Cuatro menores desaparecieron en barrios residenciales durante dos inviernos consecutivos y fueron hallados sin vida días después; la investigación movilizó a cientos de agentes, sembró miedo entre las familias y dejó una herida abierta que aún espera respuestas
En los inviernos de 1976 y 1977, la tranquilidad habitual de Oakland County, una zona suburbana a 30 millas de Detroit, se vio abruptamente interrumpida. Cuatro niños desaparecieron en distintas fechas y, tras días de búsqueda, las autoridades hallaron sus cuerpos sin vida en la nieve, en lugares cercanos a sus hogares.
Las víctimas, Mark Douglas Stebbins (12), Jill Robinson (12), Kristine Marie Mihelich (10) y Timothy John King (11), provenían de diferentes familias del lugar. Los crímenes ocurrieron dentro de barrios residenciales, entre diciembre de 1976 y marzo de 1977. A pesar de los esfuerzos de la policía, el responsable nunca fue identificado.
Las investigaciones determinaron que el asesino retuvo a los niños entre tres días y casi tres semanas. Durante ese tiempo, los bañó, alimentó y les lavó la ropa. Luego, los mató por estrangulamiento o asfixia, excepto en un caso, donde utilizó un arma de fuego.
Los cuerpos aparecieron en lugares públicos: a la vista de casas, en zanjas o al costado de carreteras, cubiertos por la nieve. Según fuentes policiales citadas por PEOPLE, la mayoría presentaba signos de haber sido aseados y alimentados antes de morir. Algunos sufrieron abuso sexual.
El impacto en las familias y la comunidad
Mark Stebbins desapareció tras asistir a un torneo de billar. Su madre, Ruth, notó su ausencia y contactó a la policía. Cuatro días después, hallaron el cuerpo en un estacionamiento a cuatro kilómetros de su casa.

Ruth relató a PEOPLE el dolor que sintió durante la búsqueda: “Escuchaba ruidos y pensaba que era Mark. Los días siguientes puse tres platos en la mesa, esperando que volviera”.
En el mismo sitio del hallazgo, la familia encontró más tarde una tarjeta conmemorativa repartida en el funeral. Ruth expresó: “No reconocí a todos los que asistieron. Puede que haya estrechado la mano del asesino”.
La pérdida de Jill Robinson también conmocionó a su familia. Su madre, Karol, describió el dolor ante PEOPLE: “Lo más difícil es cuando alguien me pregunta cuántos hijos tengo y contesto tres. Ahora son solo dos”.
Kristine Marie Mihelich estuvo desaparecida 19 días. Su madre, Deborah Ascroft, apareció en televisión para pedir ayuda. Finalmente, un cartero halló el cuerpo de Kristine a diez kilómetros de su casa, enterrado en la nieve. “Vivía un infierno”, declaró Ascroft. “Kris era una alegría. Por eso, quien la tomó la retuvo tanto tiempo. Disfrutaba de su compañía. Esto es lo que nos decimos y prefiero no pensar otra cosa”.
Timothy King, el menor de las víctimas, no volvió a casa tras ir a la farmacia. Su madre, Marion, escribió una carta al asesino en la portada de un diario local. Seis días después de su desaparición, la policía encontró el cuerpo de Timothy en una zanja a 17 kilómetros de su hogar.

Una ola de miedo y una investigación histórica
La serie de crímenes generó pánico en Oakland County. Las autoridades distribuyeron calcomanías con el mensaje “No vayas con extraños”, camisetas y anuncios radiales para advertir a la población. Asimismo, ofrecieron una recompensa de USD 70.000 por información que condujera a una detención.
De acuerdo con PEOPLE, la policía estatal de Michigan lideró el operativo de búsqueda. Se formó una fuerza especial, la más grande en la historia de ese tipo de investigaciones en Estados Unidos hasta ese momento.
El grupo trabajó hasta 1978, pero no logró identificar al asesino. Algunos testigos, bajo hipnosis, describieron a un hombre presente cerca del lugar donde secuestraron a Timothy King, lo que permitió crear retratos hablados. Sin embargo, esas pistas no avanzaron.
Un trabajador social de la zona explicó a PEOPLE: “Cuando atrapen al asesino, habrá que desprogramar a los niños. En circunstancias normales, el miedo que les inculcamos sería dañino”.

Sin sospechosos oficiales y una huella imborrable
El caso, conocido como el del Oakland County Child Killer (OCCK), permanece sin resolver casi 50 años después. Las investigaciones relacionaron otros tres asesinatos de menores, de entre 12 y 17 años, aunque nunca confirmaron el vínculo. No existe ningún sospechoso oficial.
El caso inspiró una miniserie documental en 2019, “Children of the Snow”, emitida por Hulu, donde familiares y el autor J. Reuben Appelman intentaron arrojar luz sobre el crimen. El misterio y el dolor siguen presentes en Oakland County. Las familias de las víctimas continúan esperando respuestas.
La comunidad recuerda a las víctimas y mantiene la esperanza de que algún día se esclarezca la identidad del asesino. El temor, la tristeza y la indignación por la falta de justicia permanecen latentes, mientras las autoridades y las familias insisten en la necesidad de resolver uno de los crímenes más impactantes en la historia de Michigan.










































