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La inflación de agosto llegó a 3,9% y acumula un 24,17%

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Según el INDEC, el incremento de precios ya lleva un crecimiento interanual de 34,3%, y en lo que va del año la inflación subió 24,17%.

El Índice de Precios al Consumidor de agosto fue el más alto del año y marcó una suba del 3,9%, por lo que en los primeros ocho meses del año la inflación acumulada alcanzó el 24,3%, según publicó este jueves el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

Hasta ahora el récord lo tenía el mes de junio con 3,7% ciento y el dato de agosto fue condicionado por la fuerte suba del dólar en los últimos días de Agosto -pese a que aún la suba no fue totalmente trasladada a los precios- y por las subas en los servicios.

Dentro de los rubros que más aumentaron están los gastos de vivienda (6,2%), comunicaciones (12,4%), salud (4%) y alimentos (4%).

Los alimentos que más aumentaron fueron el tomate redondo (10,6%), el pollo (8,8%), arroz (7%), batata (6,5%) manzana (6,3%), leche entera en sachet (5%) y queso cremoso (5,5%).

La región metropolitana (Capital y GBA) encabeza el ránking de mayor inflación, con el 3,7%. El número de inflación porteña también se conoció este jueves y en lo que va del año los precios acumulan un aumento del 23,9%. Los rubros que más subieron fueron los gastos de vivienda, transporte y comunicación, todos con aumentos del 5%.

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El Gobierno acordó con el FMI una ampliación del préstamo

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El nuevo monto será un crédito de hasta 5 mil millones de dólares, por encima de los 30 mil millones que deberían ingresar en la próxima cuota.
El equipo económico del Gobierno acordó en Buenos Aires una ampliación del acuerdo original por US$30 mil millones con el FMI. Según informa ámbito.com, habría un principio de acuerdo para una ampliación de fondos por entre US$3 mil y US$5 mil millones que se agregarían al monto original.

“Estamos negociando para adelantar todos los fondos del acuerdo inicial, a esto se le suma una extensión del préstamo original de US$5 mil millones. Ese es el tope que el FMI considera que puede otorgar por encima para una ampliación”, explicaron fuentes cercanas a la negociación.

Este fin de semana hubo negociaciones entre funcionarios nacionales y los técnicos del FMI para concretar el acuerdo y llegar a una definición sobre el manejo de tipo de cambio.

Se espera que el anuncio oficial pueda hacerse antes de que Macri deje Nueva York y que los futuros desembolsos cubran las necesidades financieras hasta 2021.

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El dólar sube tras la ampliación del préstamo del FMI

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La moneda estadounidense se vende 4 centavos más cara respecto al valor de cierre del viernes, luego de que el Gobierno acordara con el organismo una ampliación del crédito de hasta US$5 mil millones.

El dólar sube este lunes y corta así una racha de tres bajas consecutivas en su cotización. Según informa ámbito.com, la moneda estadounidense se vende a $38,20 en bancos y casas de cambio de la city porteña.

El aumento de la moneda estadounidense coincide con el anuncio de que el Gobierno acordó con el FMI una ampliación del préstamo en hasta US$5 mil millones.

Funcionarios nacionales y técnicos del FMI trabajaron este fin de semana en un reacuerdo stand by con el que buscan ponerle fin a la crisis cambiaria que ya lleva cuatro meses.

En ese sentido, fuentes oficiales señalaron que el acuerdo incluiría anticipo de fondos del entendimiento ya vigente y apoyos adicionales por hasta US$5 mil millones que permitirían cubrir las necesidades financieras hasta 2021.

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Economia

Ariel Coremberg: “Hay que derogar la reelección para solucionar la macroeconomía”

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La Argentina experimenta salidas y atajos para quebrar con una inercia de ciclos cortos de reactivación, crecimiento, recesión y depresión por múltiples causas, pero una parece dominar la escena: el déficit fiscal y sus derivados: inflación, endeudamiento del Estado; atraso cambiario.

Y visto a la distancia, el factor también predominante es del debilitamiento de las instituciones, fenómeno que se manifiesta en el dominio de la política sobre la economía, cuando debieran complementarse en busca de un objetivo siempre declarado pero rara vez cumplido de mejorar la calidad de vida del conjunto de la sociedad.

Pareciera que siempre falta algo o aparecen fenómenos imprevistos, como ocurre actualmente en la Argentina, con las inundaciones que limitaron las cosechas del 2016 y 2017; luego vino la sequía; y en simultáneo cambió la política monetaria en los EEUU; y el presidente Donald Trump inicia una guerra comercial con China; y además Brasil atraviesa un escenario político incierto. Y como si eso no fuera suficiente, aparecen “los cuadernos” de la corrupción, y se desmorona lo que el Gobierno creía que era “el inicio de un ciclo largo de crecimiento sostenido, con siete trimestres ininterrumpidos de aumento del PBI“.

Ariel Coremberg, economista investigador del Conicet, director del Centro de Estudios de la Productividad de la Universidad de Buenos Aires, donde junto con otros investigadores argentinos participa del proyecto Arklems+Land, que analiza y compara internacionalmente la inversión, capitalización, capital humano, el efecto de los términos del intercambio internacional, el progreso tecnológico, la productividad por sector y otras fuentes de crecimiento, dio su visión de por qué la Argentina parece tropezar siempre con la misma piedra.

La fragilidad de la economía argentina llegó en el presente ciclo a un punto máximo: la necesidad de divisas es cubierta exclusivamente por el sector agropecuario, dependiente del clima y sujeto al fin del superciclo de los precios de las materias primas. El fin de los vientos de cola: caída de la cotización de la soja en Chicago; suba de tasa de interés de la Reserva Federal de los EEUU; y consecuente apreciación del dólar, se sienten por lo menos desde el 2012, por lo cual si a este diagnóstico se le suma la situación de reservas netas de divisas casi nulas de comienzo de gestión, el gradualismo financiado con deuda pública externa resultó completamente errado“, destaca a modo de introducción de la entrevista.

– ¿Cómo ve la realidad económica de la Argentina?
–  Lo primero que observo es que lo académico está muy lejos de las políticas públicas. Nos pasamos haciendo documentos y trabajos de investigación (papers), discutimos entre los investigadores, pero a las políticas públicas no le llega todo eso. Incluso, mucho viene por iniciativa de los propios Ministerios, Organismos Internacionales, Institutos de Investigación, sobre cómo debería ser una política de vivienda; cómo aumentar la competitividad de la Argentina; o estudios más específicos; pero a la hora de tomar decisiones, por lo menos en la Argentina, siento que esos trabajos no se toman en consideración.

– ¿A qué atribuye ese rechazo, cree que se ve demasiado lejos el largo plazo?
– No lo vemos directamente…

–  ¿Por eso los máximos dirigentes y gestores se concentran en el corto plazo, porque creen que al final del día el largo plazo es la suma de los cortos?
– Sin duda, en la Argentina el largo plazo se entiende como la sumatoria del corto plazo.

 En la Argentina el largo plazo se entiende como la sumatoria del corto plazo

– Ese es un concepto antiguo…
– Pero sigue persistiendo. En la Argentina, en los últimos 100 años nunca creció más de 7 años seguidos. Si mira una serie larga, ¿usted sabe cuántos ministros de Economía tuvimos en un siglo?

– Diría más de 70…
– En los últimos 100 años tuvimos 100 ministros de Economía, Alfonso Prat-Gay confirmó el número 100, con el inicio del actual Gobierno.

– ¿Eso cómo lo explica, responde a defectos de la política, o defectos del ministro de Economía que cuando asume no tiene el carácter para decirle al presidente que lo convoca que el técnico es él y que la política debe acompañar su plan para alcanzar el objetivo de quebrar los ciclos de crisis que se repiten cada vez más rápido?
– Creo que incluso hasta en épocas donde primó la “tecnocracia”, como en la década del 90, el ministro de Economía estaba sujeto a las decisiones políticas. La experiencia de las gestiones desde el comienzo de la actual etapa democrática hasta el presente, es que los ministros de Economía se subordinan al enfoque político del Presidente que, al igual que el resto de la sociedad, y sin instituciones de chequeo y control, privilegia el presente y la reelección por sobre el futuro conspirando con la mejora sostenible del bienestar de los argentinos.

Eso lo quiero llevar fuera de la economía, para dar otros ejemplos. Me parece que las decisiones políticas, buenas y malas, generalmente malas, se toman en el ámbito de la “gran política”. Mientras que en una sociedad normal de un país desarrollado, e incluso serio en vías de desarrollo, como hay varios casos en el vecindario; las políticas de Estado no se tocan en términos de implementación. Es decir, hay decisiones en la microeconomía, e incluso en los canales intermedios, que son implementadas, no en la gran política, sino a nivel técnico-burocrático.

– ¿Me puede precisar un ejemplo?
– Diversos municipios en España, por ejemplo, donde la ejecución de la obra pública, desde la elección de qué proyecto hasta su terminación, la decisión la toma el presidente e integrantes de la comisión de obras públicas de la comuna, ninguno es político; son todos cargos por concurso; con jurados donde no hay ninguna intervención política, y el intendente ni siquiera puede intervenir. El resultado es un nivel de corrupción bajísimo. Eso es lo que no veo en la Argentina.

Resulta necesario que los integrantes del Consejo de la Magistratura, SIGEN, AGN sean nombrados por criterios exclusivamente técnicos y no como parte de una negociación de cargos entre partidos políticos. Las decisiones incluso de financiamiento y gasto deberían estar sujetas a un eforcement mucho más fuerte sujeto a decisiones profesionales independientes de los partidos políticos, como ser el caso de la administración del Fondo de Garantía de Sustentabilidad, que resulta una tesorería paralela similar al Banco Central, sin criterios profesionales de inversión con una cartera totalmente volcada a títulos públicos, y al borde la quiebra. Cualquier fondo privado de inversión hubiera despedido al gerente después de semejante pérdida de valor del FGS.

“Se pasó de un ritmo de 25% de inflación, hasta abril, y  mi  temor es que pasemos a un rango de 40 por ciento”

“Se pasó de un ritmo de 25% de inflación, hasta abril, y  mi  temor es que pasemos a un rango de 40 por ciento”

– ¿Por qué, no estamos preparados para eso?
– Primero porque no solucionamos temas básicos de la macroeconomía, como la inflación y el desempleo, que son temas recurrentes que vuelven a aparecer cada tanto. Los aspirantes a la presidencia deben disponer de un gabinete en las sombras, donde la consistencia macroeconómica sea la prioridad número uno de cualquier gestión, dada la característica del atraso y fragilidad de nuestra economía. Las buenas intenciones de Políticas de Desarrollo Productivo resultan dinero perdido si se subestiman los problemas macroeconómicos argentinos. Y esto sucede desde la gestión de Raú Alfonsín hasta el presente.

 Qué tiene su origen en el déficit fiscal. ¿Cuál es su lectura?
– ¿De la inflación? Es fiscal y cómo se financia. También hay que tomar en cuenta en la Argentina el proceso de la inflación, del que por ahora casi nadie lo plantea, que es la aceleración de la suba de los precios al consumidor. Se pasó de un ritmo de 25% anual y mi temor es que pasemos a un rango de más de 40%; que puede desembocar en una dinámica inestable: o se profundiza la recesión, o se atrasa el dólar o se acelera aún más la dolarización de los ahorros.

En una economía donde se está generalizando la inercia inflacionaria y la indexación, estabilizar va a significar readecuar contratos y eso generará aún más tensiones sociales. Resulta necesario ya una política de estabilización y crecimiento global y creíble.

 Hay que tomar en cuenta en la Argentina el proceso de la inflación, del que por ahora casi nadie lo plantea, que es la aceleración de la suba de los precios al consumidor

– Ya se está en esa dinámica, según el consenso del mercado que informa sus pronósticos al Banco Central
– Y en algún momento eso se puede transformar en una espiral ascendente. ¿Por qué? porque hay mecanismos “heterodoxos” sobre cómo se transmite esa inflación. Hoy los contratos, los convenios colectivos, están sujetos a las tensiones de una aceleración del conflicto distributivo para evitar mayor pérdida de poder adquisitivo. Es decir no se respetan las proyecciones de inflación, sencillamente porque no se cumplieron. Y a su vez, ítems enteros del gasto público están con indexación respecto de la inflación pasada; cuestión que va a dificultar estabilizar la economía en algún momento, porque no hay plan de estabilización. Eso va más allá, incluso, del nivel del déficit fiscal.

– Sin embargo, algunos economistas dicen que “como no hay antecedentes de estabilizar los precios en un contexto de tipo cambio flexible, el ajuste se origina en las cantidades: cae el salario real, en pesos y en dólares, pero la tasa de desempleo no disminuye tanto como se tenía tipo de cambio fijo y aparecía una crisis externa, como la del Tequila en 1994…
– En teoría el tipo de cambio flotante amortigua el efecto de la crisis en las cantidades de actividad y empleo, pero no en nuestro país. Igual creo que vamos a ver un ajuste tanto en precios como en cantidades, porque la recesión va a ser más profunda, y la suba de los precios también. Además, la duración es clave, ya van varios meses en recesión. Y cuánto más se extienda peor va ser el efecto social.

De todas maneras, el esquema de tipo de cambio flotante nunca funcionó en la Argentina. Más aún, en los momentos en que se aplicó fueron precedente de momentos de alta inflación, no como la actual, sino de dos dígitos mensuales, como el proceso inflacionario de la década  de 1980. Por eso advierto ¡cuidado! con esto. Se necesita generar un ancla nominal de la economía más allá de los salarios, dentro de un programa de estabilización y crecimiento con un ministro de economía fuerte que tenga en sus manos las decisiones de gasto y financiamiento, evitando que los costos políticos recaigan en el Presidente.

 Se necesita generar un ancla nominal de la economía más allá de los salarios, dentro de un programa de estabilización y crecimiento con un ministro de economía fuerte que tenga en sus manos las decisiones de gasto y financiamiento, evitando que los costos políticos recaigan en el Presidente

– En su análisis, que le permitió detectar que en 100 años  hubieron 100 ministros de Economía, advirtió también un predominio de los sistemas de tipo de cambio fijo. Entonces, ¿el régimen de tipo de cambio flotante que puede prenunciar un problema disruptivo posterior, es producto de que nunca se lo dejó madurar?
– No, creo que es producto del desequilibrio fundamental de la Argentina que es la macroeconomía inconsistente, sostenibilidad fiscal y externa: nivel de gasto público adecuado a nuestros recursos como nación, oferta exportable para resolver los cuellos de botella del crecimiento e inversión y ganancias de productividad que potencien nuestras ventajas competitivas.

– Es decir, es urgente equilibrar las finanzas públicas…
– Sí, lamentablemente no hay más remedio.

“El desequilibrio fundamental de la Argentina que es la macroeconomía inconsistente, empezando por el déficit fiscal”

“El desequilibrio fundamental de la Argentina que es la macroeconomía inconsistente, empezando por el déficit fiscal”

– Y también trabajar en la mejora de la productividad del sector pública. ¿Usted que es un estudioso de las productividades comparadas en el mundo, cómo cree que debiera ser esa secuencia: que el sector público mejore su rendimiento, y le exija lo propio al sector privado, o viceversa, en que la sociedad, sin caer en situación de rebelión fiscal, le diga al gobierno y a los legisladores que llegó a un punto límite, y que no puede crecer con la carga tributaria actual en los tres niveles de gobierno?
– Se trata de una pregunta que exige una respuesta sobre lo que se viene, si se  estabiliza la economía. La clave de por la cual no somos como Australia, que en los últimos 100 años creció a una tasa del doble de la de Argentina, es porque no generó ganancia de productividad en el largo plazo; se tuvo al mismo tiempo una volatilidad de precios y actividad impresionantes. Por lo cual nunca se logró crecer más de 7 años seguidos.

Lo que quiero mencionarle, luego de hacer los números, es que si salimos de una tasa de inflación del 25% anual hasta abril,y vamos hacia una proyección de más del 40% a diciembre próximo, hablar de ganancias de productividad en el sector público no tiene sentido, aunque sea mi tema.

 La clave de por la cual no somos como Australia, que en los últimos 100 años creció a una tasa del doble de la de Argentina, es porque no generó ganancia de productividad en el largo plazo

Con una tasa de inflación de dos dígitos al año no hay ganancia de productividad que pueda compensar eso. Por tanto, por un lado le digo es clave ganar ganancia de productividad en la economía, pero será muy difícil de lograrlo sino se arregla primero la macroeconomía, no solo para el momento actual sino para siempre.

– Dados los desequilibrios generados en más de 10 años, en materia cambiaria, tarifaria, arrastre de un default parcial de la deuda pública que alejó a la Argentina de los mercados financieros internacionales, y consecuentemente de alto déficit fiscal y de divisas, ¿cómo cree que se debe reordenar la macroeconomía, para poder estabilizar los precios, y comenzar a pensar en el largo plazo, cuando hay resistencias a pasar por ese proceso?
– En primer lugar, observo que ese punto de giro no pasa por la economía, por cuestiones técnicas, como está sucediendo ahora. Para no volver a tener crisis recurrentes  enseguida, me parece, se habla mucho de un pacto de precios y salarios, muy chiquito me suena eso. Porque creo que la clave está en cambiar instituciones. Se hizo una reforma constitucional en 1994 que no se la toma en cuenta. Es más creo que está fallida. Siento que desde la crisis de fines de 2001 no nos dimos pie para darnos nuevas instituciones para un nuevo país, que sin duda lo tenemos que hacer.

 Se hizo una reforma constitucional en 1994 que no se la toma en cuenta. Es más creo que está fallida. Siento que desde la crisis de fines de 2001 no nos dimos pie para darnos nuevas instituciones para un nuevo país, que sin duda lo tenemos que hacer

El viejo bipartidismo no existe, eso fue antes del 2001. Y para este nuevo país que tenemos casi sin partidos políticos no tengo en claro qué tipo de instituciones tiene que haber, pero no están funcionando. Por ejemplo, la reelección en un país con instituciones débiles tiene mucho que ver con la economía. La Argentina en 30 años hizo 8 default o reestructuraciones de deudas, y confiscación de depósitos graves. Eso afuera se conoce. En 100 años la moneda perdió 13 ceros. ¿Esa inestabilidad institucional, da para pensar en un país normal y que tenga una reelección, o revalidación cada 2 años? Creo que hay que derogar la reelección para solucionar la macroeconomía.

Reflexionemos como la crisis se desencadena una vez que se tiene confianza de que la reelección no solo es posible sino “que está cantada”. Pensemos inclusive en los intentos de rereelección de Menem y CFK, como terminaron de polarizar la sociedad e inclusive casi extorsionar al partido de oposición, arrancando la reforma constitucional de 1994 exclusivamente para “compensar” con instituciones inoperantes la reelección del entonces presidente Menem. Es con esa Constitución que hoy se rigen nuestras instituciones.

“En 100 años la moneda perdió 13 ceros. ¿Esa inestabilidad institucional, da para pensar en un país normal y que tenga una reelección, o revalidación cada 2 años?”

“En 100 años la moneda perdió 13 ceros. ¿Esa inestabilidad institucional, da para pensar en un país normal y que tenga una reelección, o revalidación cada 2 años?”

– Claramente, porque la política aprendió de los mercados que hay que anticiparse, por eso se adelanta y la campaña empieza un año antes. ¿Entonces?
– Está estudiado, y esto no es por la Argentina, sino también en los EEUU, ¿Ronald Reagan por qué aumentaba el gasto público? porque buscaba la reelección, es lo que se llama “ciclo económico electoral”. Ahí también genera estas cuestiones, por supuesto mucho más moderadas, porque hay instituciones de chequeo, control y balance que impiden, primero, caer en situaciones de ineficiencia del gasto público; es decir ayudan a que sea eficiente. Y segundo, impiden que la corrupción alcance una magnitud macroeconómica que, según los cálculos que hice con Martín Grandes, nos sorprendió, porque nunca imaginé que podría ser muy importante: USD 36.000 millones, sólo en la obra pública, por cuestiones éticas y aún de eficiencia microeconómica. No se la atribuyo exclusivamente al  kirchnerismo, porque fue aumentando en el tiempo.

 Nos sorprendió que La corrupción alcance una magnitud macroeconómica, según los cálculos que hice con Martín Grandes, se llevó USD 36.000 millones, sólo en la obra pública, por cuestiones éticas y aún de eficiencia microeconómica

– No me respondió concretamente sobre qué prioridad hay que asignarle a la productividad en el sector público…
– Por supuesto que es fundamental, para poderle dar aire, o rentabilidad social al gasto público que tenemos, que aumente la productividad del Estado.

– ¿Ve al Gobierno haciendo algo en este punto; es decir los institutos de investigación en los que usted trabaja, como el Conicet;  Estudios de la Productividad de la UBA, son consultados por los Ministerios?
– Creo que en muchos estamentos intermedios para aunar un discurso sí; pero para hacer políticas públicas, en principio, llevados por la emergencia, debo decir que no. Y no hay tiempo para la reflexión, porque la frecuencia de crisis que hay en la Argentina es un ida y vuelta: causa y efecto, hace que se trate de usar más la intuición y la rapidez del corto plazo, generando todos los errores de política económica de la presente gestión y los horrores de política económica de la anterior gestión autoritaria.

 No hay tiempo para la reflexión, porque la frecuencia de crisis que hay en la Argentina es un ida y vuelta: causa y efecto, hace que se trate de usar más la intuición y la rapidez del corto plazo

No hay tiempo para la reflexión, porque la frecuencia de crisis que hay en la Argentina, es un ida y vuelta: causa y efecto, hace que se trate de usar más la intuición y la rapidez del corto plazo. Creo que para solucionar la macroeconomía argentina se necesitan reflexión y un poco de tiempo Pero si el Gobierno se deja llevar más por la urgencia que por la reflexión va a cometer cada vez más errores.

– ¿Cómo cree que se debería encarar ese proceso?
– Juan Carlos de Pablo lo dice siempre: “hay que tener la caja de herramientas a mano para usarla en el momento adecuado, con el poder apropiado”. Y la verdad es que no veo un ministro de Economía; y además un plan, aunque eso tampoco le garantiza la normalización de la macroeconomía, pero es un paso relevante.

 La verdad es que no veo un ministro de Economía; y además un plan, aunque eso tampoco le garantiza la normalización de la macroeconomía

– ¿Se puede pensar en un plan cuando la urgencia es tender a la estabilización de los precios y el tipo de cambio; y mientras tanto ya se corrigió el 70% del desfase tarifario; prácticamente ya no se habla de atraso cambiario; y se dice que en breve se habrá superado el déficit energético?
– Eso que usted dice me gustaría escucharlo del ministro de Economía. Hasta ahora no lo escuché como parte de un discurso integral de un ministro de Economía que este implementando un plan . Cuando debiera decir, corregimos todo eso, ahora viene este paso. Es cierto las dificultades que dejó el kirchnerismo, pero también que el Gobierno las subestimó, las despreció. Como el caso de las Lebac, porque hubo una herencia que fue que las operaciones de dólar a futuro de la última etapa de la presidencia de Cristina Kirchner se pagaron con deuda del Banco Central, fueron USD 10.000 millones de un día para el otro, y a 7 días de plazo.

– No había otra herramienta, ¿o sí?
– En tren de ser heterodoxos, creo que las deudas hay que pagarlas. Aún Rusia, en medio de su crisis en 1997/98 tuvo que salir al mercado de capitales y pagar el último bono, no hay default eternos. Aún cuando digo que hay que pagar, que igual se paga en el “durante”, con sobretasas para la nueva deuda, me pregunto ¿hubo que pagarlo a 7 días, tan urgente era? ¿Hubiese sido tan mala señal haber emitido bonos largos? Sobre eso se montaron luego los errores de política macroeconómica; el financiamiento con deuda pública en dólares que presionó a la baja el tipo de cambio; le quedó como único instrumento la tasa de interés, y para esterilizar tuvo que emitir más Lebac, y así se armó la bola de nieve.

“El financiamiento con deuda pública en dólares que presionó a la baja el tipo de cambio; le quedó como único instrumento la tasa de interés, y para esterilizar tuvo que emitir más Lebac, y así se armó la bola de nieve”

“El financiamiento con deuda pública en dólares que presionó a la baja el tipo de cambio; le quedó como único instrumento la tasa de interés, y para esterilizar tuvo que emitir más Lebac, y así se armó la bola de nieve”

– De sus análisis comparado, ¿qué conclusiones extrae para recomendar el inicio del camino de superación de las crisis recurrentes que afectan a la economía argentina?
– En primer lugar, el ajuste del gasto público. Se sabe que no será fácil. Mi experiencia en el Estado, donde estuve en el Indec en la época de Guillermo Moreno, y antes en la Dirección de Cuentas Nacionales y cálculo del PBI, en la época de Domingo Cavallo y luego de Roque Fernández, ingresé en 1995. Y ¿qué veo ahora? que se implementó el mismo tipo de gasto, de ajuste, que en algunos casos pueden haber buenas ideas, que las denomino horizontales, de eso se habla poco. Todo tiene costo.

Pero mi propuesta es un ajuste de tipo vertical, es decir por programa. No 10, 15 o 20% a todo el mundo, porque de esa forma se gana enemigos en todo el sector público. ¿Por qué mejor no ganarse enemigos sólo con algunos? Esto que pasó en Télam, el ex Ministerio de Agroindustria, con despidos masivos, tampoco sirve. En cambio, creo que el ajuste hay que hacerlo más gradual.

– ¿Cómo sería?
– Primero califico la herencia  del anterior gobierno, no como que fue socialdemócrata europeo, sino que dejó deteriorada la estructura del sector público en la gestión. Por eso tenemos impuestos al estilo Suecia con provisión de servicios públicos de bajísima calidad. Por eso la clase media que paga impuestos lo hace dos veces, al Estado y al servicio privado de educación, salud e incluso seguridad física.

Y cuando baja el ingreso a quien vuelve a usar al hospital público, que por suerte existe, porque es donde se forma el profesional quien luego nos atiende en la prepaga. No tenemos presente que hay una doble imposición. Entonces me parece, si bien el ideal que fija el manual de Finanzas Públicas es el Presupuesto Base Cero, porque los presupuestos se organizan y se plantean en base al anterior, y a veces es muy difícil corregir un renglón.

Por eso alguna vez tenemos que dar la discusión qué país queremos, y qué queremos hacer. Y establecer los cargos por concurso, por meritocracia, con incluso suba de salarios en parte del sector público, de manera de aumentar la productividad en el sector público. Eso va a permitir un ajuste del gasto de modo más eficiente, que congelarlo con una inflación del 40%, porque es imbancable socialmente; y peor que el ajuste del 10% que propuso Ricardo López Murphy a comienzos de 2001, con deflación.

Por tanto, no veo en el Gobierno un discurso hacia la mejora de la productividad del gasto, aún en tiempo de ajuste. Que es lo que se necesita y que un ministro de Economía nos hable del costo y cómo luego vamos a crecer, aunque después no le salga. Hoy estamos en una economía antigua, con alta inflación, una de los pocas en el mundo, con Venezuela, Sudán e Irán. Hay que pensar en solucionar eso, antes de en la robotización. No es el momento de concentrar Ministerios y gestión pública en eso.

– Lo que no hizo el Gobierno, lo hizo el mercado, como la devaluación, ¿cree que el Gobierno va a aprovechar que ahora existe un tipo de cambio competitivo lo va a sostener, para alentar las exportaciones, necesaria para revertir el fuerte déficit de divisas, y también las inversiones asociadas; o como dejó deslizar en el Presupuesto, anclarlo, como estrategia para desacelerar la inflación?
– Veo que ahora se va a venir el conflicto distributivo. Usted me preguntaba antes sobre el origen de la inflación: causa y efecto; porque todos van a querer abrir las paritarias, no creo que nadie se quede contento con el 15% original, o el 25% que lograron después algunos gremios; en particular en el sector público. Y lo que veo también, tanto en el Gobierno como en la oposición, primero faltan ideas, se subestimó realmente la herencia y le explotó a la actual gestión.

– ¿Qué pasos cree que se deberían dar para normalizar la economía, sin volver a pisar la misma piedra que llevó al país a repetir crisis sistémicas?
– Ahora se agregó un desafío enorme, porque se sumó el efecto de los cuadernos sobre la obra pública, porque exigirá una renovación de la clase empresarial, al menos en ese rubro, que creo que aún se está subestimando. Le diría 2 o 3 cosas económicas y 1 institucional.

En lo institucional creo que hay que impulsar oficinas de chequeo y control para que la magnitud de la corrupción no sea macroeconómicamente relevante. Eso requiere que estén integrados el Consejo de la Magistratura; AGN (Auditoría General de la Nación); SIGEN (Sindicatura General de la Nación); IGJ (Inspección General de Justicia), por técnicos en la materia, hasta inclusive el presidente de cada institución, y que con la designación de los jueces no sean parte de una negociación política.

 Hay que impulsar oficinas de chequeo y control para que la magnitud de la corrupción no sea macroeconómicamente relevante. Eso requiere que estén integrados el Consejo de la Magistratura; AGN (Auditoría General de la Nación); SIGEN (Sindicatura General de la Nación); IGJ (Inspección General de Justicia), por técnicos en la materia

Segundo, antes de haber caído en esta crisis macroeconómica se subestimaba el desafío para la Argentina, que es crecer en el largo plazo. El Gobierno tomó como modelo Australia, más allá de que está más cerca de China que nosotros, porque hay un costo del transporte que no hay que subestimar, y para peor, peleados con Brasil. ¿Queremos abrirnos al área del Asia-Pacífico, o no?

Hay un desafío enorme que no tenemos en cuenta los argentinos, que es que necesitamos tener solvencia externa; repagar el endeudamiento; y darle sustentabilidad a la situación fiscal, con baja de la presión tributaria al sector privado, eso requiere sustentabilidad externa. La única manera para no recurrir a devaluaciones del mercado, hay que aumentar la productividad del sector transable, y que al mismo tiempo mejore la productividad del sector público, para dejarle al sector privado un margen de rentabilidad suficiente como para ahorrar costos, sin despedir personal.

– Perfecto, pero enfrente también están los sindicatos que no quieren aceptar la flexibilización laboral. ¿Cree que se puede en el mundo moderno aumentar la productividad del sector transable sin la flexibilidad laboral?
– No.

– ¿Ahí la responsabilidad del estancamiento de quién depende, del sector público, del sector privado?
– De ambos, de los sindicatos también. Ese es el modelo más difícil de cambiar. Hay que pensarlo en el futuro. En el corto plazo con una tasa de inflación del 40% la prioridad es otra, lamentablemente. Tiene que cambiar el modelo productivo urgente. ¿Por qué es importante? Porque la Argentina necesita generar divisas, más allá de pedir prestado para cubrir las necesidades de financiamiento. Y para generar divisas e importar las necesidades de bienes de consumo y de insumos para el proceso productivo, que también es necesaria, se requiere del agro, pero también de la industria para generar empleos; y otro sector que genere innovación.

Ahora, la productividad del sector agropecuario, y de la bioeconomía en general, es decir el procesamiento del producto primario, tiene que aumentar de forma fenomenal, con más inversión y más eficiencia. Eso no se logra por el sector mismo solamente. Sino con ganancias de productividad en todos los sectores y un sector público que no solo facilite la gestión en el sector privado sino brinde consistencia macroeconómica para que los esfuerzos de inversión, exportación y productividad no sean desperdiciados con otra crisis.

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