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En los países más vulnerables del mundo, la pandemia se asemeja a la crisis de 2008

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En Nueva Delhi, una vendedora de frutas cuyas ventas se han reducido a la mitad ahora diluye la leche que les da a sus cinco hijos. En el centro de Turquía, una empresa que ofrece paseos en globos aerostáticos para turistas mandó a sus 49 empleados a un descanso indefinido y redujo su salario a la mitad.

En Manila, un cantinero que trabaja en una línea internacional de cruceros está anclado en casa, y se pregunta si sus ahorros alcanzarán hasta que el buque pueda regresar al mar. En Johannesburgo, una madre que se gana la vida trenzando el cabello de sus clientes regresa a casa con las manos vacías.

También en Buenos Aires, un conductor de taxi recorre las calles desiertas en busca de pasajeros, temeroso de contraer el coronavirus, pero todavía más aterrado de perder su taxi si no puede hacer los pagos respectivos.

“No sé qué voy a hacer”, dijo. “Esta situación está totalmente fuera de mis manos”.

Ahora que la pandemia de coronavirus ha puesto a la economía global en un sorprendente estado de suspenso, los países más vulnerables del mundo sufren daños cada vez más intensos. Las empresas, a falta de ventas, tienen que despedir a sus empleados. Los hogares que no cuentan con ingresos suficientes gastan a cuentagotas en alimentos. Los inversionistas internacionales abandonan los llamados mercados emergentes a un ritmo no visto desde la crisis financiera de 2008, con lo que provocan una disminución en el valor de las monedas y obligan a las personas a pagar más por bienes importados como alimentos y combustible.

Buenos Aires vacía tras decretarse la cuarentena. (Foto: Franco Fafasuli)
Buenos Aires vacía tras decretarse la cuarentena. (Foto: Franco Fafasuli)

Será igual de malo, o quizá incluso peor, que la crisis financiera global para los mercados emergentes”, afirmó Per Hammarlund, estratega principal para mercados emergentes del Grupo SEB, un banco de inversiones globales con sede en Estocolmo. “El panorama es sombrío”.

También es una amenaza para el porvenir global. Los mercados emergentes representan el 60 por ciento de la economía mundial en términos de poder adquisitivo, según el Fondo Monetario Internacional. Una ralentización en los países en desarrollo se traduce en una ralentización del planeta.

Desde el sur de Asia hasta África y América Latina, la pandemia confronta a los países en desarrollo con una emergencia de salud pública combinada con una crisis económica, y cada una agrava los efectos de la otra. Las mismas fuerzas actúan también en las naciones ricas. Sin embargo, en los países pobres, donde miles de millones de personas viven al borde de la calamidad incluso en épocas de bonanza, los peligros se amplifican.

Esto ocurre justo en un momento en que muchos gobiernos tienen una deuda que limita su capacidad de ayudar a los más necesitados. Desde 2007, la deuda total pública y privada en los mercados emergentes se ha multiplicado de alrededor del 70 por ciento de la producción económica anual al 165 por ciento, según Oxford Economics.

La pandemia ha disparado una marcada salida de inversiones internacionales de los mercados emergentes, en busca de la seguridad de los bonos del gobierno de Estados Unidos.

Apenas el año pasado, un grupo de más de veinte mercados emergentes, como China, India, Sudáfrica y Brasil, recibieron flujos de inversión de 79.000 millones de dólares, según el Instituto de Finanzas Internacionales. Durante los dos últimos meses, una inversión neta de 70.000 millones de dólares salió de esos países.

Ese cambio ha reavivado el temor de que algunos países se deslicen hacia la insolvencia y no puedan cumplir sus obligaciones de pago, en especial Argentina, Turquía y Sudáfrica.

“La velocidad es sorprendente”, señaló Sergi Lanao, economista jefe adjunto del instituto. “Quienes ya eran vulnerables antes, definitivamente enfrentan una situación de lo más complicada”.

La mayoría de los economistas dan por hecho que ya nos encontramos en una recesión mundial, una recesión sincronizada que castiga a los países de manera indiscriminada y transforma las fortalezas económicas tradicionales en vulnerabilidades alarmantes.

En mecas turísticas como Tailandia, Indonesia, Turquía y Sudáfrica, la imposición efectiva de una cuarentena mundial bien podría provocar el desempleo masivo en industrias como la hotelera, la restaurantera y la turística.

La interrupción de la industria en todo el planeta ha disminuido de manera drástica la demanda de materias primas, lo que ha golpeado a los productores de cobre como Chile, Perú, la República Democrática del Congo y Zambia, además de a los productores de zinc como Brasil e India. Los exportadores de petróleo son especialmente susceptibles a la recesión ahora que los precios permanecen bajos, situación que genera presión en Colombia, Argelia, Mozambique, Irak, Nigeria y México.

Personas usando tapabocas compran alimentos, antes del comienzo del aislamiento obligatorio de 19 días decretado por el Gobierno como medida preventiva contra la propagación del coronavirus, en un supermercado de Bogotá, Colombia, 24 de marzo, 2020. REUTERS/Nathalia Angarita. NO VENTAS NO ARCHIVOS..
Personas usando tapabocas compran alimentos, antes del comienzo del aislamiento obligatorio de 19 días decretado por el Gobierno como medida preventiva contra la propagación del coronavirus, en un supermercado de Bogotá, Colombia, 24 de marzo, 2020. REUTERS/Nathalia Angarita. NO VENTAS NO ARCHIVOS..

México ya se encontraba en una recesión, y muchos de sus empleos dependen de la producción de bienes para Estados Unidos, que ahora ha aplicado un verdadero cierre de emergencia.

En las naciones ricas se han ordenado cuarentenas, mientras que los gobiernos y los bancos centrales han liberado billones de dólares en gasto y crédito para limitar el daño económico. Pero no ocurre lo mismo en los países pobres, donde las familias de los barrios pobres viven hacinadas, por lo que sería imposible aplicar una cuarentena. Quienes sobreviven gracias a la chatarra de metal que encuentran en los basureros podrían morir de hambre si se quedan en casa.

“Algunos de estos países realizarán desagradables experimentos en la vida real, sin intentar detener las consecuencias, porque ni siquiera creo que puedan controlarlo”, comentó Gabriel Sterne, director de investigación macroeconómica de mercados emergentes en Oxford Economics. “En un gueto de Soweto, ¿cómo puedes aislarte? Las consecuencias sociales de la muerte entre los más débiles y los ancianos sencillamente serán monstruosas”.

India, un país de 1300 millones de personas, parece muy expuesto, con todo y que el número oficial de casos de coronavirus parece reducido. El martes, el primer ministro de India, Narendra Modi, declaró un paro nacional con el propósito de evitar la diseminación del virus.

Una tarde reciente, en una calle que conduce a la principal estación de ferrocarril de Nueva Delhi, las personas que vendían en las banquetas enfrentaron un cambio peligroso: las calles estaban vacías.

Hender, de 60 años, que se dedica a bolear zapatos, dormía al lado de la calle, con la cabeza apoyada en la bolsa de tela en la que guarda los aditamentos que necesita para su trabajo. Antes del coronavirus, ganaba unas 400 rupias (alrededor de cinco dólares) al día. Ahora gana 100 rupias.

Un grupo de personas en Nueva Delhi. REUTERS/Danish Siddiqui
Un grupo de personas en Nueva Delhi. REUTERS/Danish Siddiqui

Incluso antes del brote, India sufría una desaceleración económica. El gobierno de Modi no ha generado los empleos prometidos y ha habido acusaciones de que maquilló los libros oficiales para ocultar las dimensiones reales del desempleo.

Para responder a los lamentos sobre la decepcionante economía, Modi ha avivado el nacionalismo hindú. La policía se ha aliado con las mafias hindúes en conflictos sangrientos con la minoría musulmana. Ninguno de estos problemas se aligerará en medio de una catástrofe de salud pública combinada con un desempleo masivo.

“Habría que tener una fe ciega para decir que India no atraviesa una recesión masiva”, opinó Swati Dhingra, economista de la Escuela de Economía de Londres. “Ahora, aparece otra fuerza importante, una que golpeará de manera asimétrica a los pobres. Podría tener consecuencias realmente terribles”.

Argentina se encontraba en peligro antes de la pandemia. Su moneda, el peso, perdió más de dos tercios de su valor en 2018 y 2019, y la inflación se disparó por encima del 50 por ciento. Su economía se contrajo un dos por ciento el año pasado, como continuación de un deslizamiento prolongado de la fortuna del país. La deuda del gobierno llegó a cerca del 90 por ciento de la producción anual, una señal alarmante de peligro.

El nuevo gobierno, encabezado por el presidente Alberto Fernández, enfrenta un problema aritmético casi imposible: ¿será posible eliminar los recortes impopulares a programas como becas en efectivo para los hogares pobres sin ahuyentar a los inversionistas internacionales y acelerar el éxodo de dinero? ¿Cómo podría el gobierno aumentar el gasto y pagar los 57.000 millones de dólares que recibió en préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI)?

La semana pasada, la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, dio muestras de flexibilidad. En una declaración por escrito, citó la pandemia cuando declaró que era necesario una “cancelación sustancial de la deuda de los acreedores privados de Argentina”.

Foto de archivo. Gente hace cola para cobrar su pensión mensual antes de un toque de queda impuesto por el gobierno para prevenir la propagación de la enfermedad por coronavirus (COVID-19), en Guayaquil, Ecuador. 20 de marzo de 2020. REUTERS/Santiago Arcos
Foto de archivo. Gente hace cola para cobrar su pensión mensual antes de un toque de queda impuesto por el gobierno para prevenir la propagación de la enfermedad por coronavirus (COVID-19), en Guayaquil, Ecuador. 20 de marzo de 2020. REUTERS/Santiago Arcos

Sin embargo, el peligro aumentaba. La moneda bajó otro seis por ciento con respecto al dólar este año. Al parecer, la pobreza se agravará, por lo que serán necesarios recursos públicos.

“Es difícil pensar que Argentina pueda obtener financiamiento de alguna parte”, comentó Maria Castiglioni Cotter, directora de la consultora C&T Asesores Económicos, en Buenos Aires. No obstante, “el gobierno debe aumentar el gasto público”, añadió, o corre el “riesgo de un colapso total”.

En Turquía, las empresas están saturadas de deuda, gran parte en moneda extranjera. Las deudas se deben a que el presidente Recep Tayyip Erdogan ha buscado crecer a toda costa. Encarceló a sus enemigos e incautó sus bienes, mientras que protegió a quienes han obtenido préstamos para financiar monumentos a su destreza, como un nuevo aeropuerto en Estambul.

En años recientes, los inversionistas han sacado su dinero, por lo que la lira turca se ha desplomado y varias empresas están al borde de la quiebra. La pandemia bien podría atizar de nuevo esa crisis. La moneda turca ha bajado un diez por ciento desde enero. El turismo, que representa alrededor de una décima parte de la economía turca, ha quedado diezmado.

En Capadocia, un paisaje de estupendas formaciones rocosas cónicas, Deniz Turgut, de 37 años, uno de los propietarios de Butterfly Balloons, solo ha visto un flujo continuo de gastos al tiempo que se desvanecen sus ganancias.

El año pasado, la empresa trasladó a alrededor de 20.000 turistas en globos aerostáticos. En febrero, la empresa solo tuvo 43 clientes, menos que sus 49 empleados. De mala gana, Turgut envió a sus trabajadores a casa.

“No sabemos cuándo pasará esta situación”, se lamentó.

El presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, anuncia medidas de bloqueo para restringir la propagación del brote de la enfermedad por coronavirus (COVID-19), visto en un teléfono móvil en Ciudad del Cabo. 23 de marzo de 2020. REUTERS/Mike Hutchings
El presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, anuncia medidas de bloqueo para restringir la propagación del brote de la enfermedad por coronavirus (COVID-19), visto en un teléfono móvil en Ciudad del Cabo. 23 de marzo de 2020. REUTERS/Mike Hutchings

Antes de la pandemia, Sudáfrica estaba en apuros; su economía estaba en recesión y la tasa de desempleo superaba el 29 por ciento. Desde la aparición de la pandemia, la moneda de Sudáfrica se ha sumido más de un 20 por ciento, lo que ha elevado los precios de los bienes.

Siphilisiwe Nyathi, quien se gana la vida trenzando cabello, se ha visto obligada a hacer un gasto adicional para rentar un sillón en un salón de belleza de Johannesburgo. Las extensiones de cabello importadas de China también cuestan más.

En un buen sábado, por lo regular gana 2000 rand (unos 112 dólares). El sábado pasado, no ganó nada. Pagó el pasaje para tomar el minibús abarrotado de su casa, en un barrio de ingresos mixtos, a la ciudad, casi a una hora de distancia. Se pasó el día en la acera tratando de atraer clientes, pero no convenció a ninguno.

“Estamos estancados en esta situación”, dijo. “No sabemos qué hacer”.

En Manila, Reynaldo Tating, de 57 años, está en casa a su pesar.

Al igual que millones de filipinos que trabajan en el extranjero en industrias variadas, desde servicios de salud hasta hospitalidad, por lo regular pasa ocho meses del año navegando el mundo en cruceros, preparando cocteles para turistas internacionales.

Ahora, le preocupa que su patrón, un importante operador de cruceros, se vaya a la quiebra.

“No sé si podremos retomar nuestros empleos”, se lamentó. “O si todavía tenemos trabajo”.

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Récord de muertes en España: 849 en un día

Los contagios suben un 10,7%, rompiendo la tendencia a la baja iniciada el 25 de marzo, y que esperanzaba a las autoridades.

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El coronavirus recuperó hoy fuerza en España, tras sumar 849 nuevos muertos en las últimas 24 horas, la cifra más alta desde que comenzó la pandemia y que eleva el total de decesos a 8.189, mientras los contagios se dispararon con 9.222 positivos, hasta ascender a 94.417.

Los contagios suben un 10,7%, rompiendo la tendencia a la baja iniciada el 25 de marzo, y que esperanzaba a las autoridades.

Por otro lado, un total de 5.607 pacientes se encuentran en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) mientras 19.259 ya han recibido el alta médica, según el último balance del Ministerio de Sanidad español.

En ese marco, sigue aumentando la presión sobre los hospitales, con más ingresos graves en Cataluña, la segunda región más afectada después de la Comunidad de Madrid.

España se encuentra bajo confinamiento desde hace 17 días, los últimos dos con medidas más restrictivas que limitan la actividad productiva a lo esencial en el marco de la lucha contra la pandemia de coronavirus, lo que incluye a toda la cadena de suministros del sector alimentario y sanitario, así como algunas actividades administrativa cruciales y mantenimiento de infraestructuras.

Además, el gobierno español tiene previsto aprobar hoy varias medidas sociales de apoyo a los ciudadanos relacionadas con la vivienda, entre ellas la prohibición durante seis meses de desalojos por impago, y la prórroga automática de los contratos que están por vencer.

Sobre la mesa también está la posibilidad de aprobar microcréditos para ayudar a aquellas persona con dificultades para pagar la renta.

Asimismo, el Consejo de Ministros estudia una moratoria en la cuota que pagan los autónomos y pymes, así como ayudas para las personas que trabajan como empleadas del hogar, muchas de ellas inmigrantes en la economía informal.

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Alemania supera los 500 muertos y suma 4.615 contagios en las últimas 24 horas

La cifra total de contagios asciende a 61.913, lo que sitúa al país como el quinto a nivel mundial en número de casos, por detrás de Estados Unidos, Italia, España y China.

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Alemania superó la barrera de los 500 muertos por coronavirus y los casos de contagios superaron los 60.000, con la confirmación de 4.615 casos nuevos entre ayer y hoy, continuando así con la tendencia de alza de los últimos días, según los datos del Instituto Robert Koch.

La agencia gubernamental alemana responsable del seguimiento de enfermedades infecciosas fijó en 583 las víctimas fatales de la pandemia, 128 registradas el último día, mientras que la cifra total de contagios asciende a 61.913, lo que sitúa al país como el quinto a nivel mundial en número de casos, por detrás de Estados Unidos, Italia, España y China.

Por la pandemia, el gobierno alemán ordenó medidas que paralizaron parcialmente la economía y provocaron situaciones inéditas. A modo de ejemplo, el aeropuerto de Frankfurt, el más importante del país, registró un caída interanual del 90% de su actividad, informó la agencia de noticias DPA.

Según Fraport, la empresa concesionaria de la central aérea, durante la semana pasada el número de pasajeros disminuyó hasta casi 119.000, lo que supuso un descenso considerable en relación a la semana anterior, cuando se contabilizaron poco más de 331.000 pasajeros.

El número de movimientos de aviones en la decimotercera semana (23 al 29 de marzo) se redujo en un 81 por ciento en relación con el año anterior, hasta llegar a los 1.836. Una semana antes aún se habían registrado 3.960 movimientos de aeronaves.

La caída de la actividad hizo que Fraport cerrara temporalmente partes de las instalaciones de las terminales 1 y 2 del aeropuerto, y ha abierto numerosos expedientes de regulación temporal de empleo para una gran parte de los empleados.

A nivel global, según el último balance de la Universidad Johns Hopkins, la pandemia del nuevo coronavirus ya se extiende a 178 países y territorios, afectando a un total de 786.291 personas y provocó 37.820 víctimas mortales.

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¿Una vendedora de mariscos?: afirman que encontraron a la primera paciente de la Covid-19:

24 personas que tenían vínculos con el mercado de Huanan, entre ellas, cuatro miembros de la misma familia, fueron diagnosticadas en diciembre.

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Una agencia de noticias china dijo que logró encontrar a la primera persona diagnosticada con el coronavirus que pronto se extendió por todo el planeta y afectó ya a cientos de miles de personas.

Se trata de una vendedora de gambas vivas del mercado mayorista de mariscos de la ciudad de Wuhan, llamada Wei, que el 11 de diciembre fue a una pequeña clínica ubicada en el edificio donde vivía porque tenía fiebre.

La mujer trabajaba en el mercado de mariscos Huanan del distrito de Jianghan -Wuhan– a menos de un kilómetro de la estación ferroviaria de Hankou. Además de mariscos, en el lugar, sellado el 1 de enero, también se vendían aves de corral, zorros vivos, cocodrilos, cachorros de lobo, salamandras gigantes, serpientes, ratas, ranas, pavos reales, puercoespines, carne de camello y de pangolines, entre otras.

Según dijo a la agencia Sina la vendedora, acostumbraba a ir para pedir a los médicos que le aplicaran una inyección de antipirético, ya que no quería faltar al trabajo. Pero esta vez, el medicamento no funcionó, de modo que se vio obligada a consultar al médico en la clínica Union Medical College Hospital, también de Wuhan, donde fue diagnosticada con el nuevo coronavirus.

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Un total de 24 personas que tenían vínculos con ese mercado de mariscos —entre ellas, cuatro miembros de la misma familia— fueron diagnosticadas con Covid-19 en diciembre.

No obstante, el caso de Chen, también citado por Sina, plantea muchas preguntas: residente en Jiangxia, a más de 30 kilómetros de Wuhan, nunca visitó el mercado epicentro del brote, pero fue diagnosticado con el coronavirus el 16 de diciembre. Tampoco se puede afirmar con certeza que el paciente cero fuera Wei, quien dice que “lo más probable es que me haya contagiado en el metro o después de ir al hospital”.

El régimen chino había designado a principios de 2020 al mercado de Wuhan como cuna de la epidemia, donde el virus habría sido transmitido de una especie animal a otra, antes de contaminar al hombre.

“Sabemos ahora que animales vivos vendidos en un mercado de pescado son la fuente del virus”, declaró a fines de enero el jefe del Centro de control y prevención de enfermedades, Gao Fu, tras la puesta en cuarentena de Wuhan.

El virus responsable de la enfermedad Covid-19 “era desconocido antes del brote epidémico que empezó en Wuhan en diciembre de 2019”, recuerda la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los análisis genéticos de muestras del nuevo coronavirus extraídas en varios países revelan una fuente común en China, según explicó Christel Donnelly, profesora de epidemiología del Imperial College de Londres.

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