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Albright: “El sector privado debería participar en la ONU y no ser sólo observador”

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Madeleine Albright fue la canciller del presidente de Estados Unidos, Bill Clinton (1997-2001), en una etapa en la que la democracia liberal y el régimen multilateral eran valores indiscutibles en Occidente. Hoy advierte que esos paradigmas cambiaron. También fue embajadora de la ONU, en representación de su país, y atenta a cómo funcionan estas organizaciones, reclama reformas en la ONU y tiene esperanzas en que posibles cambios salgan del G20 que presidirá Argentina en 2018. De visita en Buenos Aires para participar del Atlantic Council, le concedió una entrevista exclusiva a El Cronista.

Usted dijo en los 90 que Estados Unidos está por encima y mira hasta más lejos que el resto de las naciones. ¿Podría decir esa misma frase hoy?

No. Creo que Estados Unidos está retrocediendo y lo creo desafortunado porque realmente pienso que necesita involucrarse internacionalmente. Y cuando el presidente Bill Clinton y yo dijimos que la nuestra era una “nación indispensable” no hay nada del término “indispensable” que signifique aislamiento. Nosotros veíamos las estructuras institucionales como una manera de trabajar entre pares.

¿Qué tan débil es el multilateralismo hoy?

Es un tema clave porque los problemas de hoy son la proliferación nuclear, la pobreza, la difusión de enfermedades, la migración y el cambio climático. No hace falta ser científico para darte cuenta que necesita un abordaje multilateral, más allá de cuán fuerte sea Estados Unidos. No podemos manejar estos temas solos. El multilateralismo debe existir para solucionar problemas. Me preocupa el hecho de que Estados Unidos no se involucre lo suficiente para resolver estos temas en organizaciones multilaterales.

¿Este G20 tiene el desafío de reformar estas instituciones multilaterales?

Argentina tiene una gran chance y creo que el G20 tiene la oportunidad de mirar hacia adelante y discutir sobra la manera en que operan estas instituciones. Noto que Argentina está más involucrada en los principales ejes del hemisferio occidental.

¿Cree que las naciones no están tan comprometidas con la democracia liberal como en los 90?

Creo que hay mucha discusión alrededor de qué está pasando con el sistema liberal. ¿La democracia puede dar respuesta a las demandas actuales? Tengo que reconocer que estoy motivada con lo que está ocurriendo en Argentina, con el paso que dieron con este gobierno. Pero hay una discusión en el mundo si el sistema internacional está funcionando bien y especialmente en relación a los efectos de la globalización que tiene sus lados negativos. Muchos fuimos obviamente beneficiados por la globalización. Pero este proceso tuvo su desventaja porque la globalización es apátrida y la gente quiere saber cuál es su identidad. Otra ventaja y desventaja de la globalización: el avance de la tecnología. Por ejemplo, ayuda a una mujer en Kenia a pagar sus cuentas con un solo llamado, pero al mismo tiempo aísla y desagrega las voces de la gente.

¿De qué manera, un país como Argentina, puede beneficiarse de la globalización y de estas formas de gobernanza?

Creo que hacen falta incluir más reglas en la gobernanza global pero no pueden ser impuestas por un solo país. Hay muchas discusiones sobre cómo hacer para que nuevas reglas funcionen para atraer inversiones, o para mejorar la relación de los gobiernos con los ciudadanos. También discutimos mucho sobre la soberanía de los países. Pero hay temas clave que no conocen de soberanía, como el cambio climático y la pobreza. Realmente creo que el G20 tiene muchas posibilidades de crear nuevas reglas globales pero tienen que ser aceptadas por todos los países, tiene que haber un consenso.

¿Acaso el G20 debería ocupar el rol de la ONU?

No. Pero es interesante ver con qué voces la comunidad internacional empieza a dialogar y cuál es la organización que absorbe todo esto. La ONU necesita ayuda, no hay duda. Yo adoro haber formado parte de la ONU pero hay ciertas cosas de la organización que deben ser reformadas.

En 2011, durante una entrevista usted dijo que pondría a “algunas corporaciones multinacionales dentro de las organizaciones internacionales porque su participación en situaciones internacionales es demasiado grande”. ¿Todavía lo sostiene?

Sí, y me apego a eso. Es algo que vengo pensando hace tiempo. Le pedimos a las grandes corporaciones internacionales demasiado seguido que se hagan cargo de algunos desafíos en términos económicos o inversiones y ellos no tienen un lugar en la mesa de decisiones. Pienso en esos aspectos. Hay corporaciones que tienen un presupuesto más grande que Lituania, por ejemplo, que tiene más posibilidades de participar en el Consejo de Seguridad de la ONU. Pienso mucho en la cooperación entre el sector público y el sector privado. El sector privado está en todo el mundo y tiene que aprender a ser mejor para entender lo que necesita el país en el que está invirtiendo. Pero al mismo tiempo necesita ser vistos como actor en el sistema internacional así tienen posibilidades de decir algo antes de que las cosas pasen. Ellos forman parte de algunos encuentros pero no son parte del proceso de toma de decisiones. Para mi es interesante que el G20 tenga un B20 (reunión de empresarios) y el T20 (nuclea a los Think Tanks). Pero creo que podemos darle más participación al sector privado.

¿También en la ONU?

Tal vez en la ONU, también debería el sector privado participar en reuniones, y no ser sólo observador. Que sean capaces de tomar decisiones. Realmente creo que estamos viviendo una era diferente y no podemos tener estas “vacas sagradas” que no cambian.

¿Qué preocupa más: el presidente ruso Vladimir Putin interviniendo en conflictos internacionales o Corea del Norte?

Son diferentes. Corea del Norte me preocupa mucho porque obviamente cuando tenés un país que está probando su potencialidad nuclear y nosotros no estamos al tanto de cómo funciona ni si puede haber un accidente.

¿Es acertada la estrategia de Trump o genera más peligro?

El problema es que hay mucha gente escuchándolo a Trump. Incluido en Pyongyang (Corea del Norte). Entonces tenés un emisor y un receptor. Y creo que no sabemos demasiado qué piensa el receptor de los mensajes de Trump. Yo no puedo decirles si Trump habla en serio o son puras amenazas. Es algo que Kim Jong-un (líder de Corea del Norte) tendrá que averiguar. Y es por esto que pienso que la ONU debería tener más participación en este caso.

¿Cuán probable es una guerra entre EE.UU. y China?

Mmm… No creo que sea probable realmente. Lo que sí creo es que al Sistema internacional no le gusta el vacío de poder. Si Estados Unidos retrocede, China avanza. Y eso es lo que estamos viendo en todos lados. Primero, ellos están invirtiendo en países. Segundo, me resulta muy extraño que de repente China sea el líder de la lucha por el cambio climático. No se si fueron a Beijing, pero no se puede ni respirar en esa ciudad. A su vez, las declaraciones del presidente chino Xi-Jinping en la cumbre de Davos (a favor del sistema multilateral) representan todos los pasos que toma una potencia en ascenso. Pero lo que más me preocupa es un accidente en el Mar del Sudeste chino. La pregunta es si hay algún modo de asegurar que si ocurre un accidente allí no derive en algo más grande.

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Qué es la generación Windrush, los caribeños que llegaron para reconstruir Reino Unido tras la Segunda Guerra Mundial

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Miles de edificios habían sido bombardeados y centenares de viviendas debían ser reconstruidas. Era 1948 y Reino Unido apenas comenzaba a reponerse de los efectos de la Segunda Guerra Mundial.

En este contexto de recuperación, había muchos trabajos por hacer y una gran necesidad de mano de obra en el país.

Por ello, miles de ciudadanos de países del Caribe como Jamaica, Barbados, Guyana o Trinidad y Tobago —que permanecían entonces bajo dominio británico— respondieron a un llamado en el que se ofrecía empleo y una nueva vida en Reino Unido.

Muchos llegaron al país siendo niños entre las décadas de 1950 y 1970. La mayoría no regresó nunca a sus lugares de origen.

Es la conocida como “generación Windrush”. Ahora, tras décadas de vida en Reino Unido, cientos de ellos temen ser deportados.

El motivo es la falta de documentación oficial que, en muchos casos, acredita su llegada y su permiso para quedarse tras la publicación del Acta de Inmigración de 1971, que autorizaba la permanencia de los ciudadanos de países de la Commonwealth que vivían ya en Reino Unido.

Los países y territorios de América en los que aún reina Isabel II
El gobierno no conservó un registro de las personas que recibieron la autorización, por lo que para muchos de los miembros de la generación Windrush es difícil demostrar que están en el país de manera legal.

Algunos, de hecho, nunca llegaron a tramitar su pasaporte de Reino Unido porque siempre se consideraron británicos, dado que sus países aún eran colonias no independientes de Londres.

Después de que la prensa británica sacara a la luz varios casos de personas que estaban siendo amenazadas con ser deportadas, la polémica llegó al parlamento británico y la primera ministra británica, Theresa May, se disculpó este martes ante los líderes de países del Caribe en una reunión de la Commonwealth en Londres.

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Del cloro al novichok: ¿cómo surgieron y dónde se siguen usando las armas químicas?

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El supuesto ataque con cloro del pasado 7 de abril contra la población civil en Duma, en el este de Damasco, volvió a despertar un fantasma que desde hace más de un siglo la sociedad ha querido enterrar: las armas químicas.

Las armas químicas tuvieron su debut en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) con consecuencias tan devastadoras y una reacción de repugnancia tan grande por parte del público en general, que la comunidad internacional resolvió prohibirlas.

Prontose convirtieron en un tabú, pero no fue hasta 1997 que entró en vigor una convención para su eliminación que fue ratificada por las potencias mundiales y varios otros países.

Aunque, en realidad, nunca desaparecieron. Su uso se ha comprobado en varios conflictos internacionales y desde el inicio de la guerra civil en Siria, en 2011, se ha visto un uso tan frecuente que muchos temen una nueva proliferación descontrolada.

La Primera Guerra Mundial es sinónimo de trincheras y también de armas químicas. Fueron utilizadas a gran escala, luego de su introducción en el conflicto por parte de las fuerzas alemanas en 1915.

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Muere a los 92 años Barbara Bush, esposa y madre de presidentes de Estados Unidos

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Barbara Bush, ex primera dama de Estados Unidos, murió este martes a los 92 años.

Bush fue esposa del republicano George H. W. Bush, presidente de EE.UU. entre 1989 y 1993, y madre de George W. Bush, mandatario de EE.UU., de 2001 a 2009.

Fue la única mujer estadounidense que vio a su esposo e hijo ocupar la silla presidencial de la Casa Blanca.

Otro de sus seis hijos, Jeb Bush, fue gobernador del estado de Florida, de 1999 hasta 2007, y candidato presidencial en las elecciones de 2016.

Un comunicado de la oficina de su marido describe a la señora Bush como “implacable defensora de la alfabetización familiar”.

Barbara Bush ya llevaba un tiempo luchando contra una enfermedad pulmonar crónica y con problemas cardiacos en los últimos años.

Su hijo, George W. Bush., fue presidente entre 2001 y 2009.
El domingo, decidió no recibir más tratamiento médico y fue trasladada a cuidados paliativos.

Dijo que quería pasar sus últimos días con su familia.

73 años de matrimonio
La ex primera dama no solo tuvo una larga vida, sino también un matrimonio que duró muchos años.

En enero de 2018, ella y su esposo celebraron su aniversario número 73.

George y Barbara Bush se casaron en 1945.
George H.W. Bush fue el presidente número 41 de Estados Unidos.
Pese a su estrecha relación con su marido, Barbara rechazó en el pasado que influyera de algún modo en su marido durante su etapa en la Casa Blanca.

“No me meto con su oficina y él no se mete con mi casa”, manifestó.

Después del mandato de su esposo, escribió el libro “Millie’s Book”, un repaso a su vida en la Casa Blanca desde la perspectiva de un perro.

La matriarca de los Bush destinó los fondos de la venta de la publicación a la Fundación Barbara Bush, su organización para promover la alfabetización.

Tras conocerse su fallecimiento, su hijo George W. Bush aseguró que su madre los “había hecho reír hasta el final”.

“Soy afortunado de que Barbara Bush fuera mi madre. Nuestra familia la extrañará mucho y les agradecemos a todos por sus oraciones y buenos deseos”, agregó.

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