Aunque muchos creen que es una enfermedad de otra época, en terreno seguimos encontrando personas que viven con lepra hoy. Hombres y mujeres con manchas en la piel que nadie supo interpretar. Personas que perdieron sensibilidad en manos y pies sin entender por qué se lastimaban sin sentir dolor.
Atendimos a una mujer que llevaba años con lesiones cutáneas y adormecimiento en los dedos. Pensaba que era “alergia” o “mala circulación”. Ya tenía heridas que no cicatrizaban porque los nervios estaban afectados. No era castigo divino: era lepra, una infección que hoy tiene cura.
También vimos a un hombre con debilidad progresiva en las manos, incapaz de sostener herramientas. El problema no era solo la bacteria, era el daño neurológico silencioso por falta de diagnóstico temprano. Cada día sin tratamiento significaba más discapacidad.
La lepra se transmite por contacto estrecho y prolongado, no es altamente contagiosa y deja de transmitirse poco después de iniciar el tratamiento.
Existe medicación eficaz, gratuita a nivel mundial, que cura la enfermedad. Lo que muchas veces no existe es el acceso al sistema de salud, pero además del tratamiento, estas personas necesitan algo igual de importante: contención. Porque todavía cargan con el peso del estigma, del miedo y del aislamiento que históricamente acompañaron a esta enfermedad.
La lepra no debería producir deformidades hoy. Cuando las vemos, no estamos frente a un misterio médico: estamos frente a años de abandono sanitario.
Donde hay diagnóstico temprano, hay cura.
📌 La imagen que acompaña este posteo fue creada con inteligencia artificial para proteger la identidad de las personas atendidas.
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ENASHU – Ayuda Médico Humanitaria









































