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Tecnología

Según un estudio de Harvard, la IA no reduce el trabajo sino que extiende la jornada laboral

Una investigacion reveló que la adopción de herramientas de inteligencia artificial amplía tareas, reduce pausas y aumenta la multitarea, con impacto directo en la carga cognitiva de los empleados.

La promesa más repetida sobre la inteligencia artificial en el ámbito laboral es clara: más productividad en menos tiempo. Sin embargo, una investigación realizada por la Universidad de Harvard llega a una conclusión distinta.

Tras ocho meses de seguimiento en una empresa tecnológica de Estados Unidos, se detectó que la adopción de herramientas de IA no disminuyó la carga de trabajo. Y en varios casos, la incrementó.

El estudio se apoyó en observación directa dos veces por semana, análisis de canales internos de comunicación y más de 40 entrevistas a empleados de áreas como ingeniería, producto y operaciones. A partir de ese trabajo de campo, el equipo identificó tres mecanismos que explican por qué la IA puede intensificar la jornada: la expansión de tareas, la difuminación de los límites entre trabajo y descanso y el aumento de la multitarea.

Las 11 maneras en que la inteligencia artificial ya mejora la productividad y la creatividad en el trabajo. (Imagen: GeminiAI)
Las 11 maneras en que la inteligencia artificial ya mejora la productividad y la creatividad en el trabajo. (Imagen: GeminiAI)

Más posibilidades, más trabajo

Uno de los descubrimientos de la investigación es que los empleados, al incorporar IA en sus rutinas, tienden a extender su jornada y asumir nuevas responsabilidades. No se trató de una imposición formal de la empresa analizada, que no obligó al uso de estas herramientas, aunque sí ofreció suscripciones corporativas para facilitar el acceso.

Según el informe, muchos empleados trabajaban más porque la IA hacía que “trabajar más” pareciera posible, accesible y, en muchos casos, gratificante. La tecnología reducía barreras técnicas y de conocimiento, lo que alentaba a explorar tareas que antes quedaban fuera de su alcance.

En la práctica, eso se tradujo en gerentes de producto y diseñadores escribiendo código, investigadores asumiendo funciones de ingeniería y empleados ocupándose de tareas que antes se externalizaban o se postergaban. La IA, al ofrecer retroalimentación inmediata y asistencia constante, amplió el perímetro de acción de cada rol. El resultado fue una carga total mayor.

Menos pausas y límites más difusos

El segundo mecanismo detectado tiene que ver con el tiempo: la IA facilita que el trabajo se infiltre en momentos que antes estaban reservados para pausas o actividades personales.

El estudio recolectó testimonios de empleados que trabajaban durante el almuerzo, en reuniones o en tiempos muertos. Con el paso de las semanas, esa dinámica redujo los espacios de descanso y volvió más difuso el límite entre vida laboral y personal.

Así, la expectativa de eficiencia se convirtió, en muchos casos, en una oportunidad para incorporar nuevas tareas en los mismos márgenes de tiempo.

Multitarea permanente y carga cognitiva

El tercer mecanismo es el crecimiento de la multitarea. La inteligencia artificial permite gestionar hilos paralelos de trabajo: mientras una persona redacta o programa, la IA puede generar alternativas, sugerencias o ejecutar procesos en segundo plano. También facilita reactivar proyectos pendientes gracias a la posibilidad de delegar partes del trabajo en la automatización.

Esta dinámica deriva en un flujo constante de cambios de atención, revisión de resultados y acumulación de tareas abiertas. Aunque la actividad pueda parecer ágil y productiva, la investigación definió ese fenómeno como un “constante malabarismo” que mantiene una carga cognitiva sostenida.

La combinación de expansión de tareas, menos pausas y más frentes abiertos incrementa el riesgo de fatiga y agotamiento, incluso cuando la percepción inicial es de mayor eficiencia.

Qué recomiendan los especialistas

El informe propone tres estrategias organizacionales. La primera es introducir pausas intencionales que permitan evaluar y asimilar decisiones antes de avanzar con nuevas tareas. La segunda es practicar la secuenciación del trabajo, es decir, estructurar el flujo en fases claras y proteger momentos de concentración sin interrupciones. La tercera apunta a reforzar la conexión humana, para contrarrestar el aislamiento y sostener la creatividad a través del intercambio y el diálogo.

La investigación no cuestiona el potencial productivo de la inteligencia artificial. Lo que advierte es que, sin marcos claros y límites definidos, la eficiencia que promete puede transformarse en una expansión silenciosa del trabajo. En lugar de liberar tiempo, la IA puede terminar ocupándolo.

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