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Economia

Devaluación, punto de inflexión en paritarias y el posible shock monetario

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Primer round del 2018: ajuste salarial y un nuevo sendero inflacionario. Peronia despliega una interminable góndola de facetas alternantes, todas en apariencia muy disímiles, pero recurrentemente idénticas en la inexorable defensa de un populismo al cual no sabemos, ni podemos, ni queremos, ni intentamos, desafiar.

Algunos personajes de este safari tan autóctono que supimos construir cumplen el rol de sindicalistas, otros de políticos, empresarios, encuestadores, manosantas, religiosos, deportistas, rockeros, hasta tenemos piqueteros subsidiados con impuestos del sector privado, en nuestra exquisita fauna doméstica.

Cada faceta incluso, tiene durante el año, su momento de gloria. Diciembre por ejemplo, es el tiempo sagrado de los mega-piquetes, período del año en donde este grupo intenta maximizar el nivel de subsidios obtenidos desde el estado y que financiamos el resto de los contribuyentes. Febrero y marzo, son los meses más calientes del año y no lo digo por el verano, es el gran turno de la pulseada en paritarias, evento que tiene una enorme influencia en dos frentes. Primero, sus resultados afectan las expectativas inflacionarias para el resto del año. Segundo, son una expresión del poder sindical, marcándole la cancha a un oficialismo que si bien es populista, no viene de la raíz peronista.

Una ostentosa clase sindical dice “defender” a una empobrecida clase obrera, aspecto que sería cuestionado en una sociedad normal pero que sin embargo, resulta resignadamente aceptado bajo los estándares de nuestro confundido principado. Y en este contexto, sumado a una mayor incertidumbre de nuestra política monetaria, me pregunto cuánto tiempo le queda a un dólar coqueteando en 20 que estaría planchado sólo para frenar la temperatura de una negociación salarial que sería durísima.

Resulta aparente que la política monetaria dejaría de ser lo que venía siendo y si bien tenemos todavía a un BCRA con una meta inflacionaria del 15%, todo parecería apuntar a que la inflación para el 2018 estaría muy por encima de dicho nivel. Es posible imaginar un nuevo equilibrio con un peso devaluándose relativamente más rápido, tasas nominales bajando más fuerte y una inflación recuperando fuerzas. No descarto incluso, la probabilidad de un shock monetario a partir de abril y un contundente cambio de política monetaria. De esta forma, el 2018 bien podría ser un año para navegarlo dolarizado en bonos argentinos de duration media, más aun con el castigo en paridad que han tenido durante enero, olvidándonos de la Lebacs, dulce instrumento de devengamiento mientras estábamos comprometidos en una lucha antiinflacionaria que ya fue y confiábamos en el peso como reserva de valor.

Junto a mis suscriptores hemos dolarizado cartera desde niveles de 17.30 a inicios de diciembre 2017 y si bien en el cortísimo plazo hemos rotado posiciones aprovechando la volatilidad cambiaria, mi visión estructural de caras a un 2018 que promete ser picante se mantuvo invariable: el gobierno apunta a un dólar relativamente más alto, por lo que es razonable imaginar a la moneda norteamericana ganándole a las Lebacs durante el transcurso del año. ¿Se animará el dólar a picar en punta después de paritarias y a ganar velocidad?

¿Nueva tríada nominal y un largo adiós a las Lebacs? Si bien el peso se devaluó 16% desde inicios de diciembre 2017, este experimento cambiario está plenamente bajo el control del gobierno y corresponde a una convicción de que un entorno de dólar más alto, tasas más bajas e inflación creciente redundaría en un equilibrio superador al del 2017, diagnóstico con el cual no podría coincidir menos. Lo cierto es que a pesar de los innumerables problemas no resueltos de este país y suponiendo un mercado global razonablemente estable, no hay un solo drama para la Argentina del 2018 y 2019. Peronia se maquillará convenientemente para lo que será una cómoda victoria del presidente Macri en las presidenciales del 2019.

Sin embargo, tengo la sensación de que el equilibrio monetario será totalmente diferente relativo a lo observado en 2017, con sustanciales consecuencias para carteras de inversión. Los anuncios de fines de diciembre parecerían haberlo cambiado todo, aun cuando todavía muchos juegan a que aquí no ha pasado nada obviamente, primero hay que cerrar paritarias. Incluso la parte larga de la curva argentina gapeó 60 puntos básicos relativo a Brasil a partir de dicho evento, describiendo a un mercado internacional que parecería no estar comprando bonos argentinos con el despreocupado amor de antes. Utilizar para clientes el mismo paradigma del año anterior puede resultar en un grave error de juicio y con esto me refiero principalmente al “devengamiento en piloto automático de las Lebacs”, subestimando la dinámica del dólar.

¿Serán las paritarias un punto de inflexión cambiaria? Me pregunto si después de paritarias no se viene un movimiento más rápido del billete. Me pregunto si el dólar no le ganará a todo instrumento de renta fija a tasa nominal en pesos. Me pregunto por qué piensan en el gobierno que llevar a nuestra economía a un nuevo equilibrio nominal de mayor inflación, dólar más alto y tasas nominales más bajas, sería lo correcto. Si lo que se persigue es el fortalecimiento de un anémico rebote económico que no sería ni tan fuerte, ni tan duradero como esperábamos, en especial frente a un mundo que sube tasas, me permito recordar que el equilibrio real de una economía no se altera cambiando variables nominales por lo que culminaríamos como cuando empezamos: la mayor inflación se devoraría cualquier avance.

Parecería que ésta es una recurrente característica de nuestro gradualismo; después de todo, siempre culminamos en el mismo y frustrante punto de partida. En el corto plazo sin embargo, este nuevo equilibrio generaría un cambio importante en la dinámica del dólar. A diferencia del 2017 en donde lo veíamos dormido, despertándose de vez en cuando, consumiendo por ventanas angostas gran parte del devengamiento en Lebacs, el 2018 sería caracterizado por un dólar muy de la mano con la inflación y hasta ganándole. La clave del 2017 era tener Lebacs y esquivar los esporádicos saltos cambiarios, lo cual bien podría no funcionar en 2018 porque al ser el movimiento del dólar más gradual, no habría saltos.

El devengamiento en pesos quedaría neutralizado por la devaluación, desalentando la demanda por Lebacs y propiciando una fuerte rotación de portafolio. Entonces, se emigraría de tasas en pesos hacia el dólar, generando un efecto stock que finalmente lograría un tipo de cambio más alto, alineándose con los renovados objetivos del gobierno. Sin embargo, tiempo más tarde, veríamos un rebrote inflacionario que cancelaría toda ganancia de competitividad obtenida por la vía cambiaria, un clásico argentino. Con devaluación gradual, los instrumentos en pesos devengando tasa parecerían no tener el atractivo del 2017. Enfrentar un 2018 dolarizados tendría sentido: uno podría llevarse la devaluación más la eventual recuperación en la paridad dólar para bonos de duration media. Las Lebacs, frente a esta nueva tríada nominal simplemente, dejaron de gustarme.

Mirando el árbol, bicho bolita: se fue el cisne negro pero permanece la preocupación por la suba de tasas. Si bien ya pasó uno de los cisnes negros más violentos de la historia de Wall Street, la preocupación con la que cerré la semana pasada sigue intacta: costo de fondeo subiendo, un mercado financiero global muy apalancado y una tasa de diez años que ya recuperó aproximadamente los niveles pre-cisne negro del 2.85%. Esta historia de un costo de apalancamiento más elevado frente a un mercado global ahora con dudas y que viene subiendo imparablemente desde marzo del 2009, bien podría dominar los próximos meses y hasta todo el 2018, convirtiéndose en el principal motor de los activos de riesgo y anticipando una historia que lejos estaría de ser lo optimista que fue para el 2017. Si bien otro cisne negro en el futuro inmediato sería improbable, no descarto semanas de incertidumbre y alternancia entre agresivos positivos y negativos en especial, frente a un nuevo presidente de la Reserva Federal.

No es un detalle trivial sugerir que por primera vez desde hace año y medio, el mercado global se haya quedado sin tendencia y con muchas dudas. Por eso, mi estómago me cruje hacia una posición total de cartera bastante más protectiva a la espera de la finalización de una corrección global que seguramente dará oportunidades. Bicho bolita, respirando un poco y descansando de lo que fue un inicio de año sumamente adrenalínico desde la inesperada conferencia de prensa del 28/12/17 que instauró una permanente incertidumbre para el dólar, más el histórico crash internacional del pasado lunes. Tengo la sensación de que se viene, para mercados internacionales y además para la Argentina en particular, un año mucho más difícil que el 2017.

Protección ante un frente local e internacional. La posición de Bonar 24 cumpliría un rol dual. Primero, si el contexto internacional entra en fase volátil y sin tendencia, es un activo que soportaría muy bien el embate, aún con alguna pérdida. Segundo, cada día me convence más la noción de que el dólar en Argentina va a picar en punta comiéndose a las Lebacs. No descarto que nos espere un deterioro lento pero implacable de nuestros principales indicadores macroeconómicos a lo largo de los próximos años, aun en el contexto de un rebote de la economía real con altas chances de ser en el mejor de los casos, efímero y de baja calidad, a puro shock de consumo, gasto público, endeudamiento y ausencia de inversión. No haber hecho los deberes iniciales complicará ineludiblemente toda la dinámica macroeconómica hacia el futuro y lo venimos viendo desde mediados del 2016 con el primer rebote esperado que finalmente, no se dio.

Nada es gratis en economía, nada es mágico en economía. Hacer lo mismo de siempre, con la expectativa de obtener resultados diferentes, bien puede funcionar en una película de ciencia ficción de Spielberg, pero rara vez en nuestra inefable Peronia.

 

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Una rebaja en el IVA que alarma a los productores de carne porcina

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La reforma tributaria que impulsó Cambiemos, y que se aprobó a finales de 2017, fue tapa de todos los diarios, entre otras cosas, por las idas y vueltas que hubo en torno a los impuestos a las bebidas azucaradas, al vino y a la cerveza. Pero hubo algo que pasó desapercibido, y que sí tuvo luz verde, fue equiparar la presión tributaria de IVA en las tres carnes líderes de la Argentina (cerdo, aviar y vacuna).

Esto significó una reducción a 10,5% de la tasa que grava la producción y comercialización de carnes de cerdo y aviar (que antes era del 21%). Los motivos que impulsaron esta baja fueron dos. Por un lado, los elevados niveles de informalidad que se registran en el sector. Por otro, promover el consumo local puesto que esta medida implicaría una baja en los precios.

Un informe difundido por la Fundación Mediterránea-Ieral, y que tiene como coautores a Juan Manuel Garzón y Valentina Rossetti, advierte sobre la preocupación que existe en las granjas porcinas. Esto tiene que ver con la posibilidad de que se presenten saldos técnicos a favor de los contribuyentes en forma permanente en este impuesto, por la presencia de alícuotas diferenciales (mayores en las compras que en las ventas).

Así, se advierte que: “El hecho que los saldos técnicos se reduzcan en forma significativa expone al sector a quedar con saldos sin recuperar (quizás durante varios meses) en ciclos de márgenes ajustados o negativos, los que seguramente se presentarán en el futuro”, tal como ocurrió en el primer semestre de 2016.

Para evitar este escenario, en la fundación proponen: “Acompañar la medida con un esquema que garantice el recupero del IVA inversiones en un plazo razonable, ya sea mediante créditos fiscales contra otros impuestos, certificados transferibles, devoluciones de fondos y/o cualquier otro mecanismo que logre que los inversores se hagan rápidamente de estos fondos y reduzcan el costo financiero asociado al pago del IVA”.

¿Cómo se llegó a esta conclusión?

Garzón y Rossetti presentaron un documento en el que se analizaron los saldos técnicos determinando la posición del IVA en dos sistemas intensivos de producción (250 madres y 500 madres), “con información provista por actores del mercado (costos, precios) para el período octubre 2016 -setiembre 2017 (12 meses), en la situación tributaria actual y en el escenario hipotético de reducción del IVA al 10,5%”.

Según el informe, en la granja de 250 madres se suponen parámetros bajos de eficiencia (2563 kilos por madre año), mientras que en la de 500 madres se estiman parámetros altos (3536 kilos por madre año). Al mismo tiempo, en el texto que se titula ¿Puede generar problemas la baja del IVA en las granjas de cerdo? se plantean tres casos posibles vinculados a la obtención del alimento.

Los resultados indicaron que: “La baja del IVA a la producción y comercialización de cerdos (10,5%) habría reducido los saldos técnicos, aunque estos habrían seguido siendo positivos en cinco de los seis ‘tipos’ de granjas analizadas”, al tiempo que agregan: “Solo en uno de los casos el cambio tributario habría dejado los saldos técnicos en negativo (a favor del contribuyente), esto habría sucedido en la granja de menor productividad (250 madres, 2563 kilos madre año) y en la situación donde esta se provee completamente del alimento vía el mercado (por ende, a un costo mayor de IVA)”.

Para concluir, los autores aclaran que en el análisis no tuvieron en cuenta el IVA pagado en inversiones, y que aún está pendiente de recuperación, excepto el vinculado a la genética y los reproductores. “Aquellas granjas que tengan todavía IVA por recuperar vinculado a instalaciones, equipamiento, demorarán bajo el esquema de alícuota reducida más tiempo en hacerse de estos recursos, siendo esto un problema en un contexto de inflación, elevado costo financiero y ausencia de ajuste de los adelantos realizados al fisco”, concluyen.

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Gobierno de Chubut le quitará la concesión de dos áreas petroleras a YPF

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El Gobierno de Chubut arremetió contra YPF y anunció que le quitará la concesión a la petrolera sobre dos áreas de explotación. La decisión fue comunicada por el mandatario en el acto central por el 117º Aniversario de Comodoro Rivadavia.

Los distintos medios de comunicación de la provincia se hicieron eco de las declaraciones del Gobernador, Mariano Arcioni. “Ya le di las instrucciones al ministro de Hidrocarburos, porque en esas áreas deben 200 millones de inversión y no tienen ni a un solo trabajador” indicó el mandatario según lo cita el diario Jornada.

“Que hoy la empresa emblemática del país, de la Provincia, de Comodoro, no nos esté acompañado no es solamente un revés para las autoridades sino también para todos los ypefianos que han dado durante décadas lo mejor de sí para el crecimiento de Comodoro, la Provincia y el país”, afirmó.

“Le quiero decir a YPF, a los comodorenses, a la provincia del Chubut, que la Provincia sí tiene una deuda con YPF pero ellos tienen una deuda aun mayor con nosotros”, dijo Arcioni y agregó: “He dado las instrucciones al ministro de Hidrocarburos, Martín Cerdá, para revertir dos áreas de YPF, en las cuales deben 200 millones de inversión y no tienen a un trabajador”.

“Hoy más que nunca necesitamos dar trabajo, acompañar a la Provincia y a Comodoro, por eso las instrucciones ya están dadas”, remarcó.

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Dujovne sobre el dólar: “El movimiento no ha sido demasiado fuerte”

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El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, defendió hoy en Madrid el tipo de cambio flotante y afirmó que “el movimiento del peso no ha sido demasiado fuerte” desde principios de año.

“Argentina tiene un tipo de cambio flotante, el movimiento el peso no ha sido demasiado fuerte, pero los argentinos no estamos acostumbrados a que la moneda flote”, dijo Dujovne consultado por la prensa en Madrid acerca de la depreciación que sufrió la moneda.

“Pensamos que Argentina hoy tiene fundamentos sólidos para que la volatilidad de la moneda sea relativamente baja”, añadió.

“La cotización fluctúa de acuerdo a diversos factores, y nos sentimos cómodos con el esquema”, subrayó el ministro de Hacienda, apoyando la política monetaria del Banco Central.

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