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Lanús y Vélez igualaron sin goles en el partido disputado en el sur bonaerense por la undécima fecha del torneo de la Superliga.

Este es el último partido de Jorge Almirón como DT del Granate, ya que a partir de la semana próxima dirigirá al club Las Palmas de España.

Vélez terminó con diez hombres por la expulsión de Fausto Grillo, a los 40 minutos del segundo tiempo, por doble amarilla

Lanús, que viene de perder la final de la Copa Libertadores por primera vez en su historia frente a Gremio, fue un equipo previsible y sufrió de contragolpe contra un Vélez que tuvo más y mejores chances para quedarse con la victoria, pero las desperdició.

Almirón, despedido con cánticos positivos por los hinchas azulgranas en el estadio “Néstor Díaz Pérez”, viajará el próximo miércoles rumbo a España, donde asumirá como entrenador de Las Palmas.

Atrás dejará una historia de amor mutuo con Lanús, al que llevó a ganar tres títulos y dejó a las puertas de la Copa Libertadores, llegando a la final por primera vez para el Granate.

Vélez, que terminó con diez hombres por la expulsión de Fausto Grillo a los 40 minutos del segundo tiempo, por doble amarilla, tuvo a Marcelo Gómez en el banco, quien apuesta a quedarse pese a que fue nombrado en forma interina.

Fue el Fortín el que seguramente al ver el resumen se lamente por las opciones tan claras que falló de cara al arquero Fernando Monetti.

El protagonista principal de ellas fue el paraguayo Luis Amarilla: a los seis minutos Monetti le ganó un mano a mano y un rato más tarde se la quiso picar ante el achique del arquero pero definió afuera.

La respuesta de Lanús a ese mejor arranque de Vélez fue tras una corrida en diagonal de Lautaro Acosta, que cedió para Moreno, quien remató cruzado y afuera del arco de César Rigamonti.

La polémica de la tarde fue la jugada en la que Acosta intentó ir a buscar un centro dentro del área chica y fue desestabilizado por Hernán de la Fuente, que pareció penal pero no fue sancionado por el árbitro Jorge Baliño.

En el complemento, Vélez cargó mucho desde la pelota parada y tuvo dos claras desde ese sistema.

Primero Braghieri se la sacó justo de la cabeza cuando Fausto Grillo iba a empujar al arco vacío y después otra vez Amarilla definió con la testa afuera ante una mala salida de Monetti, tras un córner.

Ya con Gonzalo Bergessio en cancha y con Lanús yendo en forma desesperada en busca del gol que le permitiera regalarle un triunfo a Almirón quedó mal parado atrás.

Y el juvenil Nazareno Bazán (sobrino del eterno goleador del ascenso “Indio” Bazán Vera) no pudo darle la rosca necesaria a su remate para que se coloque en el segundo palo del arco granate.

Fue un pálido 0-0 en el Sur bonaerense, que no le sirve a ninguno para olvidar su mal pasar tanto en la Superliga como a nivel institucional.

 

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Cómo quedaron los bombos del sorteo de la Copa

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Luego de la clasificación de Independiente, se definieron los siete equipos argentinos que jugarán la Copa Libertadores 2018, seis de los cuales ya saben su distribución en los bombos de cara al sorteo de la fase de grupos, que se realizará el próximo 20 de diciembre en Luque, Paraguay.

De esos seis clubes clasificados directamente, cuatro son los más grandes de la historia del fútbol argentino, donde River (subcampeón Liga 2016/17) y Boca (campeón Liga 16/17) serán cabezas de serie, mientras que Independiente (campeón Copa Sudamericana) estará en el Bombo 2 y Racing (4to en Liga 16/17) en el Bombo 3.

El quinto representante argentino es Estudiantes de La Plata (3ero de Liga 16/17) que irá al Bombo 2, y el sexto Atlético Tucumán (5to de Liga 16/17), ubicado en el Bombo 4, que también espera por la suerte de Banfield, que jugará el repechaje.

El torneo, que tendrá una extensión anual al igual que en 2017, tiene a casi todos sus 47 equipos definidos, porque falta cerrarse cuatro plazas (dos de Colombia, uno de Bolivia y el restante de Chile).

Esta edición de la Copa Libertadores, la quincuagésima novena, tendrá clubes de muchísima jerarquía a nivel sudamericano, 17 de los cuales ya han levantado alguna vez este trofeo: Boca, River, Estudiantes, Racing e Independiente (Argentina); Cruzeiro, Corinthians, Gremio, Palmeiras, Santos, Flamengo y Vasco da Gama (Brasil); Nacional y Peñarol (Uruguay); Colo Colo (Chile); Olimpia (Paraguay) y Atlético Nacional (Colombia).

En ese sentido, a la espera de la definición de las plazas, así quedaría la distribución de los diferentes bombos para el sorteo del próximo miércoles, ordenado por el Ranking Conmebol:

Bombo 1: Gremio (Brasil); River; Boca; Atlético Nacional (Colombia); Peñarol (Uruguay); Santos (Brasil); Corinthians (Brasil); Cruzeiro (Brasil).

Bombo 2: Independiente; Emelec (Ecuador); Estudiantes de La Plata; Cerro Porteño (Paraguay); Palmeiras (Brasil); Bolívar (Bolivia); Libertad (Paraguay); Universidad de Chile.

Bombo 3: The Strongest (Bolivia); Colo Colo (Chile); Racing; Flamengo (Brasil); Defensor Sporting (Uruguay); Alianza Lima (Perú); Real Garcilaso (Perú); Colombia 2.

Bombo 4: Atlético Tucumán; Deportivo Lara (Venezuela); Delfín (Ecuador); Monagas (Venezuela); más los cuatro vencedores del Repechaje.

 

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La caravana del campeón hasta Avellaneda

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El plantel de Independiente ofrendó el trofeo de la Copa Sudamericana a sus hinchas en el estadio “Libertadores de América”, donde culminó una caravana que inició desde que bajó del avión y tuvo una rotura del micro en el medio.

Más de siete mil personas coparon las tribunas del estadio en Avellaneda, pese a que se trataba de un día laborable y en horario vespertino, y una vez que los jugadores y el cuerpo técnico llegaron para dar la vuelta olímpica, invadieron el campo de juego.

 

Allí, los campeones recibieron el afecto de los hinchas, que vestidos con alguna prenda roja o camiseta del club, se fotografiaron y agradecieron este nuevo título para la institución, el número 17 a nivel internacional.

Un rato antes, luego de la consagración en Brasil ante Flamengo, miles de hinchas acompañaron al micro descapotable todo rojo que partió desde el aeroparque metropolitano “Jorge Newbery”, que pasó por el Obelisco y culminó en la cancha.

 

Es cierto que en el medio hubo un cambio de ómnibus, porque se averió y no pudo continuar su marcha por la autopista “9 de Julio Sur”.

En el micro se observó a un exultante Ariel Holan con gorra y anteojos de sol festejando como un jugador más, al tiempo que varios futbolistas se pasaban la copa de mano en mano.

“Me quedo con la pasión y convicción del equipo, que fue liderada por un capitán muy grande como Tagliafico. Yo aprendí esto de los propios jugadores y entrenadores de Independiente, porque es la identidad de nuestro fútbol, no siempre se puede salir campeón, pero ya como hincha y socio del club estaba muy conforme con que recuperara la identidad“, destacó Holan, en declaraciones a TyC Sports, en pleno campo de juego.

 

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Por esas lágrimas de Ariel Holan

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La noche previa a la final que se jugó en Avellaneda pasé por el hotel donde concentra el plantel de Independiente y tuve la suerte de cruzarme con Ariel Holan. Hablamos del equipo, del Maracaná, del sueño copero. Hasta que en un momento me contó una anécdota: cuando era pibe, a los cuatro o cinco años, un abuelo le había regalado un grabador de cinta y él lo usaba para registrar sus propios relatos de partidos, pero no de partidos intrascendentes o amistosos insulsos, el niño Holan grababa una final, una súper final, una finalísima entre Independiente y una Selección Mundial integrada solo por los tres o cuatro jugadores europeos que conocía. Con leves variantes, el partido era siempre el mismo: el Rojo empezaba perdiendo, la pasaba mal y a duras penas conseguía empatar, entonces el entrenador se la jugaba y metía un cambio. ¿Quién entraba? Holan, por supuesto. Y ocurría: el jugador Holan convertía el gol del triunfo que el niño Holan relataba con alaridos durante las siestas en Lomas de Zamora.

Holan, el técnico, me contó esta historia con los ojos vidriosos, y me mostró los pelos erizados del brazo, como si necesitara una prueba para demostrar que su historia con Independiente es auténtica. Y algo más: me hizo escuchar un audio de WhatsApp con la voz de su nieto de apenas dos años que canta “señores dejo todo, me voy a ver al Rojo, porque los jugadores, me van a demostrar, que salen a ganar, quieren salir campeón, que lo llevan adentro, como lo llevo yo”. Y me explicó: “Ves, esto es Independiente para mí y para mi familia”.

 

En ese momento quise más que nunca que el Rojo saliera campeón. Por el club, por los hinchas y también por el técnico.

Hace una semana que estoy de vacaciones con mi familia a siete mil kilómetros del Maracaná, en una ciudad donde no se enganchan ni con los partidos de los mundiales. Tuve que mirar la final en una tablet prestada y a través de un streaming trucho. Como recuerdo de esta Copa Sudamericana me quedan esos noventa minutos con la vista clavada en una pantalla diminuta, el festejo en soledad y el llanto de Holan, ese desahogo furioso, pasional y emotivo de aquel pibe que a los cuatro años soñaba con sacar campeón a Independiente.

 

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