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Mark Zuckerberg, se convirtió en objeto de críticas después de haber hecho un “tour” virtual por Puerto Rico, que se encuentra devastado tras el huracán María, para promocionar una herramienta de realidad virtual (VR) de la red social.

El “viaje” se emitió en directo en un vídeo de 360 grados y el perfil de Zuckerberg estuvo acompañado del de la jefa de realidad virtual de Facebook, Rachel Franklin, a quien le comentó: “Una de las cosas realmente mágicas de la VR es que puedes sentir que estás realmente en un lugar“.

Con un tono jovial y las calles inundadas de la isla de fondo, el responsable de la red social señaló que su colega y él no estaban en el mismo edificio en ese momento pero a través de la herramienta Spaces podían establecer “contacto visual”, tras lo cual chocaron las palmas.

Zuckerberg pasó entonces a comentar los esfuerzos de Facebook para paliar la situación de emergencia en Puerto Rico, entre ellos una donación de 1,5 millones de dólares y una colaboración con la Cruz Roja para situar en mapas los lugares más necesitados de ayuda.

Sin embargo, medios locales y usuarios encontraron en la promoción de la plataforma de VR, con la que los directivos “viajaron” también a la Luna y al salón de la casa de Zuckerberg, una “falta de sensibilidad” hacia Puerto Rico.

En un comentario de agradecimiento hecho por una usuaria en el vídeo del “tour”, colgado en su perfil de Facebook, Zuckerberg apuntó que una de las características más “potentes” de la VR es la “empatía” y se disculpó ante aquellos que se hubieran sentido “ofendidos”.

“Cuando estás en la VR, los alrededores se sienten muy reales. Pero ese sentido de empatía no se extiende bien a la gente que te está viendocomo un personaje en una pantalla en dos dimensiones. Eso es algo en lo que deberemos trabajar”.

Además, explicó que su objetivo era mostrar cómo la VR puede generar concientización y compartir la noticia de la colaboración con la Cruz Roja. “Leyendo algunos comentarios, me doy cuenta de que esto no estaba claro y me disculpo ante quien se haya sentido ofendido por esto“, añadió.

(Con información de EFE)

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Las tecnologías digitales están a punto de derrotar a la democracia y el orden social

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Jamie Bartlett lleva diez años trabajando en la relación entre nuevas tecnologías y democracia. Cuando comenzó escribía “panfletos sobre cómo la tecnología digitalinstilaría nueva vida en nuestro sistema político fatigado más allá de la esperanza”. Pero con el tiempo su optimismo se convirtió en realismo, y luego en nerviosismo. “Ahora está llegando a un pánico moderado”, escribió en su nuevo libro, The People Vs Tech: How the Internet Is Killing Democracy (and How We Save It).

El pueblo versus la tecnología: Cómo internet está matando la democracia (y cómo la salvamos) abre con una advertencia: “En los próximos años o bien la tecnología destruirá la democracia y el orden social tal como los conocemos, o la política impondrá su autoridad sobre el mundo digital. Se vuelve cada vez más claro que la tecnología está ganando esta batalla”.

Bartlett, director del Centro para el Análisis de las Redes Sociales del think tank británico Demos en conjunto con la Universidad de Sussex, se refiere específicamente a las “tecnologías digitales asociadas con Silicon Valley: plataformas de redes sociales, datos masivos, tecnología móvil e inteligencia artificial, que dominan cada vez más a vida económica, política y social”. Como experto en el área las valora: cree que tienden a expandir las capacidades humanas y hasta a crear más felicidad. “Pero eso no significa que sean buenas para la democracia”.

Las redes sociales, los datos masivos, la tecnología móvil y la inteligencia artificial afectan a la democracia, que es analógica.

Las redes sociales, los datos masivos, la tecnología móvil y la inteligencia artificial afectan a la democracia, que es analógica.

En realidad, reconoce, son universos opuestos. A cambio de los beneficios de una revolución –que, además, está apenas en sus comienzos–, las democracias occidentales han permitido que se socavaran componentes centrales del sistema: control, soberanía parlamentaria, igualdad económica, sociedad civil, ciudadanía informada.

“En un nivel profundo, estos dos grandes sistemas —tecnología y democracia— están trabados en una lucha encarnizada. Son los productos de épocas completamente diferentes y funcionan según distintas reglas y principios. El engranaje de la democracia se construyó en la era de los estados nacionales, las jerarquías, la sumisión y las economías industrializadas. Las características fundamentales de la tecnología digital van en contra de este modelo: es no-geográfica, descentralizada, impulsada por datos, sujeta a los efectos de red y el crecimiento exponencial“.

En pocas palabras: “la democracia no fue creada para esto”. Apenas debajo de la devoción de Silicon Valley por la conectividad, las redes y las comunidades globales asoma el autoritarismo.

Jamie Bartlett, autor de un análisis integral sobre cómo la tecnología digital amenaza la democracia occidental y el orden social que la acompaña. (Penguin Australia)

Jamie Bartlett, autor de un análisis integral sobre cómo la tecnología digital amenaza la democracia occidental y el orden social que la acompaña. (Penguin Australia)

Pero no al estilo de la década de 1930: “Creo que la democracia va a fracasar de maneras nuevas e inesperadas. La distopía amenazante a temer es una democracia vacía dirigida por máquinas inteligentes y una nueva élite de tecnócratas‘progresistas’ pero autoritarios. Y lo peor es que mucha gente la va a preferir, dado que probablemente les ofrezca más prosperidad y seguridad que lo que tenemos hoy”.

Aunque concede a los empresarios de Silicon Valley una fe honesta en el poder emancipador de la tecnología digital, Bartlett la ve peligrosa. “La democracia es analógica, no digital”, escribió.

Seis pilares hacen que la democracia funcione, sintetizó: ciudadanos activos, una cultura común, elecciones libres, igualdad entre las partes interesadas, competencia económica con libertad civil y confianza en la autoridad. Los seis son vulnerables a las tecnologías y alrededor de esos problemas organizó el libro.

Los ciudadanos dejan de ser activos por la adicción a los dispositivos y las plataformas. “Vivimos en un panóptico publicitario gigante”, definió. “El sistema de recolección de datos y predicción es apenas la manifestación más reciente en una larga historia de esfuerzos para controlarnos“. Aunque Facebook haya elegido como domicilio 1 Hacker Way, que asocia la marca con la rebeldía, su linaje es otro, menos romántico: la publicidad, el uso de la psicología para influir en la decisión de compra de las personas. “Google, Snapchat, Twitter, Instagram, Facebook y demás hace rato que han dejado de ser empresas tecnológicas: son también firmas publicitarias. Aproximadamente el 90% de los ingresos de Facebook y Google provienen de vender avisos“.

Bartlett midió su propia conducta y descubrió que, excepto cuando duerme, mira el teléfono una vez cada 12 minutos. Citó a Adam Alter, quien advirtió que la adicción al alcohol y el tabaco están dejando espacio a la dependencia digital: no es que la gente —en especial, los jóvenes— rechacen esas y otras sustancias para vivir más sanamente, sino que sus cerebros reciben las descargas de dopamina de otras fuentes, como el “me gusta” o el click.

“En 2004 Facebook era divertido”, escribió Alter. “En 2016 es adictivo”. En el camino, surgió la “economía de la atención”.

Las redes sociales crean ciudadanos pasivos, adictos a la pantalla en busca del “me gusta” o el click.

Las redes sociales crean ciudadanos pasivos, adictos a la pantalla en busca del “me gusta” o el click.

Sean Parker, co-fundador y ex presidente de Facebook, reconoció que él y Mark Zuckerberg explotaron “una vulnerabilidad en la psicología humana” al diseñar las plataformas para “consumir la mayor cantidad de tiempo y atención consciente” del usuario. “Es un circuito cerrado de retroalimentación de validación social”.

Los datos están en el centro del asunto: permiten a las empresas conocer al usuario más de lo que él se conoce a sí mismo, y dirigirle avisos a medida. Actualmente los datos existentes superan la capacidad humana de procesamiento, pero en 2020 habrá cuatro veces más dispositivos que los recojan: 50.000 millones de aspiradoras de información en teléfonos, automóviles, electrodomésticos, ropa, libros, juguetes… De allí el valor de los algoritmos que sí pueden procesar esos volúmenes enormes de datos, y más: “Lo aterrador de los algoritmos de datos masivos es cómo pueden averiguar cosas sobre nosotros”, según el autor.

Dio el ejemplo de los estudios de Michal Kosinksi, de la Universidad de Stanford, sobre perfiles de usuarios armados a partir de sus “me gusta” en Facebook. Los algoritmos “pueden tomar sus preferencias musicales o literarias y extraer de esta información aparentemente inocente predicciones muy exactas sobre tu religiosidad, potencial de liderazgo, opiniones políticas, personalidad”, lo citó.

La campaña presidencial de EEUU en 2016 fue un fuerte ejemplo de la “datificación” de las elecciones, como llamó Jamie Bartlett al fenómeno. (AP)

La campaña presidencial de EEUU en 2016 fue un fuerte ejemplo de la “datificación” de las elecciones, como llamó Jamie Bartlett al fenómeno. (AP)

¿El objetivo? Publicidad. De comida para perros. De seguros de salud. De candidatos políticos.

Y más: el panóptico moderno, “esta clase de visibilidad y monitoreo permanente, es una manera de imponer conformidad y docilidad. Estar siempre bajo vigilancia y saber que las cosas que uno dice se juntan y se comparten crea una autocensura moderada pero constante“. Eso daña la capacidad de desarrollar un juicio propio como ciudadano. Porque para pensar por uno mismo, es necesario cometer errores y aprender. “Pero las redes sociales crean una forma extraña de actuación política, en la que todos representamos ciertos papeles y existen respuestas aceptables“. ¿Hizo alguien un comentario idiota en Twitter a los 14 años? Existirá para siempre y se podrá volver a publicar tal como está, fuera de contexto, cuando esa persona tenga 64 años. “Más y más gente concluirá que es más seguro simplemente no decir nada”.

Un problema adicional es la manipulación. Si el objetivo es que una persona pase más tiempo en una plataforma para mostrarle más publicidad, “¿qué pasa si a los antisemitas se les dirige cada vez más contenido violento personalizado simplemente porque un modelo sugiere que pasarán más tiempo mirándolo? O quizás se puede vender un 20% más de antidepresivos si se contacta a la gente en cierto momento de la semana y se le dirigen mensajes que bajan la autoestima”.

Cambridge Analytica también usó datos de Facebook para influir a los votantes a favor del Brexit.

Cambridge Analytica también usó datos de Facebook para influir a los votantes a favor del Brexit.

Delegar las decisiones en la inteligencia artificial (porque no sólo una máquina hará mejores diagnósticos que un médico, sino que se podrán tercerizar en algoritmos el voto y la educación de los hijos) no sólo eliminaría la dimensión moral del ser humano, también erosionaría su capacidad de pensar libremente. “Dado lo malos que a veces somos al tomar decisiones difíciles, el resultado podría ser una sociedad más sabia y más humana. Pero difícilmente se podría llamar democracia a un lugar así“.

Una cultura común, curiosamente, es algo que se pierde con la plena conectividad y el exceso informativo, que en realidad alientan las pequeñas tribus, donde las reacciones emocionales y la lealtad superan a la razón y la comprensión. “Los líderes políticos evolucionan con el nuevo medio de información: de ahí el ascenso de populistas que prometen respuestas emotivas, inmediatas y totales“, interpretó Bartlett. “Pero las tribus beligerantes de ciudadanos sin eje, confundidos, son las precursoras del totalitarismo”.

Expresiones como burbuja de filtros, noticias falsas y posverdad se han popularizado a medida que las noticias circularon por las plataformas y la desinformación hizo que las personas recortaran sus fuentes a la medida de sus creencias. “Con la conexión infinita, encontramos gente similar y con ideas similares, y nos apiñamos”. La fragmentación no tiene límite: “En internet cualquier puede encontrar cualquier clase de comunidadque desee (o inventar la propia)”, señaló el autor. “Cualquiera que esté molesto puede ahora, automáticamente, a veces algorítmicamente, encontrar a otra gente que está molesta de manera similar”.

El fenómeno de la re-tribalización que producen las redes sociales fue explotado por Internet Research Agency, grupo cercano al Kremlin, durante las elecciones presidenciales de EEUU.

El fenómeno de la re-tribalización que producen las redes sociales fue explotado por Internet Research Agency, grupo cercano al Kremlin, durante las elecciones presidenciales de EEUU.

Así la re-tribalización puede conducir a la alt-right o al veganismo radical, y la cámara de resonancia de la red convierte cualquier grupo en una horda. “El tribalismo es comprensible, pero en definitiva daña la democracia, porque tiene el efecto de agrandar las pequeñas diferencias entre nosotros y transformarlas en golfos enormes, insuperables“.

Internet, como medio ante todo emocional, exacerba la tendencia humana al tribalismo y la reacción sin reflexión. Pero, advirtió el especialista, “si el partidismo se impone a todo, la democracia deja de funcionar porque el acuerdo se vuelve imposible“.

La red también permite el acceso a las tribus enemigas. “Veo perspectivas opuestas a la mía todo el tiempo; rara vez me cambian la opinión, y con más frecuencia simplemente confirman mi creencia en que soy la única persona cuerda en un mar de idiotas“, ironizó.

La característica es de los humanos, no de la tecnología. Sin embargo, las tecnológicas “convirtieron estas debilidades psicológicas en rasgos estructurales del consumo de noticias y las explotaron para ganar dinero”, observó el texto. “Sus incentivos financieros algunas veces van en contra de la necesidad democrática que la gente tiene de estar informada y nutrirse de un arco amplio de fuentes e ideas ciertas“.

Zuckerberg puede insistir en que Facebook es una plataforma, donde circulan todos los contenidos —no un medio, donde se publica o se ignora según una línea editorial— pero en la realidad eso sólo tiene efectos legales. “Ser aparentemente neutral es en sí una suerte de decisión editorial. Todo en las redes sociales está editado, por lo general por algún misterioso algoritmo en lugar de un editor humano. Estos algoritmos fueron diseñados para brindarle a alguien contenido que probablemente va a clickear, puesto que eso significa el potencial de vender más publicidad”.

Aun la más leve de las confirmaciones sesgadas crea un ciclo de auto-perpetuación, una burbuja en la que no hay otro. Y sin otro no hace falta democracia.

La legitimidad de las elecciones se pone en cuestión a partir de la manipulación de la intención de voto que hacen posible los datos masivos. (Reuters)

La legitimidad de las elecciones se pone en cuestión a partir de la manipulación de la intención de voto que hacen posible los datos masivos. (Reuters)

Uno de los temas centrales del libro, la pérdida de legitimidad de las elecciones libres, muestra cómo “los datos masivos y la micro-localización pueden ganar votos”. Por ejemplo, Aunque Hillary Clinton lo superó por casi 2,9 millones de votos en los Estados Unidos, Trump obtuvo la mayoría del Colegio Electoral porque ganó en cuatro estados decisivos gracias al modo en que hizo su campaña en redes sociales allí.

Todo el trabajo de Cambridge Analytica, tanto para Ted Cruz como para el actual mandatario, se basó en la construcción de perfiles a partir de la información personal de 87 millones de usuarios de Facebook (que no lo sabían, mucho menos lo habían autorizado). Y esta competencia no va a terminar, advirtió Bartlett. “Cada elección se datifica de esta manera, realizada por una red de contratistas privados y analistas de datos que ofrecen estas técnicas a los partidos políticos en todo el mundo”.

El problema mayor que ve, si se deja estas técnicas sin control, es que su evolución “va a cambiar cómo hacemos una opción política, qué clase de gente elegimos e incluso si pensamos que nuestros comicios son realmente libres y justos“.

Cambridge Analityca trabajó con datos malversados a 87 millones de usuarios de Facebook, razón por la cual la red social debió dar explicaciones a las autoridades en EEUU y Europa.

Cambridge Analityca trabajó con datos malversados a 87 millones de usuarios de Facebook, razón por la cual la red social debió dar explicaciones a las autoridades en EEUU y Europa.

Si los partidos políticos tradicionales han girado alrededor de la construcción de programas, ideas que permitían que ciudadanos con intereses variados se organizaran colectivamente, el big data es lo opuesto: la atomización, la división en grupos de intereses específicos al punto de un modelo personalizado. “Si cada quien recibe un mensaje personalizado, no hay debate público común: sólo millones de debates privados”, ilustró el experto.

Una consecuencia es que reduce la responsabilidad de los funcionarios: “La hiperpersonalización incentiva a los políticos para hacer distintas promesas a distintos ‘universos’ de usuarios”. Inclusive contradictorios: no hay manera de exigir rendición de cuentas. Tampoco las autoridades pueden verificar la legitimidad del mensaje (si no contiene mentiras, por ejemplo) dado que son una miríada de avisos personalizados.

Y los psicográficos de Alexander Nix, el CEO de Cambridge Analytica, son pintura rupestre en comparación con el identikit del votante que podría permitir la internet de las cosas. “Dentro de una década, la heladera sabrá a que hora comemos, el auto conocerá dónde estuvimos, el asistente del hogar calculará nuestro nivel de ira por el tono de la voz”, ilustró. Al cruzar los datos, las consultoras del futuro cercano establecerán que aquel que se irrita cuando tiene hambre será más sensible a los avisos de candidatos autoritarios antes de la cena, cuando regresa del trabajo, por ejemplo.

Echo, el asistente personal de Amazon, y otros dispositivos conectados a al red poseerán una cantidad gigantesca de datos sobre los votantes del porvenir cercano.

Echo, el asistente personal de Amazon, y otros dispositivos conectados a al red poseerán una cantidad gigantesca de datos sobre los votantes del porvenir cercano.

Y como la naturaleza del mensaje digital es la deslocalización geográfica, podría llegar de las oficinas de Internet Research Agency, el centro de la injerencia rusa en las elecciones estadounidenses de 2016. “En el cuadrilátero rojo: un negocio multimillonario de influencia y control que se vuelve más exacto y dirigido cada año. En el cuadrilátero azul: un puñado de reglas electorales viejas y obsoletas diseñadas para la era de los medios masivos y el proselitismo puerta a puerta“.

Bartlett también aborda el problema de la desigualdad social a partir del impacto de la inteligencia artificial en el mercado de trabajo. “En lugar de especular sobre un ‘futuro sin trabajo’ deberíamos preocuparnos por la creciente desigualdad“, advirtió. Que podría ser tan aguda como para “borrar de la faz de la Tierra a la clase media”.

El paso del aprendizaje automático al aprendizaje profundo (por el cual en lugar de darles ejemplos a las máquinas se les establecería un conjunto de reglas para que resolvieran los problemas por sí mismas) puede demorar, pero afectará seriamente el tejido social. El texto pone como ejemplo a los conductores de camiones que serían innecesarios. Aunque Silicon Valley dice que los desempleados podrían recapacitarse como desarrolladores de redes, Bartlett cree que es más probable que terminen en “trabajos más precarios, temporarios, de bajos ingresos“. Tal vez puedan “limpiar las máquinas que limpian las máquinas que reparan los camiones sin conductor que alguna vez ocuparon”.

La irrupción de la inteligencia artificial en el mercado de trabajo, como los 100.000 robots que ya trabajan en los depósitos de Amazon, amenaza la existencia de la clase media.

La irrupción de la inteligencia artificial en el mercado de trabajo, como los 100.000 robots que ya trabajan en los depósitos de Amazon, amenaza la existencia de la clase media.

Los trabajos no rutinarios (los que requieren intuición, creatividad y pensamiento independiente en situaciones cambiantes), que son muy bien pagos (ingeniero de Google) o muy mal pagos (jardinero) no encabezan la lista de los reemplazables: “Son los empleos en el medio, que se podrían llamar ‘de conocimientos rutinarios’, los que estarán más en riesgo“: de operadores de trenes a consejeros de hipotecas, de liquidador de impuestos a radiólogos.

Otro problema es la tendencia de las tecnologías al privilegio: a un aumento de la productividad del 80% correspondió un aumento del salario del 10% y “como regla general, la tecnología da poder a quienes tienen el dinero o las habilidades para aprovecharla“. Los ocho hombres más ricos del mundo poseen ya más que la mitad más pobre de la población mundial, y cuatro de ellos son fundadores de compañías tecnológicas.

Lo cual lleva al punto siguiente: competencia económica con libertad civil. “La ilustración más extrema —y en los próximos años, probablemente la más urgente— sobre cómo las tecnologías digitales impulsa la desigualdad es la creación de enormes monopolios tecnológicos“. Cinco de las empresas con mayor valor de mercado del mundo son de Silicon Valley.

Las grandes empresas de Silicon Valley son también los grandes monopolios del mundo, con gran capacidad para el lobby político y para el control cultural. (iStock)

Las grandes empresas de Silicon Valley son también los grandes monopolios del mundo, con gran capacidad para el lobby político y para el control cultural. (iStock)

La tendencia es tan inesperada como fatal: la tecnología crea monopolios. Pero no sólo económicos: también políticos y culturales. Su manera de hacer lobby difiere de las grandes empresas tradicionales en varios factores, entre ellos en que las tecnológicas “poseen las plataformas en las cuales se publica el material”, con lo cual tienen, en sí mismas, una “importante influencia sobre la opinión pública y el activismo”. Así muere la idea de asociación libre en los ciudadanos.

Bartlett llega al último punto de su libro: el reclamo de la protección de la privacidad ha dado lugar al surgimiento de una “cripto-anarquía”, que aspira a socavar los grandes poderes —incluido el de los estados— mediante la encriptación. En nombre del respeto al dominio individual de los datos propios, “amenaza con debilitar al estado casi al punto de su colapso”.

La tecnología de cifrado de clave pública más popular es bitcoin, que el libro describe como “más que dinero: una nueva forma de manejar información“. La enorme base de datos donde se guarda cada transacción que se realiza en bitcoin, blockchain, “puede también guardar otra información”. Y eso podría ser “tan revolucionario como la misma internet, porque representa una manera de guardar información mucho más descentralizada“.

La tecnología blockchain permite guardar todo tipo de información, no sólo transacciones económicas, de manera descentralizada. (Getty Images)

La tecnología blockchain permite guardar todo tipo de información, no sólo transacciones económicas, de manera descentralizada. (Getty Images)

En países con gobiernos diferentes de la democracia occidental, estas tecnologías ayudan a proteger a los ciudadanos y la información pública de una manera crucial. Y en las democracias, que son un sistema donde la libertad puede ser eliminada (si uno no paga los impuestos o comete un delito, por ejemplo), “la cripto-anarquía es dinamita contra el control estatal, porque desafía la autoridad del gobierno para coercionar a la gente que se halla dentro de sus fronteras y a controlar la información”.

El ejemplo más simple es el modo en que estas tecnologías terminan con la confianza de los individuos en el sistema judicial: “¿Qué pasa cuando, por ejemplo, nuestra policía simplemente no puede eliminar material ilegal de la red? ¿O cuando no pueden perseguir cibercriminales o detener el software malicioso?”. Cuando los derechos de una persona no terminan donde comienzan los de otra, la democracia deja de funcionar.

Jamie Bartlett comenzó escribiendo panfletos optimistas sobre el modo en que la tecnología mejoraría el sistema político. Ahora avizora el fin de la democracia. (Flickr)

Jamie Bartlett comenzó escribiendo panfletos optimistas sobre el modo en que la tecnología mejoraría el sistema político. Ahora avizora el fin de la democracia. (Flickr)

“Si transportásemos a 2018 a Locke, Rousseau, Jefferson, Montesquieu, estarían deslumbrados por nuestros smartphones, aviones, bitcoins, hospitales, emojis y lanzacohetes. También estarían asombrados de descubrir que todavía nuestras democracias funcionen del mismo modo que en los días de carruajes y caballos, mosquetes y velas“, observó el autor. “Como la inteligencia artificial, la democracia es una tecnología de propósito general”, recordó: dado que puede cambiar, cada una de sus fases debería ser un producto de su época.

Su conclusión es sombría: “A menos que modifiquemos el rumbo, la democracia será arrasada por la tecnología y se unirá al feudalismo, las monarquías supremas y el comunismo como otro experimento político que funcionó por un tiempo”. Cree, sin embargo, que todavía se está a tiempo de evitarlo.

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Consejos para migrar información de un teléfono que ya no usas a uno nuevo

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Nuestra vida digital y conectada ha evolucionado y todo indicaría que ya hemos aprendido cómo migrar nuestra información de un smartphone que ya no usamos a uno nuevo. Sin embargo, compañías que brindan servicio de telefonía móvil indican a Infobae que son muchos (sin especificar números) los usuarios que aun necesitan asistencia de su servicio técnico para realizar el traspaso de datos.

Lo importante es casi siempre lo mismo: no perder información en el camino. Para eso, la nube será siempre nuestra gran aliada.

Nuestra cuenta de Google nos permitirá guardar calendario, historial de navegación y contraseñas de Chrome, contactos, datos de aplicaciones, todas nuestras fotos a través de Google Fotos (si está activada la copia en la nube), entre varias opciones. En el caso de Apple, será de forma similar  ingresando el ID del usuario.

Todos los sistemas operativos móviles tienen funciones para sincronizar contactos, mensajes, llamadas y fotos. Generalmente, cuando creamos una cuenta (en Google o en Apple), todos estos datos se almacenarán en la nube. Entonces, en el nuevo smartphone debemos introducir nuestra cuenta y contraseña para replicar estos datos.

¿Cómo lograr una migración exitosa de los datos? A continuación, algunos consejos que todo usuario debe tener en cuenta:

Apps

Existen diferentes aplicaciones destinadas a la migración de datos que los guardan en la nube y los sincronizan cuando éste se registra en un nuevo dispositivo.

En la mayoría de los casos, permiten hacer una copia de seguridad de nuestros datos y también guardan configuraciones como la pantalla de inicio, por ejemplo. Solo hay que ingresar en el nuevo teléfono la cuenta con la que se haya creado esa copia.

Move to iOS, la app de Apple para la migración

Move to iOS, la app de Apple para la migración

Para migrar a Apple, existe la app Move to iOS de Apple, aunque recibe en las tiendas, varias críticas por no lograr un óptimo rendimiento. Permite transferir contactos, historial de mensajes, fotos y videos, favoritos del navegador, cuentas de email y calendario. Es gratuita.

Samsung Smart Switch

Samsung Smart Switch

Otras aplicaciones de fabricantes para transferir datos son Samsung Smart Switch Mobile o Xperia Transfer Mobile de Sony. Cada fabricante tiene la suya.

Atención con WhatsApp

En este servicio de mensajería debemos asegurarnos de usar la copia de seguridad de Google Drive, no solo la copia de seguridad local. Al migrar nuestra información de equipo en desuso a uno nuevo, la app se descargará, pero deberemos hacer log in de nuestros datos.

Para guardar copias de seguridad en Google Drive, se necesita una cuenta de Google activa en el teléfono, la app Google Play Services instalada (disponible para Android 2.3.4 y posterior), y espacio suficiente en el móvil para crear la copia de seguridad.

El usuario puede elegir cómo hacer su back up

El usuario puede elegir cómo hacer su back up

Para guardar los chats en Drive, hay que ingresar a Ajustes / Chats / Copia de seguridad. Hay que elegir la opción Guardar en Google Drive y seleccionar la frecuencia con la que se desea que se guarden las copias de seguridad (nunca, “solo cuando toco back up”, diariamente, semanalmente o mensualmente).

Según informa WhatsApp en su sitio oficial, a partir del 12 de noviembre de 2018, las copias de seguridad ya serán incluídas dentro de la cuota de almacenamiento de Google Drive.

Además, las copias de seguridad de WhatsApp que no hayan sido actualizadas por más de un año serán eliminadas automáticamente del almacenamiento de Google Drive. Por eso, recomiendan hacer una copia de seguridad manualmente antes del 12 de noviembre de 2018.

Es posible guardar mensajes y archivos multimedia en Google Drive. Para la transferencia es recomendable estar conectado a una red wifi.

Copia de seguridad y restablecimiento

Copia de seguridad y restablecimiento

Copia de seguridad y restablecimiento

Al cambiar de smartphone pero no de sistema operativo, es necesario tener activada la opción de “Copia de seguridad y restablecimiento”. Así, al introducir nuestra cuenta en el smartphone, se descargarán automáticamente las apps instaladas con sus ajustes, además de otras configuraciones personales como contraseñas.

Hoy, la mayoría de los teléfonos permiten migrar la información sin obstáculos y la configuración (y  cada interfaz) se ha simplificado. El equipo brinda la opción de hacerla como “nueva” o simplemente “restaurar” la copia de seguridad existente.

Es importante saber, además, que, al migrar de un equipo a otro, no se pierde la información, sino que se duplica. Además, siempre es posible hacer un back up previo a la PC.

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Acusan a Facebook de haber inflado las métricas de sus videos hasta un 900% y de defraudar a los anunciantes

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Una nueva denuncia presentada en California contra la empresa de Zuckerberg sacude al ámbito publicitario. Cómo las métricas falsas de Facebook afectaron a los contenidos digitales

El dueño de Facebook otra vez en el medio de la polémica. (Reuters)
El dueño de Facebook otra vez en el medio de la polémica. (Reuters)

Según una queja presentada este martes en un tribunal del Distrito Norte de California, Facebook descubrió en 2015 que las métricas de sus videos diferían con los números presentados en público, pero no corrigió hasta un año después su error y avanzó con la promoción del “gran alcance” de ese formato. Por eso, un grupo de agencias de marketing digital sumó ahora, a la denuncia original de tergiversaciones, reclamos por fraude y daños, que vuelve a señalar a Facebook por haber inflado las estadísticas, justo cuando la empresa estaba tratando de recuperar la confianza pública después de que se revelara que la información personal de sus usuarios quedó expuesta por ataques informáticos.

En septiembre de 2016, Facebook reconoció que había sobrestimado los promedios de visualización de anuncios en video en un margen de error que iba del 60% al 80% durante dos años. Pero ahora los demandantes aseguran que ese porcentaje fue mucho mayor: el tiempo de avisos vistos en video fue inflado entre un 150 y un 900%, sostienen en base a documentación interna de la empresa adjunta en la causa. Facebook argumenta que la denuncia carece de fundamento para que se lo acuse de estafa, porque comunicaron el error a los clientes y actualizaron su “centro de ayuda” para explicar el tema.

“Si Facebook hubiera corregido de inmediato su cálculo, los anunciantes habrían visto una repentina caída de sus videos”, explica en la presentación de la demanda la agencia Crowd Siren y deduce: “Sería menos probable que los anunciantes siguieran contratando publicidad en videos de Facebook”.

Más allá de los reclamos indemnizatorios (no se comunicó la cifra), este nuevo frente judicial para Facebook trasciende la cuestión económica y podría abrir nuevos debates en el mundo de los contenidos y las estrategias llevadas a cabo por empresas de medios de comunicación, basadas en el error admitido por el creador de la red, Mark Zuckerberg, pero demasiado tarde.

Desde 2015, cuando según la demanda, Facebook ya sabía que estaba inflando las cifras de videos, muchas empresas de medios de comunicación en los Estados Unidos y en el resto del mundo trataron de enfocarse en la producción audiovisual, maravillados por las impactantes estadísticas que publicitaba el propio Facebook. Discurso que también se propagaba desde universidades, organizaciones periodísticas y congresos del sector, muchas veces esponsorizados por la empresa de Zuckerberg. Además, como el 80% del mercado publicitario había quedado en manos de Facebook y Google, los empresarios de nuevos medios e incluso de medios tradicionales, creyeron que la producción de videos sanearía a sus emprendimientos si giraban hacia esa tabla de salvación. Hasta se popularizó un verbo: pivotear hacia el video.

La confusión establecida por las métricas infladas de Facebook repercutió en profundos cambios en el negocio de los medios e influyó en los contenidos a nivel global. Los equipos comerciales y las agencias de marketing (como las que ahora demandan en California) pedían más videos por las exigencias de los anunciantes, seducidos por el discurso de la red social, a la vez que la venta de esa publicidad era cada vez más barata porque Facebook y Google bajaban el costo a precios irrisorios gracias a su escala.

En las redacciones comenzó a dejarse de lado las historias largas, las investigaciones y las opiniones a cambio de “videos como los de Facebook”. En los Estados Unidos se despidieron equipos enteros de periodistas para reemplazarlos por especialistas en videos. El extremo lo marcó el sitio NowThis que anunció en 2015 que dejaría de tener su propia página y que solo publicaría sus clips de noticias en las plataformas de redes sociales. Medios como Mic, Mashable y Vocativ encabezaron ese movimiento junto con Buzzfeed, el sitio de entretenimientos que había crecido gracias a sus videos en Facebook. Y hacia ese lugar también enfocaron medios tradicionales que conformaron equipos de video de hasta 100 personas. Pero la ilusión duró poco.

Pese a que los nuevos y los viejos jugadores contaban con herramientas de medición en sus propios sitios desde hacía varios años, confiaron más en las estadísticas infladas de Facebook que en sus propios números. El interés de los usuarios por los videos siempre fue escaso, en especial en los sitios de noticias. Por cuestiones de comodidad y rapidez, el texto sigue teniendo la prioridad de los visitantes y esa tendencia nunca cambió en los últimos años pese a la campaña de Facebook en contrario. Los textos bien trabajados, con contenidos originales, las buenas historias y los artículos de servicios siguen siendo los grandes fidelizadores de la audiencia.Y agigantan su convocatoria si incluyen el video oportuno: un gol, un evento histórico o un aterrizaje de emergencia tiene asegurado el éxito de visualizaciones. Pero no todo contenido merece un video, como pregonaban los equipos de marketing de Facebook. Las métricas comenzaron a abofetear a los editores de noticias: los videos más vistos eran los de comidas.

En 2017, tanto Buzzfeed como Vice no alcanzaron los objetivos previstos pese al optimismo de los videos sociales. NowThis e Insider volvieron a tener páginas de inicio, luego de haber caído en la cuenta que el contenido propio distribuido solo en las plataformas sociales no era negocio.

Buzzfeed despidió al 8% de su personal y Mashable hizo lo mismo, tras haber reestructurado todos los productos y equipos para centrarse en video. En pocos meses, varias compañías de medios se dieron cuenta del error cometido. Vox Media, tomado como un caso líder en innovación y manejo de audiencias, también cayó en el tsunami de “pivotear” hacia el video.

La demanda que se reactivó este martes en California tal vez vuelva a impactar en la cultura digital global, si por fin se aclara que el boom de videos que se pregonaba desde hace tres años no es tal. Mientras tanto Facebook intenta aminorar los impactos con movidas que incluso llegan hasta la Argentina. El mismo día que se agregaban nuevos cargos en la justicia de los Estados Unidos, Facebook anunciaba su asociación con el Centro Internacional para Periodistas y una inversión de 600.000 dólares para medios argentinos y chilenos “con el fin de alentar la exploración de proyectos de estrategia de video digital”. Entre los asesores de la iniciativa se encuentra Julián Gallo, director de Estrategia de Redes del gobierno argentino, conocido por su crítica hacia los medios y en comunicar la gestión gubernamental solo a través de las redes sociales.

En muchos casos, la información que circula por la industria de los contenidos puede provocar confusiones si se la toma aislada. A principios de octubre se supo que la descarga de contenido audiovisual (videos, series y películas) es un 58% del tráfico de descargas en todo internet. Solo Netflix consume una cuarta parte de esos datos, según un estudio de Sandvine, especialista en la gestión de ancho de banda. Pero el fenómeno Netflix no puede ser replicado con videos que los usuarios no tienen ganas de ver.

Aunque pareciera haber una toma de conciencia de los editores alrededor del mundo, aún no todos tienen en claro que las estrategias de largo plazo no pueden basarse en los caprichos de una o dos plataformas, por más exitosas que sean. Para los sitios de noticias y los medios tradicionales tal vez el debate que se termina de destapar con esta denuncia contra Facebook sirva para volver a confiar en las propias fuerzas, estudiar sus propias métricas y encarar el negocio sin creer en fórmulas mágicas que por lo general son ajenas y, muchas veces, mentirosas.

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