Introducción La política despierta pasiones y expectativas, sobre todo cuando dirigentes históricos o populares llegan a cargos de representación nacional. En ese contexto, las decisiones sobre designaciones y equipos de trabajo se vuelven objeto de debate público y de evaluación por parte de quienes apoyaron al dirigente durante la campaña y durante años de militancia. El reciente reclamo de militantes peronistas del Chaco —que cuestionan el nombramiento de Guillermina Capitanich y de referentes de La Cámpora como asesores del senador Jorge “Coqui” Capitanich— abre una conversación necesaria sobre mérito, representatividad y la relación entre liderazgo y base partidaria.
- La percepción del privilegio frente al esfuerzo militante Para muchos militantes, la política no es solo una actividad profesional sino una forma de compromiso: recorrer barrios, organizar actividades, persuadir y sostener la presencia partidaria. Cuando figuras que no participaron de esa tarea cotidiana acceden a cargos remunerados en la órbita de un representante electo, surge una sensación de injusticia. El reclamo expuesto tiene raíces legítimas: quienes “se mataron caminando y trabajando” esperan que la distribución de responsabilidades y empleos políticos valore ese esfuerzo y reconozca la lealtad territorial y el sacrificio personal.
- Nepotismo y redes de confianza: dilemas y riesgos Nombrar a una hija o a personas cercanas puede explicarse desde la óptica de la confianza y la seguridad en la discreción y la alineación política. Un senador puede preferir rodearse de colaboradoras con afinidad ideológica y de absoluta confianza para avanzar en su agenda. Sin embargo, cuando esas decisiones se perciben como nepotismo —favorecer a familiares por encima del mérito— se mina la legitimidad del funcionario y se alimenta el descrédito público. Además, la presencia predominante de integrantes de agrupaciones juveniles como La Cámpora en puestos de asesoría puede interpretarse como un sesgo hacia ciertos espacios partidarios, dejando al resto de la militancia fuera de la representación institucional.
- Profesionalismo y capacidades: lo que interesa a la ciudadanía Más allá de la procedencia, la sociedad y la propia militancia suelen valorar el profesionalismo de quienes ocupan cargos públicos: capacidades técnicas, experiencia, compromiso y resultados. Si las y los nombrados demuestran eficacia, transparencia y dedicación, la polémica puede mitigarse; si, por el contrario, se percibe que los nombramientos responden a favores o clientelismo, la desilusión se profundiza. Por eso, la discusión debería centrarse en estándares objetivos: perfiles exigentes para puestos de confianza y procesos claros de selección que prioricen idoneidad.
- La lógica de espacio político vs. la lógica territorial La presencia de referentes nacionales o de agrupaciones con proyección nacional en la estructura de un senador puede responder a una estrategia política: articular acciones legislativas y conectar la gestión con redes más amplias. No obstante, esa lógica muchas veces choca con la expectativa territorial de los militantes locales que sostuvieron la campaña en su propio distrito. Reconciliar ambas dimensiones implica equilibrar la integración de equipos con vocación nacional con la inclusión de cuadros locales que conozcan la problemática concreta del Chaco.
- Propuestas para desactivar la tensión y fortalecer la confianza
- Transparencia en los criterios de designación: explicar públicamente los motivos y las competencias que justifican los nombramientos.
- Espacios de diálogo con la militancia local: encuentros periódicos para escuchar reclamos, dar cuenta de la gestión y abrir canales de propuesta.
- Combinación de perfiles: alternar nombramientos de confianza con la incorporación de militantes territoriales en roles técnicos o de coordinación.
- Evaluación por objetivos: definir metas claras para el trabajo de asesores y publicar informes de cumplimiento que permitan valorar el desempeño más allá del origen político.
- Promover concursos o convocatorias públicas para determinados cargos técnicos, cuando corresponda, preservando la posibilidad de designaciones de confianza para funciones estrictamente políticas.
Conclusión La inquietud expresada por militantes peronistas del Chaco es legítima y refleja una tensión recurrente en la política: la necesidad de combinar redes de confianza del dirigente con la demanda de reconocimiento y representación de quienes trabajaron en territorio. Si el propósito es fortalecer el proyecto político y conservar la base militante, resulta imprescindible que las designaciones públicas se expliquen con claridad, que privilegien la idoneidad y que se abran mecanismos de inclusión para quienes sostuvieron la campaña. Solo así se puede minimizar la percepción de privilegio o clientelismo y reconstruir la confianza entre liderazgo y base.

RADIO CLAN FM // EL CLANDESTINO













































