Estos vinos históricos vuelven a estar en copa de todos. Gracias a su paso fluido, resultan ideales para servir refrescado y pueden ser protagonistas tanto del momento del aperitivo como de la mesa acompañando diversas recetas veraniegas
El vino clarete nace de la combinación de variedades tintas y blancas, generalmente cofermentadas, aunque también pueden ser el resultado de una mezcla de vino blanco y vino tinto, algo que está permitido en la Argentina, bajo ciertas normativas del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).
En el país, la legislación permite la mezcla de vinos (cortes) de distintas cosechas y variedades, y que vinos blancos tengan contacto con uvas tintas (vinificadas en blanco) o la mezcla de productos finales, siempre que se cumplan las normativas de etiquetado y registros oficiales.
Pero la mezcla de vinos blancos y tintos, que es una práctica aceptada a menudo para ajustar color o acidez, suele emplearse en vinos de calidad básica. Es por ello que el renacimiento de esta categoría histórica es a mano de vinos que nacen de uvas cofermentadas. Se caracterizan por su intenso color rosado, aunque no sean vinos rosados. Porque a diferencia de ellos, el clarete se elabora con un proceso similar al del vino tinto (fermentación con hollejos), pero por un tiempo corto, lo que le confiere un color rubí intenso u “ojo de gallo”, de aspecto algo traslúcido, que se asocia más a los de los tintos livianos.
Es un vino que tiene una larga historia y tradición en la cultura vinícola argentina, aunque su origen está en Burdeos, en el siglo XI con su “Vanclaret”, un tinto ligero popularizado en Inglaterra tras la unión de Leonor de Aquitania y Enrique II. De hecho, la denominación Claret, es el término con el que los británicos denominaban a esos vinos tintos claros y brillantes provenientes de Burdeos.

No obstante, tradicionalmente, también se elaboran regiones como La Rioja y Cigales en España donde se mezclan de uvas tintas (Tempranillo) y blancas (Viura), generalmente cultivadas juntas y fermentadas en conjunto. Y si bien el origen es francés, el estilo de vino (mezcla de blancas y tintas) es un pilar histórico en la viticultura española, particularmente en Castilla y La Rioja, donde se elaboraban en lagares subterráneos desde el siglo XII. Y es de allí que proviene la tradición de hacer claretes en la Argentina.
Los originales se elaboraban de manera tradicional y siguiendo métodos ancestrales, ya sea porque las uvas se cosechaban y fermentaban todas juntas, sin tener los mismos grados de madurez. O bien por mezcla de los vinos con objetivos “correctivos”, ya sea para fijar el color en los tintos, aportarles una mayor frescura, gracias a la mayor acidez natural que suelen tener los vinos blancos, o “ajustar” sus aromas y sabores. Por sus características de elaboración, son vinos que ofrecen una alternativa distintiva en cuánto a la complejidad de sus sabores y texturas, ya que ofrece aspectos de ambos; blancos y tintos.
Para la elaboración tradicional del vino clarete se usan técnicas antiguas. Se inicia con la elección de las mejores uvas, que se prensan juntas para hacer el vino. Después, el líquido se fermenta en acero inoxidable o en barricas de roble. Aquí es donde adquiere su complejidad y mejoran su estructura.

En la Argentina, no hay una combinación preestablecida para este tipo de vinos. Por un lado, uvas tintas como Malbec, Bonarda o Tempranillo, aportan color y cuerpo, mientas que blancas como Torrontés, Chenin Blanc o Chardonnay, aportan frescura y resaltan aromas. El resultado, es un vino “tinto liviano” de sabores equilibrados.
Pero para ello, la elección de las variedades de uva es clave, más allá de la extracción durante la maceración y fermentación. Ya que un exceso en las tintas, derivaría en un vino tinto o, en el mejor de los casos, le daría al clarete, taninos muy marcados que no es lo que se espera de un vino de esta categoría. Por otra parte, se pueden dividir los claretes por su estilo; joven y crianza.
El primero es fresco, con mucha fruta y se bebe joven, y el segundo El vino, que madura en barricas de roble, es más complejo y ofrece sabores especiados, y es ideal para lucir en las mesas veraniegas, porque se puede servir refrescado, sin que pierda sus atributos. Tradicionalmente, se bebe con comidas del mediterráneo, va bien con ensaladas, carnes asadas, pescados, arroces y pastas. La refrescante acidez del clarete mejora el sabor de esos platos. Pero hoy en día, puede ir más allá de lo tradicional, y maridar con platos más complejos a base de carnes rojas en salsa, guisos y quesos.

Actualmente en la Argentina, la creatividad de los enólogos es bien aprovechada por jóvenes chefs, que experimentan mucho sus nuevos vinos, buscando las mejores opciones. Su elaboración ha ido mejorando con el tiempo, comenzando de forma tradicional, y hoy, con nuevas tecnologías en las bodegas.
Para disfrutar al máximo un vino clarete, hay que seguir ciertas indicaciones de servicio. La temperatura ideal está entre 10°C y 12°C. Así, el vino mostrará todo su aroma y frescura. Mejor en copas medianas de forma balón o troncocónicas, ya que ayudan a que el vino respire, realzando sus aromas y sabores. Además, se aprecia mejor su color único.
En definitiva, el clarete es una opción refrescante y versátil, que vuelve a estar en copa de todos, principalmente gracias a su acidez, que invita a otro trago. Se puede disfrutar en cualquier situación, pero es perfecto para una comida casual, porque le agrega frescura y un toque de complejidad a lo que se sirva.
Un dato curioso. En San Asensio, España, hay una fiesta que es única. Allí, se celebra la Batalla del Clarete desde 1973, en la que se usan hasta 40.000 litros de vino como “arma arrojadiza”. Es una celebración que fue elegida como Fiesta de Interés Turístico Regional, y atrae a turistas de todas partes.
Este “revival” que vive la categoría en la Argentina, tiene que ver también con la puesta en valor de variedades tradicionales que hasta hace poco solo se empleaban para elaborar vinos de calidad básica. Con Mendoza y San Juan como principales productores, y mediante la cofermentación de uvas tintas y blancas (como Criolla Grande, Moscatel y Torrontés). Se obtienen por la fermentación conjunta de dichas uvas, y a veces, se realiza una breve maceración pelicular.
El vino clarete se define como el procedente de mostos de mezclas de uvas blancas y tintas o de sus mostos, y cuya fermentación se hace en presencia de los hollejos tintos. Se tiene en cuenta que es una fermentación parcial la que se hace en presencia de los hollejos tintos. Según la definición de la comunidad Europea, se elabora como un vino tinto, pero con mezcla de mosto blanco y vendimia tinta.

Es decir que la diferencia entre un rosado y un clarete es que mientras el primero se elabora como un vino blanco con uvas tintas o mezcla de tintas y blancas, el clarete es como un rosado, pero elaborado a la manera de los tintos y con periodos de maceración cortos. En España, la Denominación de Origen Cigales y Rioja, han sido históricamente las regiones con la producción de claretes de mayor calidad y fuente de inspiración para otros productores, como los argentinos.
19 Claretes: los vinos tintos que reviven en verano
-Jugo de Uva Tinto
Bodega Correa Grieco, Mendoza $5.000
Es una bodega joven que apuesta por la identidad y el legado familiar del vino argentino, en un escenario vitivinícola cada vez más competitivo, donde la tradición convive con nuevas miradas. Más allá de su propuesta vitivinícola, la bodega amplía su horizonte con jugos naturales de uva, una alternativa que conserva la pureza de la fruta y refuerza el vínculo con la materia prima. Ideal para los que buscan una opción sin alcohol, pero quieren disfrutar de esas tonalidades y esos aromas y sabores de la uva de los claretes, pero en estado puro, llega este jugo 100% natural, pensado para compartir en la mesa familiar.

-Adentro Cacheño Parral Clarete
Bodega Adentro, Salta, Cachi $13.000
Es un blend de 50% Malbec y 50% Torrontés de su propia finca, donde cultivan de manera sustentable. Cosechan las uvas a mano, y en bodega las co-fermentan, utilizando levaduras naturales. El vino no tiene contacto con madera. Resulta fresco y con carácter, más frutado que especiado, con algunos tonos vegetales que remiten su origen extremo.
-NN Malbec Clarete
Maal Wines, Mendoza, Valle de Uco, El Zampal $14.000
Para lograr el color “clarete” de este vino, se lleva a cabo una maceración de solo dos horas. Su polémico nombre tiene una explicación sencilla; Ni tinto Ni rosado. Es un 100% Malbec elaborado como vino ligero, con una somera crianza en barricas. El resultado es una expresión envolvente y refrescante, que dista tanto de los tintos como de los rosados.

-Vino Clarete Galileo Viñedo Lejano
Galileo, Mendoza, Maipú $14.500
El enólogo Norberto Páez elabora desde hace algunos años este clarete, un vino que se ubica entre un tinto ligero y un rosado, perfecto para quienes buscan vinos fáciles de disfrutar y con un perfil moderno y amigable. Elaborado mediante maceraciones cortas de uvas tintas seleccionadas, buscando un equilibrio entre fruta fresca, estructura ligera y frescura.
-Lagarde Criolla
Lagarde, Mendoza, Valle de Uco, Tupungato $15.000
Este vino llama mucho la atención, por fuera y por dentro. Su botella transparente deja ver su color rojo cereza profundo, más de clarete que de tinto. Sus aromas expresivos causan buen impacto. De paladar franco y fresco, con texturas incipientes y un carácter frutado particular.

-Atardecer Clarete de Criollas
Suspiro del Viento, Mendoza, Valle de Uco $18.000
Un vino criollo que envuelve con su frescura ligera y vibrante, descontracturado, que despierta los sentidos. Este clarete ofrece una expresión auténtica del territorio, con aromas sutiles a frutas rojas y flores delicadas, ideal para quienes buscan un vino versátil, ligero y con identidad local.
-Folie Rosé Clarete
Entrevero Wines, Mendoza $18.000
Matías Prieto es uno de los “New Power Wine Generation”, y como tal se anima a innovar inspirado en los viejos claretes. Combinando uvas Chenin del Valle de Uco con Malbec de Las Compuertas, logró un vino de aspecto rosado intenso, aromas expresivos y vinosos, y buen volumen, con un carácter de frutas rojas. Fácil de tomar, pero con cuerpo, mejor para servir en la mesa bien fresco.
-Vino Fruto Clarete
Martino Wines, Mendoza, Valle de Uco $18.500
Fruto es la línea joven de la bodega, pensada y llevada adelante por la nueva generación. Se trata de un clarete elaborado a partir de uvas orgánicas provenientes principalmente en Valle de Uco. Este vino, siguiendo la tradición en la elaboración de este tipo de vinos; combinando uvas tintas y blancas, con maceraciones cortas y extracciones suaves, para dar con un vino ligero, pero con carácter propio.

-La Vaquita Clarete
Santa Julia, Mendoza, Maipú $20.500
Es un vino natural, sin filtrar y sin sulfitos añadidos, que combina notas frutales y florales. Se elabora cofermentando uvas blancas de Torrontés (20%) con Malbec, todo a racimo entero. De trago fluido y herbal, también joven y fresco, con algo goloso sobre el final. De paladar franco y bien logrado. Puede considerarse tinto en sabor, pero no así en aromas ni en estructura. Es un clarete en plena forma, de textura delicada y perfil frutado.
-Cara Sucia Criolla
Durigutti Family Winemakers, Mendoza, Rivadavia $22.000
Proveniente del Este, más precisamente Rivadavia, que honra la cuna de los hermanos Durigutti. Elaborado con uvas de viñedos orgánicos, vinificadas en piletas de cemento, es un vino con aspecto de clarete, aromas frutados maduros con toques rústicos, propios del varietal. Paladar fresco, con taninos incipientes y final de especias secas.
-Antropo Clarete
Antropo Wines, Jujuy, Valle Templado $23.500
Original clarete, por fuera y por dentro. Blend cofermentado de Syrah y Chardonnay (20%). De muy buen color y aromas frescos, con una punta de oxidación y algo resinoso. De texturas mordientes, con un carácter frutal rústico pero que le aporta carácter a su final de boca.

-Arale Criolla Grande, Gewurztraminer
GaragenWeine, Mendoza $28.000
Este flamante emprendimiento nace de un viaje personal por las bodegas de Argentina. Y con sus vinos co-creados con diferentes enólogos, Gonzalo busca honrar sus antepasados, alemanes y argentinos. Por eso, la combinación de este clarete es a base de Criolla Grande con un toque de Gewurztraminer. De aspecto opalescente, aromas austeros y paladar fresco, apoyado en sus texturas.
-Un Elefante en un Bazar Clarete de Criollas
Elefante Wines, San Juan, Valle de Pedernal $28.000
La expresión “Un Elefante en un Bazar” se refiere a un equilibrio inestable, una situación donde algo se va a romper, por eso eligieron este nombre para su línea más disruptiva de vinos, donde trabajan prácticamente sin sulfitos, con levaduras nativas, vinificaciones no tradicionales y/o variedades autóctonas. En este caso un clarete de uvas criollas cosechado en forma manual a principios de febrero, de parrales encontrados en la parte de atrás de una casa de Pedernal.

-Amiguito Criolla Grande
Aleanna, Mendoza, Zona Este, Rivadavia $28.200
El hacedor de este vino, Alejandro Vigil, demuestra que es capaz de hacer los vinos más complejos y valuados de la Argentina, pero, al mismo tiempo, vinos para tomar sin pensar, para disfrutar sin vueltas. Eso es “Amiguito”, un “clarete” de Criolla Grande de aspecto rojo-guinda pálido. Paladar fresco y sin mucha fuerza. Hay algo rústico en su paso por boca, bien equilibrado con esas notas de fruta roja que caracterizan a la cepa.
-Alfil Claret
Finca Los Dragones, San Juan, Valle de Calingasta $29.000
Es una de las creaciones de “El Vasco” Andrés Biscaisaque, a cargo de la viticultura y enología; un andinista que unió su pasión por las montañas con la agricultura sustentable y el vino. Elaborado con uvas criollas de Calingasta, este clarete propone un tono entre terroso y frutado, con una frescura elevada. Es distinto y sabroso, más cerca de un tinto que de un rosado, ideal para disfrutar por copa a última hora de la tarde con algunos quesos.

-Claro de Luna Clarete
Juan Bonetto, Mendoza, Valle de Uco, Gualtallary $30.000
Para lograr este clarete sin sulfitos agregados, se realizó una cofermentación 50/50 de Criollas Blancas y Malbec. Previamente se pisaron las uvas con racimo entero antes de la fermentación, y al finalizar la cofermentaron, continuaron fermentando sin sus pieles por 4 días más. Por último, el vino pasó un invierno en barrica de roble francés, de quinto uso, de 225 litros. Es ágil y mordiente, con buena fruta roja y aromas especiados.
-Obra de la Montaña Dezed Clarete
Obra de la Montaña, Salta, Cafayate $33.500
Combinación de 80% Malbec y 20% Torrontés. En este clarete, la blanca domina la aromática mientras que la tinta define el paladar. Floral, con un innegable tono de Torrontés, en boca es suave y refrescante, de textura lisa. Bebido refrescado, resulta perfecto para una picada.
-Ver Sacrum Clarete
Ver Sacrum, Mendoza, Valle de Uco $35.000
Es una mezcla de Garnacha y Marsanne, que en algunas añadas suma algo de Syrah. Expresivo, fresco y de sabor frutado, propone un vino ideal de aperitivo, más cerca de un rosé que de un tinto. Por sus características, fluido y con texturas incipientes, es una excelente opción para servir acompañando una picada.
-Matías Riccitelli V.I.N.O. Clarete
Matías Riccitelli Wines, Mendoza $46.000
Elaborado con técnicas ancestrales, la sigla significa Viticultura Independiente Natural y Orgánica (V.I.N.O.), y nace de la combinación de uvas criollas tintas y blancas cultivadas bajo ese enfoque. Es un vino transgresor, con energía de paladar y buen carácter frutado. Sus taninos incipientes resaltan la frescura en el final de boca.












































