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Recien salio y ya se filtro como sera el Iphone 2018: Mas grande y con precio record

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A pocos meses de salida al mercado del iPhone X, filtraron los planes de Apple para el 2018 y parece que volverán a lanzar tres nuevos celulares.
Ming-Chi Kuo de KGI Securities, un analista fuertemente conectado con los fabricantes asiáticos que trabajan para Apple, predijo que la empresa lanzará tres nuevos iPhones el próximo año. Dos modelos con pantalla OLED de 6,5 y 5,8 pulgadas y un tercero con una TFT-LCD de 6,1 pulgadas, todos equipados con una cámara frontal TrueDepth como la que tiene el actual iPhone X.
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El especialista cree que Apple volverá a jugar la carta del celular accesible como lo hizo con el iPhone 5c y el iPhone SE. El equipo estará dirigido al sector medio del mercado y Kuo prevé un precio que ronda entre los US$ 649 y los US$ 749. El más chico de los nuevos “iPhone X” costará US$ 999.

Según informó Business Insider, los nuevos modelos podrían impulsar un ciclo de recambio de iPhones. Kuo estima que fabricarán entre 100 millones y 120 millones de dispositivos en la segunda mitad del 2018. Este fenómeno debería haberse producido este año, pero la escasez de equipos lo demoró.
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Infotechnology.com FLORENCIA PULLA

Por lo general, Apple lanza sus nuevos celulares en septiembre y, aunque falta y puede sufrir cambios, los ejecutivos de la empresa anunciaron que cierran los diseños de los nuevos iPhone en noviembre, con lo cual, los datos que recopiló Ming-Chi Kuo podrían ser los definitivos.

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Llegó el Pokémon Go católico y al Papa Francisco le gustó

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Se llama Follow JC Go y fue desarrollado por la Fundación Ramón Pané. Está disponible, de manera gratuita, para iOS y Android.

Se llama Follow JC Go y permite buscar personajes de la Biblia con el celular. Se trata de un juego de realidad aumentada que, a través del GPS, le permite al usuario ir tras los pasos de María, santos y beatos.

Fue desarrollado por la Fundación Ramón Pané y se presentó el 16 de octubre. Por su lógica de juego, muchos lo denominan el “Pokémon Go católico”.

El Papa recibió a sus creadores y le dio su visto bueno al proyecto. No sabía sobre esta iniciativa pero cuando vio el juego, que le mostraron sus creadores, le gustó.

La app, que está disponible para iOS Android, se puede descargar sin cargo. Los jugadores deben crear su eTeam (equipo evangelizador) que estará conformado por amigos, personajes bíblicos, santos, beatos y advocaciones Marianas.

La app se pude descargar, sin costo, en iOS y Android.

La app se pude descargar, sin costo, en iOS y Android.

El eTeam, constituido por personas reales y personajes virtuales, acompañarán al usuario en su día a día, así como en varios eventos religiosos como, por ejemplo, la Jornada Mundial de la Juventud de Panamá, prevista para enero de 2019.

Para avanzar en el juego hay que cumplir misiones individuales y grupales; así como buscar y responder trivias para incorporar coleccionables al eTeam. A su vez, durante el recorrido virtual, los jugadores encontrarán información y videos informativos sobre temas bíblicos.

Además de ir reuniendo personajes a medida que se avanza por la ciudad, los jugadores también podrán intercambiar mensajes y revisar mutuamente los perfiles de otros usuarios que se encuentren en la zona.

Podrán hacerse amigos y reunirse para afrontar algunos de los desafíos que se proponen desde la app o realizar obras de misericordia. El trabajo en equipo y las nuevas amistades suman puntajes dentro de este juego.

En el camino se encontrarán “denarios”, la antigua moneda romana que se podrá usar para realizar obras de misericordia. En la app también se encontrará información sobre puntos de interés cercanos al usuario como iglesias, santuarios, lugares de interés turístico, hoteles y transporte público.

“Es el resultado de una larga investigación de la Fundación Ramón Pané y sus equipos internacionales, viendo cómo funciona la vida de los jóvenes, cómo ellos leen, aprenden, estudian, juegan y se diviertan, cómo participan de la vida social. La mayoría de los jóvenes de las ciudades la comunicación la hacen a través de teléfonos inteligentes”, explicó Ricardo Grzona, director ejecutivo de la fundación, según publicó La Stampa.

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Órganos impresos en 3D en la Argentina: para qué sirven, cómo se usan y por qué pueden mejorar los tratamientos oncológicos

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A escala real, se imprimen en el país piezas que permiten tomar decisiones más acertadas antes de una operación. La limitación: el alto costo.

Impresión 3D en cirugías para decisiones más acertadas, en este caso en Fundación Favaloro (Mirai)
Impresión 3D en cirugías para decisiones más acertadas, en este caso en Fundación Favaloro (Mirai)

No es nuevo. La impresión 3D llegó a los tratamientos médicos en la Argentina hace algunos años. Diferentes profesionales de la salud señalan a Infobae que fue entre 2012 y 2014, cuando comenzaron a hacer las primeras pruebas en casos de alta complejidad.  Hoy, esta tecnología comienza a pisar más fuerte.

Prótesis y órganos completos, o partes a estudiar o intervenir, a escala real, son fabricados en impresoras 3D. Es innovación, aun, en medicina y forma parte de la cuarta revolución industrial que refiere a la unión y convivencia de tecnologías digitales, físicas y biológicas.

En el país, el sector público y privado en el ámbito de la salud está sumando impresión 3D, especialmente, desarrollando biomodelos. Son piezas que replican a escala real determinado órgano o parte de éste para ser usado en diferentes tratamientos médicos.

En tratamientos contra el cáncer

“En los primeros modelos, estereolitográficos -conocidos como SLA- o a través de la imagen de tomografía, tomábamos la imagen, y a través de un software, se llevaba a una impresora 3D. Se imprimía, por ejemplo, adónde estaba el tumor en una mandíbula”, explica a Infobae Roque Adan, jefe del servicio de Cabeza y Cuello del Instituto de Oncología Ángel H. Roffo.

¿Cómo evolucionó entonces esta tecnología? Responde: “Lo que se hace ahora es lo que se llama planificación virtual que no solo brinda los modelos, sino que se pueden hacer guías de corte. Se planifica la cirugía a través de la computadora y una vez que está toda la planificación, se lleva a la impresora”.

Estas planificaciones las realizan empresas, señala Adán. Asegura también que la razón por la cual no es común usar hoy la impresión 3D en diferentes tratamientos es el alto costo que representa.

“Es un problema, pero la idea es que la cirugía se planifique antes de llevarla al paciente para evitar cualquier tipo de errores o complicaciones que pudieran suceder”, dice Adán.

Continúa: “Entonces, ahorra mucho tiempo porque ya sabes el camino que tenes que tomar y eventualmente podes evitar problemas. Y se ahorra mucho tiempo en el quirófano”.

Adán explica que cada empresa “tiene sus números”. E insiste en que el costo que tiene la tecnología es superado por el costo que puede tener una complicación. “Eso significaría más tiempo del paciente internado, más tiempo de quirófano”, añade.

En el Instituto Roffo se trabaja con impresión 3D en diferentes tipos de tumores. Con frecuencia, es usada en pacientes con cáncer en cabeza y cuello, para casos de alta complejidad.

Biomodelos: pasos a seguir

El procedimiento del trabajo con impresión 3D en tratamientos médicos podría entonces funcionar así: primero se le debe tomar una tomografía computada de la zona a intervenir o tratar al paciente. Luego se enviará al ingeniero biomédico que a través de un software realizará la planificación tridimensional para volcar todos los datos en la impresora.

“Se imprime con distintos tipos de materiales. De acuerdo a lo que imprima, el médico lo aplica a la parte académica, educacional, o se aplica en una cirugía de banco, es decir, se realiza una planificación de la cirugía que se va a desarrollar. O se aplica, en nuestro caso, en una etapa reconstructiva, para reconstruir algún órgano o elemento que necesite el paciente reconstruirse”, señala Adan.

En hospitales públicos es equidad

La Dra Ana Karina Patane, Jefa de la unidad Cirugía-Endoscopia del Hospital de Rehabilitación Respiratoria María Ferrer, explica que hace dos años comenzaron a trabajar con impresión 3D, por una propuesta de médicos del Hospital Muñiz.

Se aplicó en una patología específica que se llama estenosis traqueal (una estrechez de la tráquea que dificulta o impide la respiración”.

“Es aplicable para muchas otras patologías pero en particular, nosotros tenemos muchos volúmenes de pacientes con esta enfermedad”, dice Patane a Infobae.

Respecto del primer caso que incluyó impresión 3D en el tratamiento, explica: “Fue de una chiquita que sufrió un ahorcamiento a los 9 años, por un accidente con una hamaca y como consecuencia de ello quedó con dos estenosis traqueales. La conocí a los 21 años y venía siendo tratada con colocación de prótesis endotraqueales”.

La primera impresión 3D que llevó adelante la Dra Patane de la tráquea de la joven

La primera impresión 3D que llevó adelante la Dra Patane de la tráquea de la joven

Continúa: “Esos stents traqueales se tienen que cambiar anualmente lo que genera bastante incomodidad para el paciente. Cabe mencionar que el tratamiento definitivo de la estenosis traqueal es la cirugía para la mayoría de los casos, excepto que el paciente tenga un riesgo prohibitivo de cirugía”.

Los médicos del Muñiz y la empresa Mirai le entregaron a la doctora, dos modelos distintos impresos de la tráquea de esta enferma.

Patane señala que esas piezas eran un mapa anatómico perfecto que les permitía delimitar con exactitud la altura y la extensión de la estenosis, y también planear la vía de abordaje quirúrgico. La joven fue operada dos veces y todo salió muy bien.

“La reconstrucción 3D junto con la tomografía nos permitieron decidir la mejor vía de abordaje de acuerdo a la altura en donde se encontraba la estenosis. En hospitales públicos nos ocupamos mucho de estar a la vanguardia de todo lo que es tecnología, aun con las limitaciones presupuestarias del caso. Es todo a expensas de mucha voluntad. Debemos garantizar la equidad en la salud“, concluye la cirujana.

Cómo funciona la impresión 3D

Modelos impresos por Mirai

Modelos impresos por Mirai

Matías Biancucci, cofundador de Mirai 3D, distingue dos tipos de impresión. “No es lo mismo imprimir órganos (bioimpresión: usa material orgánico), que realizar impresión 3D de réplicas de la anatomía (generalmente llamadas biomodelos: usa polímeros sintéticos como el filamento plástico). Nuestra empresa se dedica a lo segundo“, señala a Infobae.

Desde su empresa, brindan servicio de entrenamiento y planificación en cirugía a hospitales y médicos particulares. “Nos envían la imagen médica de resonancia o tomografía, procesamos esa imagen con un software y generamos un archivo 3D digital, materializamos ese archivo con impresión 3D construyendo así una réplica exacta de la anatomía interna de cada paciente”, dice Biancucci.

En el siguiente video, con imágenes explícitas, se demuestra cómo trabajan los médicos en una cirugía de un tumor, usando el biomodelo, durante la operación. Pertenece al Dr. Gonzalo Vitagliano, Jefe de Urolaparoscopía del Hospital Alemán, pionero en el uso de impresión 3D en cirugía de riñón.

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Según señala el joven, en la actualidad, un 60% de los modelos que realizan son en filamento plástico, un 30% en polvo y un 10% en resina. Cuentan con 6 impresoras y Biancucci destaca los modelos Ultimaker 3 Extended y BCN3D Sigmax.

Dos de las impresoras las armamos nosotros comprando las partes y siguiendo el proyecto RepRap que es Open Source. Los costos varían según el volumen de la anatomía a replicar y la tecnología utilizada, desde $5.000 a $30.000, en el caso de más extrema complejidad. El software que utilizamos es especial para trabajo con temas médicos, y se llama Materialise MIMICS”, detalla el joven.

Su compañía está trabajando hace más de un año con el Instituto de Oncología Alexander Fleming, con el sector de Urolaparoscopía del Hospital Alemán (con el Dr. Gonzalo Vitagliano), con el equipo de Tórax y Trasplantes de la Fundación Favaloro (a cargo del Dr. Alejandro Bertolotti) y con el equipo de Cabeza y Cuello del Instituto de Oncología Ángel H. Roffo.

Según señalan, en general, las principales aplicaciones de esta tecnología se utilizan en casos de cirugía cardiovascular pediátrica, cabeza y cuello, traumatología y cirugía oncológica.

“Nosotros, hoy día, en la Argentina, cobramos el 85% de los casos a través de la institución o del mismo médico. Solo en un 15% de los casos el costo es asumido directamente por el paciente. En otros países probablemente sea muy diferente, ya que las coberturas de salud funcionan de otra manera”, concluye el joven.

El interés de los emprendedores

George Kassis es estudiante avanzado de ingeniería electrónica en la UNLP (Universidad Nacional de La Plata) y Eliseo Guzmán es diseñador multimedial de la misma universidad. Viven en la ciudad de La Plata y los une el mismo emprendimiento: la impresión de órganos en 3D.

Corazón a escala real en 3D

Corazón a escala real en 3D

Tienen 3 impresoras 3D, dos de éstas armados por ellos. Cuentan con el apoyo del programa de innovación abierta para el sector público y privado, Telefónica Open Future. “Apuntamos a modificar los procedimientos quirúrgicos. Analizo digitalmente y después opero”, señala a Infobae Kassis.

“Los casos que venimos trabajando son oncólogicos, en donde las tomografías no logran reflejar en real dimensión la superficie de contacto tumoral, entonces, nosotros, gracias a los modelos, podemos brindarle más información al médico, para que logre ver bien las estructuras y analizar cómo operar”, dice Guzmán.

Los jóvenes ya están trabajando con tecnología 3D en una clínica privada en La Plata y con médicos particulares. Aseguran que imprimir un órgano como el corazón, llevaría 23 horas. Pero imprimen el sector de la anatomía que realmente precisa el médico tener.

“Por ejemplo, imprimimos un tumor de más o menos un kilo y medio, a escala real, maxilofacial, en la pera. El médico necesitó no solo la precisión de ese tumor sino la unión del cráneo. Y en ese caso, no imprimimos el cráneo entero, sino ese sector y el tumor que era lo que se necesitaba”, especifican.

Los jóvenes aseguran que en la  Argentina está creciendo la industria de la impresión 3D en la medicina. “En este último año está despegando de forma más acelerada”, finalizan.

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Las tecnologías digitales están a punto de derrotar a la democracia y el orden social

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Jamie Bartlett lleva diez años trabajando en la relación entre nuevas tecnologías y democracia. Cuando comenzó escribía “panfletos sobre cómo la tecnología digitalinstilaría nueva vida en nuestro sistema político fatigado más allá de la esperanza”. Pero con el tiempo su optimismo se convirtió en realismo, y luego en nerviosismo. “Ahora está llegando a un pánico moderado”, escribió en su nuevo libro, The People Vs Tech: How the Internet Is Killing Democracy (and How We Save It).

El pueblo versus la tecnología: Cómo internet está matando la democracia (y cómo la salvamos) abre con una advertencia: “En los próximos años o bien la tecnología destruirá la democracia y el orden social tal como los conocemos, o la política impondrá su autoridad sobre el mundo digital. Se vuelve cada vez más claro que la tecnología está ganando esta batalla”.

Bartlett, director del Centro para el Análisis de las Redes Sociales del think tank británico Demos en conjunto con la Universidad de Sussex, se refiere específicamente a las “tecnologías digitales asociadas con Silicon Valley: plataformas de redes sociales, datos masivos, tecnología móvil e inteligencia artificial, que dominan cada vez más a vida económica, política y social”. Como experto en el área las valora: cree que tienden a expandir las capacidades humanas y hasta a crear más felicidad. “Pero eso no significa que sean buenas para la democracia”.

Las redes sociales, los datos masivos, la tecnología móvil y la inteligencia artificial afectan a la democracia, que es analógica.

Las redes sociales, los datos masivos, la tecnología móvil y la inteligencia artificial afectan a la democracia, que es analógica.

En realidad, reconoce, son universos opuestos. A cambio de los beneficios de una revolución –que, además, está apenas en sus comienzos–, las democracias occidentales han permitido que se socavaran componentes centrales del sistema: control, soberanía parlamentaria, igualdad económica, sociedad civil, ciudadanía informada.

“En un nivel profundo, estos dos grandes sistemas —tecnología y democracia— están trabados en una lucha encarnizada. Son los productos de épocas completamente diferentes y funcionan según distintas reglas y principios. El engranaje de la democracia se construyó en la era de los estados nacionales, las jerarquías, la sumisión y las economías industrializadas. Las características fundamentales de la tecnología digital van en contra de este modelo: es no-geográfica, descentralizada, impulsada por datos, sujeta a los efectos de red y el crecimiento exponencial“.

En pocas palabras: “la democracia no fue creada para esto”. Apenas debajo de la devoción de Silicon Valley por la conectividad, las redes y las comunidades globales asoma el autoritarismo.

Jamie Bartlett, autor de un análisis integral sobre cómo la tecnología digital amenaza la democracia occidental y el orden social que la acompaña. (Penguin Australia)

Jamie Bartlett, autor de un análisis integral sobre cómo la tecnología digital amenaza la democracia occidental y el orden social que la acompaña. (Penguin Australia)

Pero no al estilo de la década de 1930: “Creo que la democracia va a fracasar de maneras nuevas e inesperadas. La distopía amenazante a temer es una democracia vacía dirigida por máquinas inteligentes y una nueva élite de tecnócratas‘progresistas’ pero autoritarios. Y lo peor es que mucha gente la va a preferir, dado que probablemente les ofrezca más prosperidad y seguridad que lo que tenemos hoy”.

Aunque concede a los empresarios de Silicon Valley una fe honesta en el poder emancipador de la tecnología digital, Bartlett la ve peligrosa. “La democracia es analógica, no digital”, escribió.

Seis pilares hacen que la democracia funcione, sintetizó: ciudadanos activos, una cultura común, elecciones libres, igualdad entre las partes interesadas, competencia económica con libertad civil y confianza en la autoridad. Los seis son vulnerables a las tecnologías y alrededor de esos problemas organizó el libro.

Los ciudadanos dejan de ser activos por la adicción a los dispositivos y las plataformas. “Vivimos en un panóptico publicitario gigante”, definió. “El sistema de recolección de datos y predicción es apenas la manifestación más reciente en una larga historia de esfuerzos para controlarnos“. Aunque Facebook haya elegido como domicilio 1 Hacker Way, que asocia la marca con la rebeldía, su linaje es otro, menos romántico: la publicidad, el uso de la psicología para influir en la decisión de compra de las personas. “Google, Snapchat, Twitter, Instagram, Facebook y demás hace rato que han dejado de ser empresas tecnológicas: son también firmas publicitarias. Aproximadamente el 90% de los ingresos de Facebook y Google provienen de vender avisos“.

Bartlett midió su propia conducta y descubrió que, excepto cuando duerme, mira el teléfono una vez cada 12 minutos. Citó a Adam Alter, quien advirtió que la adicción al alcohol y el tabaco están dejando espacio a la dependencia digital: no es que la gente —en especial, los jóvenes— rechacen esas y otras sustancias para vivir más sanamente, sino que sus cerebros reciben las descargas de dopamina de otras fuentes, como el “me gusta” o el click.

“En 2004 Facebook era divertido”, escribió Alter. “En 2016 es adictivo”. En el camino, surgió la “economía de la atención”.

Las redes sociales crean ciudadanos pasivos, adictos a la pantalla en busca del “me gusta” o el click.

Las redes sociales crean ciudadanos pasivos, adictos a la pantalla en busca del “me gusta” o el click.

Sean Parker, co-fundador y ex presidente de Facebook, reconoció que él y Mark Zuckerberg explotaron “una vulnerabilidad en la psicología humana” al diseñar las plataformas para “consumir la mayor cantidad de tiempo y atención consciente” del usuario. “Es un circuito cerrado de retroalimentación de validación social”.

Los datos están en el centro del asunto: permiten a las empresas conocer al usuario más de lo que él se conoce a sí mismo, y dirigirle avisos a medida. Actualmente los datos existentes superan la capacidad humana de procesamiento, pero en 2020 habrá cuatro veces más dispositivos que los recojan: 50.000 millones de aspiradoras de información en teléfonos, automóviles, electrodomésticos, ropa, libros, juguetes… De allí el valor de los algoritmos que sí pueden procesar esos volúmenes enormes de datos, y más: “Lo aterrador de los algoritmos de datos masivos es cómo pueden averiguar cosas sobre nosotros”, según el autor.

Dio el ejemplo de los estudios de Michal Kosinksi, de la Universidad de Stanford, sobre perfiles de usuarios armados a partir de sus “me gusta” en Facebook. Los algoritmos “pueden tomar sus preferencias musicales o literarias y extraer de esta información aparentemente inocente predicciones muy exactas sobre tu religiosidad, potencial de liderazgo, opiniones políticas, personalidad”, lo citó.

La campaña presidencial de EEUU en 2016 fue un fuerte ejemplo de la “datificación” de las elecciones, como llamó Jamie Bartlett al fenómeno. (AP)

La campaña presidencial de EEUU en 2016 fue un fuerte ejemplo de la “datificación” de las elecciones, como llamó Jamie Bartlett al fenómeno. (AP)

¿El objetivo? Publicidad. De comida para perros. De seguros de salud. De candidatos políticos.

Y más: el panóptico moderno, “esta clase de visibilidad y monitoreo permanente, es una manera de imponer conformidad y docilidad. Estar siempre bajo vigilancia y saber que las cosas que uno dice se juntan y se comparten crea una autocensura moderada pero constante“. Eso daña la capacidad de desarrollar un juicio propio como ciudadano. Porque para pensar por uno mismo, es necesario cometer errores y aprender. “Pero las redes sociales crean una forma extraña de actuación política, en la que todos representamos ciertos papeles y existen respuestas aceptables“. ¿Hizo alguien un comentario idiota en Twitter a los 14 años? Existirá para siempre y se podrá volver a publicar tal como está, fuera de contexto, cuando esa persona tenga 64 años. “Más y más gente concluirá que es más seguro simplemente no decir nada”.

Un problema adicional es la manipulación. Si el objetivo es que una persona pase más tiempo en una plataforma para mostrarle más publicidad, “¿qué pasa si a los antisemitas se les dirige cada vez más contenido violento personalizado simplemente porque un modelo sugiere que pasarán más tiempo mirándolo? O quizás se puede vender un 20% más de antidepresivos si se contacta a la gente en cierto momento de la semana y se le dirigen mensajes que bajan la autoestima”.

Cambridge Analytica también usó datos de Facebook para influir a los votantes a favor del Brexit.

Cambridge Analytica también usó datos de Facebook para influir a los votantes a favor del Brexit.

Delegar las decisiones en la inteligencia artificial (porque no sólo una máquina hará mejores diagnósticos que un médico, sino que se podrán tercerizar en algoritmos el voto y la educación de los hijos) no sólo eliminaría la dimensión moral del ser humano, también erosionaría su capacidad de pensar libremente. “Dado lo malos que a veces somos al tomar decisiones difíciles, el resultado podría ser una sociedad más sabia y más humana. Pero difícilmente se podría llamar democracia a un lugar así“.

Una cultura común, curiosamente, es algo que se pierde con la plena conectividad y el exceso informativo, que en realidad alientan las pequeñas tribus, donde las reacciones emocionales y la lealtad superan a la razón y la comprensión. “Los líderes políticos evolucionan con el nuevo medio de información: de ahí el ascenso de populistas que prometen respuestas emotivas, inmediatas y totales“, interpretó Bartlett. “Pero las tribus beligerantes de ciudadanos sin eje, confundidos, son las precursoras del totalitarismo”.

Expresiones como burbuja de filtros, noticias falsas y posverdad se han popularizado a medida que las noticias circularon por las plataformas y la desinformación hizo que las personas recortaran sus fuentes a la medida de sus creencias. “Con la conexión infinita, encontramos gente similar y con ideas similares, y nos apiñamos”. La fragmentación no tiene límite: “En internet cualquier puede encontrar cualquier clase de comunidadque desee (o inventar la propia)”, señaló el autor. “Cualquiera que esté molesto puede ahora, automáticamente, a veces algorítmicamente, encontrar a otra gente que está molesta de manera similar”.

El fenómeno de la re-tribalización que producen las redes sociales fue explotado por Internet Research Agency, grupo cercano al Kremlin, durante las elecciones presidenciales de EEUU.

El fenómeno de la re-tribalización que producen las redes sociales fue explotado por Internet Research Agency, grupo cercano al Kremlin, durante las elecciones presidenciales de EEUU.

Así la re-tribalización puede conducir a la alt-right o al veganismo radical, y la cámara de resonancia de la red convierte cualquier grupo en una horda. “El tribalismo es comprensible, pero en definitiva daña la democracia, porque tiene el efecto de agrandar las pequeñas diferencias entre nosotros y transformarlas en golfos enormes, insuperables“.

Internet, como medio ante todo emocional, exacerba la tendencia humana al tribalismo y la reacción sin reflexión. Pero, advirtió el especialista, “si el partidismo se impone a todo, la democracia deja de funcionar porque el acuerdo se vuelve imposible“.

La red también permite el acceso a las tribus enemigas. “Veo perspectivas opuestas a la mía todo el tiempo; rara vez me cambian la opinión, y con más frecuencia simplemente confirman mi creencia en que soy la única persona cuerda en un mar de idiotas“, ironizó.

La característica es de los humanos, no de la tecnología. Sin embargo, las tecnológicas “convirtieron estas debilidades psicológicas en rasgos estructurales del consumo de noticias y las explotaron para ganar dinero”, observó el texto. “Sus incentivos financieros algunas veces van en contra de la necesidad democrática que la gente tiene de estar informada y nutrirse de un arco amplio de fuentes e ideas ciertas“.

Zuckerberg puede insistir en que Facebook es una plataforma, donde circulan todos los contenidos —no un medio, donde se publica o se ignora según una línea editorial— pero en la realidad eso sólo tiene efectos legales. “Ser aparentemente neutral es en sí una suerte de decisión editorial. Todo en las redes sociales está editado, por lo general por algún misterioso algoritmo en lugar de un editor humano. Estos algoritmos fueron diseñados para brindarle a alguien contenido que probablemente va a clickear, puesto que eso significa el potencial de vender más publicidad”.

Aun la más leve de las confirmaciones sesgadas crea un ciclo de auto-perpetuación, una burbuja en la que no hay otro. Y sin otro no hace falta democracia.

La legitimidad de las elecciones se pone en cuestión a partir de la manipulación de la intención de voto que hacen posible los datos masivos. (Reuters)

La legitimidad de las elecciones se pone en cuestión a partir de la manipulación de la intención de voto que hacen posible los datos masivos. (Reuters)

Uno de los temas centrales del libro, la pérdida de legitimidad de las elecciones libres, muestra cómo “los datos masivos y la micro-localización pueden ganar votos”. Por ejemplo, Aunque Hillary Clinton lo superó por casi 2,9 millones de votos en los Estados Unidos, Trump obtuvo la mayoría del Colegio Electoral porque ganó en cuatro estados decisivos gracias al modo en que hizo su campaña en redes sociales allí.

Todo el trabajo de Cambridge Analytica, tanto para Ted Cruz como para el actual mandatario, se basó en la construcción de perfiles a partir de la información personal de 87 millones de usuarios de Facebook (que no lo sabían, mucho menos lo habían autorizado). Y esta competencia no va a terminar, advirtió Bartlett. “Cada elección se datifica de esta manera, realizada por una red de contratistas privados y analistas de datos que ofrecen estas técnicas a los partidos políticos en todo el mundo”.

El problema mayor que ve, si se deja estas técnicas sin control, es que su evolución “va a cambiar cómo hacemos una opción política, qué clase de gente elegimos e incluso si pensamos que nuestros comicios son realmente libres y justos“.

Cambridge Analityca trabajó con datos malversados a 87 millones de usuarios de Facebook, razón por la cual la red social debió dar explicaciones a las autoridades en EEUU y Europa.

Cambridge Analityca trabajó con datos malversados a 87 millones de usuarios de Facebook, razón por la cual la red social debió dar explicaciones a las autoridades en EEUU y Europa.

Si los partidos políticos tradicionales han girado alrededor de la construcción de programas, ideas que permitían que ciudadanos con intereses variados se organizaran colectivamente, el big data es lo opuesto: la atomización, la división en grupos de intereses específicos al punto de un modelo personalizado. “Si cada quien recibe un mensaje personalizado, no hay debate público común: sólo millones de debates privados”, ilustró el experto.

Una consecuencia es que reduce la responsabilidad de los funcionarios: “La hiperpersonalización incentiva a los políticos para hacer distintas promesas a distintos ‘universos’ de usuarios”. Inclusive contradictorios: no hay manera de exigir rendición de cuentas. Tampoco las autoridades pueden verificar la legitimidad del mensaje (si no contiene mentiras, por ejemplo) dado que son una miríada de avisos personalizados.

Y los psicográficos de Alexander Nix, el CEO de Cambridge Analytica, son pintura rupestre en comparación con el identikit del votante que podría permitir la internet de las cosas. “Dentro de una década, la heladera sabrá a que hora comemos, el auto conocerá dónde estuvimos, el asistente del hogar calculará nuestro nivel de ira por el tono de la voz”, ilustró. Al cruzar los datos, las consultoras del futuro cercano establecerán que aquel que se irrita cuando tiene hambre será más sensible a los avisos de candidatos autoritarios antes de la cena, cuando regresa del trabajo, por ejemplo.

Echo, el asistente personal de Amazon, y otros dispositivos conectados a al red poseerán una cantidad gigantesca de datos sobre los votantes del porvenir cercano.

Echo, el asistente personal de Amazon, y otros dispositivos conectados a al red poseerán una cantidad gigantesca de datos sobre los votantes del porvenir cercano.

Y como la naturaleza del mensaje digital es la deslocalización geográfica, podría llegar de las oficinas de Internet Research Agency, el centro de la injerencia rusa en las elecciones estadounidenses de 2016. “En el cuadrilátero rojo: un negocio multimillonario de influencia y control que se vuelve más exacto y dirigido cada año. En el cuadrilátero azul: un puñado de reglas electorales viejas y obsoletas diseñadas para la era de los medios masivos y el proselitismo puerta a puerta“.

Bartlett también aborda el problema de la desigualdad social a partir del impacto de la inteligencia artificial en el mercado de trabajo. “En lugar de especular sobre un ‘futuro sin trabajo’ deberíamos preocuparnos por la creciente desigualdad“, advirtió. Que podría ser tan aguda como para “borrar de la faz de la Tierra a la clase media”.

El paso del aprendizaje automático al aprendizaje profundo (por el cual en lugar de darles ejemplos a las máquinas se les establecería un conjunto de reglas para que resolvieran los problemas por sí mismas) puede demorar, pero afectará seriamente el tejido social. El texto pone como ejemplo a los conductores de camiones que serían innecesarios. Aunque Silicon Valley dice que los desempleados podrían recapacitarse como desarrolladores de redes, Bartlett cree que es más probable que terminen en “trabajos más precarios, temporarios, de bajos ingresos“. Tal vez puedan “limpiar las máquinas que limpian las máquinas que reparan los camiones sin conductor que alguna vez ocuparon”.

La irrupción de la inteligencia artificial en el mercado de trabajo, como los 100.000 robots que ya trabajan en los depósitos de Amazon, amenaza la existencia de la clase media.

La irrupción de la inteligencia artificial en el mercado de trabajo, como los 100.000 robots que ya trabajan en los depósitos de Amazon, amenaza la existencia de la clase media.

Los trabajos no rutinarios (los que requieren intuición, creatividad y pensamiento independiente en situaciones cambiantes), que son muy bien pagos (ingeniero de Google) o muy mal pagos (jardinero) no encabezan la lista de los reemplazables: “Son los empleos en el medio, que se podrían llamar ‘de conocimientos rutinarios’, los que estarán más en riesgo“: de operadores de trenes a consejeros de hipotecas, de liquidador de impuestos a radiólogos.

Otro problema es la tendencia de las tecnologías al privilegio: a un aumento de la productividad del 80% correspondió un aumento del salario del 10% y “como regla general, la tecnología da poder a quienes tienen el dinero o las habilidades para aprovecharla“. Los ocho hombres más ricos del mundo poseen ya más que la mitad más pobre de la población mundial, y cuatro de ellos son fundadores de compañías tecnológicas.

Lo cual lleva al punto siguiente: competencia económica con libertad civil. “La ilustración más extrema —y en los próximos años, probablemente la más urgente— sobre cómo las tecnologías digitales impulsa la desigualdad es la creación de enormes monopolios tecnológicos“. Cinco de las empresas con mayor valor de mercado del mundo son de Silicon Valley.

Las grandes empresas de Silicon Valley son también los grandes monopolios del mundo, con gran capacidad para el lobby político y para el control cultural. (iStock)

Las grandes empresas de Silicon Valley son también los grandes monopolios del mundo, con gran capacidad para el lobby político y para el control cultural. (iStock)

La tendencia es tan inesperada como fatal: la tecnología crea monopolios. Pero no sólo económicos: también políticos y culturales. Su manera de hacer lobby difiere de las grandes empresas tradicionales en varios factores, entre ellos en que las tecnológicas “poseen las plataformas en las cuales se publica el material”, con lo cual tienen, en sí mismas, una “importante influencia sobre la opinión pública y el activismo”. Así muere la idea de asociación libre en los ciudadanos.

Bartlett llega al último punto de su libro: el reclamo de la protección de la privacidad ha dado lugar al surgimiento de una “cripto-anarquía”, que aspira a socavar los grandes poderes —incluido el de los estados— mediante la encriptación. En nombre del respeto al dominio individual de los datos propios, “amenaza con debilitar al estado casi al punto de su colapso”.

La tecnología de cifrado de clave pública más popular es bitcoin, que el libro describe como “más que dinero: una nueva forma de manejar información“. La enorme base de datos donde se guarda cada transacción que se realiza en bitcoin, blockchain, “puede también guardar otra información”. Y eso podría ser “tan revolucionario como la misma internet, porque representa una manera de guardar información mucho más descentralizada“.

La tecnología blockchain permite guardar todo tipo de información, no sólo transacciones económicas, de manera descentralizada. (Getty Images)

La tecnología blockchain permite guardar todo tipo de información, no sólo transacciones económicas, de manera descentralizada. (Getty Images)

En países con gobiernos diferentes de la democracia occidental, estas tecnologías ayudan a proteger a los ciudadanos y la información pública de una manera crucial. Y en las democracias, que son un sistema donde la libertad puede ser eliminada (si uno no paga los impuestos o comete un delito, por ejemplo), “la cripto-anarquía es dinamita contra el control estatal, porque desafía la autoridad del gobierno para coercionar a la gente que se halla dentro de sus fronteras y a controlar la información”.

El ejemplo más simple es el modo en que estas tecnologías terminan con la confianza de los individuos en el sistema judicial: “¿Qué pasa cuando, por ejemplo, nuestra policía simplemente no puede eliminar material ilegal de la red? ¿O cuando no pueden perseguir cibercriminales o detener el software malicioso?”. Cuando los derechos de una persona no terminan donde comienzan los de otra, la democracia deja de funcionar.

Jamie Bartlett comenzó escribiendo panfletos optimistas sobre el modo en que la tecnología mejoraría el sistema político. Ahora avizora el fin de la democracia. (Flickr)

Jamie Bartlett comenzó escribiendo panfletos optimistas sobre el modo en que la tecnología mejoraría el sistema político. Ahora avizora el fin de la democracia. (Flickr)

“Si transportásemos a 2018 a Locke, Rousseau, Jefferson, Montesquieu, estarían deslumbrados por nuestros smartphones, aviones, bitcoins, hospitales, emojis y lanzacohetes. También estarían asombrados de descubrir que todavía nuestras democracias funcionen del mismo modo que en los días de carruajes y caballos, mosquetes y velas“, observó el autor. “Como la inteligencia artificial, la democracia es una tecnología de propósito general”, recordó: dado que puede cambiar, cada una de sus fases debería ser un producto de su época.

Su conclusión es sombría: “A menos que modifiquemos el rumbo, la democracia será arrasada por la tecnología y se unirá al feudalismo, las monarquías supremas y el comunismo como otro experimento político que funcionó por un tiempo”. Cree, sin embargo, que todavía se está a tiempo de evitarlo.

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