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Las apuestas online y la adicción al juego, un problema que crece entre los adolescentes

Los chicos suelen sumarse a la tendencia por recomendación de amigos y, como desde los 13 años pueden tener billeteras virtuales, está facilitado el acceso a las distintas plataformas. El consejo de los expertos.

Los juegos de azar se convirtieron en una preocupación creciente: al incremento en la oferta de apuestas en línea le sigue la disminución en la edad de sus usuarios. Se trata de un fenómeno mundial que avanza sostenido por la publicidad en camisetas y equipos de fútbol; también a través de difusión en redes sociales de influencers y streamers. A estos factores, se suman la alta cantidad de horas que chicos y chicas pasan en internet y el acceso a dispositivos móviles desde edades cada vez más tempranas.

Históricamente, los juegos de azar y apuestas estaban limitados a la población adulta. Hoy, se observa la participación de niños y adolescentes en apuestas en línea. Esta participación se da mayormente entre varones a partir de los 12 años, aunque las estadísticas todavía son difíciles de precisar porque la práctica se realiza muchas veces de manera clandestina u oculta.

Si bien la actividad lúdica en la infancia fortalece las funciones cognitivas esenciales; el auge de las apuestas en línea plantea riesgos para la salud mental y el desarrollo de los adolescentes.

Las adicciones a la tecnología, en general, comparten similitudes con las adicciones tradicionales puesto que producen dependencia y abstinencia. “Las adicciones tecnológicas están incluidas dentro de la categoría de adicciones comportamentales”, explica la doctora Gisela Rotblat (M.N. 111.628), jefa del Servicio de Salud Mental Pediátrica del Hospital Italiano. La particularidad, según dice, es que al no tener una sustancia implicada, las personas y su entorno tardan en notar que el hábito se ha vuelto patológico.

Las consecuencias de las apuestas

La alarma se enciende cuando se cae en conductas excesivas y repetitivas, abandonando otros comportamientos que antes resultaban gratificantes, por la necesidad de obtener un estado de bienestar o eliminar uno de malestar. Lo cierto es que todo ese cuadro se potencia en adolescentes y los deja más vulnerables, “el cerebro termina de desarrollarse en la adultez temprana, las áreas que aún permanecen inmaduras durante la adolescencia son aquellas involucradas en la toma de decisiones y evaluación de las consecuencias, la corteza prefrontal.”, afirma Rotblat.

Las consecuencias de las apuestas y juegos de azar en adolescentes van más allá de lo financiero. Se observa un deterioro en los vínculos familiares y sociales, sedentarismo, obesidad, alteración del sueño, aislamiento, la tendencia a mentir y realizar gastos compulsivos ya que en general estos gastos son realizados de manera secreta con tarjetas de crédito de los adultos, y un aumento de la irritabilidad y la violencia, al igual que la depresión y la ansiedad.

Casinos virtuales: una alerta para los padres de adolescentes que encuentran el juego a la alcance del celular. (Foto: Adobe Stock)
Casinos virtuales: una alerta para los padres de adolescentes que encuentran el juego a la alcance del celular. (Foto: Adobe Stock)

“El adolescente busca reconocimiento entre sus pares y la afirmación de sus condiciones a través del valor simbólico del dinero y el ganar. Se suma también a un contexto de validación que existe en las redes sociales sobre este tipo de prácticas. Lo negativo es que obviamente esto es azaroso y trae muchas complicaciones”, dijo el doctor Andrés Luccisano (M.N. 122.284), subjefe del Servicio de Salud Mental Pediátrica del Hospital Italiano.

“De la misma manera, repercute en la familia, que muchas veces se entera tardíamente. Pero también se registran situaciones donde desde el hogar naturalizan las apuestas y disminuyen sus riesgos. Por eso es importante la concientización sobre el tema”, agregó Rotblat.

Si bien nos encontramos ante un fenómeno creciente, no contamos todavía con estadísticas concretas en nuestro país que permitan dimensionar objetivamente esta realidad, ya sea porque aún no es reconocido como un problema certero o por la dificultad para acceder a los datos. A modo de referencia, tomamos la información de dos instituciones españolas: el ministerio de Consumo de España destaca el crecimiento de los jugadores en línea menores de 25 años, que pasaron del 28% al 48% entre 2016 y 2021. Mientras, la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados observa un descenso en la edad promedio de inicio del juego a 15 años de edad y detalla que las apuestas en línea pasaron a ser la principal causa de ludopatía en menores de 26 años entre la población a la que asiste.

Llamado a la acción y consejos para las familias

Los profesionales de la salud, las instituciones educativas, las familias y la sociedad toda deben tomar conciencia de esta problemática emergente. Lo mejor es dar lugar a una comunicación abierta con los chicos, establecer límites al acceso a las tecnologías y fomentar hábitos digitales responsables.

“Vivimos en una época en la cual la gratificación inmediata prevalece sobre el esfuerzo y las frustraciones son vehiculizadas a través de acciones impulsivas en detrimento del pensamiento, del registro de las emociones y su tramitación mediante la palabra. Por eso es crucial prestar atención a las señales, concientizar e implementar estrategias preventivas para que el juego siga siendo juego”, señala el licenciado Damián Supply (M.N. 44.122), coordinador del área de Prevención y promoción de salud en niñez y adolescencia del departamento de Pediatría del Hospital Italiano.

Estos son algunos de los consejos para las familias que transmiten los especialistas:

  1. Habilitar otras prácticas o ámbitos de reconocimiento, de pertenencia y de entornos saludables, como los deportivos, culturales y los creativos.
  2. Ampliar canales de comunicación con los adolescentes respetando los intereses individuales.
  3. Acercarse para conocerlos y compartir, no para juzgar lo que hacen o lo que les gusta.
  4. Mostrarse dispuestos a entender su mundo.
  5. No dejar a disposición del adolescente tarjetas de crédito y/o claves personales.
  6. Promover un uso limitado y responsable de tecnologías con acceso a otras actividades que favorezcan lazos sociales, actividad deportiva y motivar el autocuidado.
  7. Conversar sobre los riesgos y anticipar consecuencia
  8. Buscar reemplazar por otras actividades y compartir los momentos de juegos.
  9. Evitar el “todo o nada” con los castigos y construir un balance.

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