo tanto habiendo aportado poco o nada.

“Otra vuelta de tuerca”, de Henry James, esta rankeado entre los mejores cuentos de terror de la historia. “Otra vuelta de tuerca del sistema previsional argentino” debería rankear en primer lugar entre las historias de suspenso.

La historia de esta historia es que existen altos incentivos a evadir el sistema. El desafío desde las instituciones es transformarlo en un sistema creíble que genere atractivo a pertenecer. Los pasos dados por la presente Administración parecen tomar el camino contrario y repetir el mensaje de “pertenecer no tiene sus privilegios”.

La autora es economista de FIEL. Esta nota fue publicada por Infobae el 4 de enero pasado y se reedita con algunos agregados por el último anuncio del Gobierno

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